Deportes | El personaje Damián Zamogilny sonríe ante la adversidad Perseveró, hasta consolidarse como un hombre de confianza en cualquier cancha que se parara. Por: EL INFORMADOR 11 de febrero de 2009 - 01:07 hs MÉXICO.- Si alguien puede decir que tuvo el camino difícil para triunfar, y se levantó de las peores adversidades, ese es Jorge Damián Zamogilny, contención de los Tecolotes de la Universidad Autónoma de Guadalajara, que llegó engañado al futbol mexicano, y perseveró, hasta consolidarse como un hombre de confianza en cualquier cancha que se parara. “El Ruso” nació en el barrio de Wilde, en Avellaneda, Argentina, el 5 de enero de 1980, y desde pequeño sabía que su pasión era el futbol, por lo que a la edad de cinco años ya entrenaba, y jugaba con niños más grandes que él, y que lo hicieron mejorar su juego a base de trato rudo. “Mi familia era de clase media-baja, si teníamos algunas carencias, pero nunca me faltaron mis zapatos de futbol, mis uniformes, me acuerdo que yo jugaba a los cinco, seis años, con chicos de nueve o 10, y de pronto sí me lastimaban, pero me hizo aprender a aguantar los golpes, muchos se sorprendían, porque yo era chiquito, entonces un vecino me llevó a jugar en un equipo, en la categoría de baby-futbol, fui a hacer una prueba, y desde ahí no he dejado de entrenar; en el baby-futbol me encontré con muchos jugadores increíbles, allí conocí a los hermanos Milito, con ellos jugué desde los 10 años, en la cancha conocí a muchos jugadores que hoy están en Europa, con los que luego me he encontrado”. Aunque fue subiendo por categorías, “El Ruso” confiesa que nunca debutó en la Primera División argentina, aunque estuvo presente en amistosos, y partidos no oficiales, y fue hasta llegar a México, cuando tuvo participación en el futbol del máximo circuito. “Sinceramente, nunca debuté oficialmente allá, jugué partidos amistosos, pero nunca hice mi debut en Argentina, aunque en algún momento estuve en el mismo equipo que Claudio Graf, que ahora es mi compañero en Tecos, después de tantos años, otro hombre que también estaba allí era Bruno Marioni, que juega en Atlas, y desde entonces, Claudio Graf ya era Claudio Graf, y para mí fue una influencia muy importante, justo hace unas semanas se lo conté, y él apenas y lo recordaba”. Tras no poder lograr su debut con Independiente, club en el que militó durante un año, recibió una oferta para venir a México, en el Club León, y sin pensarlo dos veces, decidió aventurarse, pues el ofrecimiento era atractivo económicamente, y quería subir de división, sin embargo, al llegar a México, las cosas no eran como las esperaba. “Yo tenía 20 años cuando recibí la oferta del León, al día siguiente de enterarme, salí rumbo a México, con planes de no volver a Argentina hasta haber triunfado en México, pero al llegar, me doy cuenta de que las plazas para extranjero ya están llenas, y que por no haber debutado en Argentina, nadie me conocía como para acomodarme en otro club, por lo que me quedo sin equipo, después de eso, jugué en Segunda División un par de años, en Querétaro, aunque no fui tomado en cuenta”. Encuentra maneras de sobrevivir Sin estudios universitarios, y con poco dinero, “El Ruso” empezó a buscar opciones para subsistir, pues aunque contaba con un boleto para regresar a Argentina, este lo guardó, como bandera, para recordarle que no debía volver a su hogar, hasta haber hecho cosas grandes en México. “Un día un amigo me llevó a jugar futbol amateur, y yo fui por no perder ritmo, por estar en buen nivel para las pruebas con equipos profesionales, pero para mi sorpresa, al final del juego me dieron 200 pesos, esos me los gasté en un café con mi novia, pero se empezó a hacer una costumbre, y de pronto estaba jugando tres o cuatro juegos a la semana, en todo el centro del País, y empecé a sobrevivir a base de esto”. El ingreso que Zamogilny recibía por jugar en la categoría amateur, no era suficiente, por lo que el argentino tuvo que encontrar opciones para seguir buscando un equipo profesional. “Me acuerdo que un día, conseguí trabajo en un negocio de carnes asadas, y como buen argentino, llegué con la fama del ‘asado argentino’, siendo que yo jamás había cocinado un asado, pero al final, me quedé con el trabajo; y muy contento fui a la casa de mi novia para decirle, pero ella no me dejó trabajar allí; entendía que ese trabajo me dejaría poco tiempo para entrenar, y si la idea era jugar de manera profesional, yo debía estar bien preparado para las pruebas”. “Buscando una opción, encontré que mi suegra tenía un negocio de imprenta, y me ofreció trabajar allí, con la propuesta de administrar mi tiempo, y permitirme seguir jugando a nivel amateur, aprendí muchísimo del negocio, desde rotulación, hasta impresión en ropa; fue un trabajo que me ayudó mucho”. Llega la oportunidad esperada Cada seis meses, el proceso de Jorge Zamogilny se repetía, el ir a probarse en cada equipo donde fuera posible, con fines de ser aceptado en una plaza de extranjero, pero durante tres años, las puertas estuvieron cerradas para el mediocampista. “Un día, me presentaron con José Luis Sánchez Solá, hice una prueba para él, pero no me aceptó, porque ya tenía a sus extranjeros, pero de último momento se le cayó uno de ellos, y se acordó de mí, por lo que me llamó para una última prueba, pero llegué tarde a la prueba, y pensé que ya me habían rechazado, pero para mi sorpresa, al llegar, no hice la prueba, llegué con “Chelís” y me dijo que ya estaba todo arreglado, que fuera a firmar el contrato, ese fue el día más feliz de mi vida, te juro que ni siquiera leí mi contrato, sólo firmé, sin preocuparme de nada más”. Desde entonces, Jorge Damián Zamogilny se fue convirtiendo en un hombre importante, no sólo para sus equipos, sino para el futbol mexicano, demostrando su sobrada capacidad dentro de la cancha, siempre moviéndose con inteligencia, y aportando al grupo. “El día que firmé, me di cuenta de que tenía 26 años, que había desperdiciado mucho tiempo, y que si quería triunfar, debía dejar todo en la cancha, en cada minuto, en cada juego, así que trabajé a mi máximo en cada partido, y aún hoy lo hago así, hoy tengo 29 años, y sé que soy un hombre grande para este deporte, pero mientras que mi cuerpo me dé, seguiré trabajando a fondo”. Desde su llegada al Puebla, en tan sólo un año fue nominado para el hombre más importante en su posición, aunque no pudo quedarse con el Balón de Oro, que al final se lo adjudicó José Damasceno “Tiba”; sin embargo, al llegar con la franja al máximo circuito, y tras su primer año en ese nivel, logró imponerse a Gerardo Torrado, y Eduardo Coudet, para quedarse con el galardón. Hace ya casi un año, “El Ruso” fue contratado por Tecos, con un arreglo muy importante para el jugador, y desde entonces se ha convertido en base importante del parado del equipo, y comenta, le acomoda la ciudad, por lo que piensa quedarse en Guadalajara, y seguir en plan grande con los universitarios. 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