Domingo, 12 de Octubre 2025
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Se venden tesoros

Así decía un letrero ostentosamente puesto al lado de la polvorienta brecha...

Por: EL INFORMADOR

Así decía un letrero ostentosamente puesto al lado de la polvorienta brecha -de las que me encantan- por donde se tenía que pasar para llegar a una hermosa y solitaria playita de ensueño, donde unos pescadores tiraban sus tarrallas contra las calmadas olas ya pintadas por el atardecer: unas veces de naranja, otras de verde y otras azules entre el gris acero del horizonte, otras más atrevidas lucían sus canas espumosas al vaivén de la marea.

Unas señoras más allá, comadreaban sus cuitas muchas veces remendadas, entre las interrupciones de varios chilapayates, que salpicándolas de arena corrían, gritaban y daban brincos a su alrededor tratando de aprender cosas de la vida.

En una enramada no muy lejos de la playa, un hombre muy bien puesto, bigotón y dicharachero, preparaba pescados zarandeados para un grupo de turistas pacientes y asoleados que -pies descalzos en la arena y estrellita helada entre las manos- esperaban sin apuros su ración del mar.

Walt Whitman con su “Canto a mi Mismo” le platicaba entre las páginas del libro las delicias de la simpleza de la vida, a una mujer de no mal ver que descansaba plácidamente sobre su enorme toalla sin ser distraída por persona alguna.

La vida así seguía transcurriendo con la sola insistencia del sonido de las olas y el grito de las gaviotas que peleaban con ahínco -lo mismo alimento que pareja- frente el horizonte ya pintado de los colores del sol que ya se iba, y de los pelícanos que ya volvían.

Sin embargo, el letrero aquel no dejaba de inquietarme; sobre todo por la leyenda que decía un poco más abajo y con letras brillantes … “lotes ideales para hoteles y desarrollos turísticos”.

Imaginé de inmediato un ostentoso caserón construido en la mera punta sobre la soberbia roca que adornaba la bahía. La brecha estaría ahora pavimentada a cuatro carriles. Un pomposo arco triunfal con caseta de vigilancia a la entrada. Tres edificios de quince pisos con enorme alberca “infinity pool” a mis espaldas. Lanchas, parachutes y bananas surcando el atardecer. La muñeca de la mano ceñida por una cinta amarilla, señal de “todo incluido” . Bocinas estridentes anunciando juegos y competencias. Vendedores de tours a los lugares ficticiamente arreglados, donde presumen que en una playa como ésta (ahora ya desaparecida) se filmó una película. Las estrellas, las reales, aquellos puntitos brillantes que están en el cielo, se esfumaron como por arte de magia con los reflectores de la playa. En fin; un lugar idéntico a cualquier otro, en cualquier parte del mundo de oropel que estamos creando.

Pero… ¿Y la playa? ¿Y la roca? ¿Y las olas? ¿Y los pelícanos? ¿Y las gaviotas? ¿Y el bigotón de los zarandeados? ¿Y el piso de arena? ¿Y las estrellas? ¿Y la brecha polvorienta? ¿Y los jaguares, pumas y venados? ¿Y los manglares? Nada… ya se fueron… quedaron pavimentados entre el concreto y la visión corta y egoísta de los “desarrolladores”.

Así destruimos una joya. Una joya de la naturaleza que nos fue prestada para ser disfrutada no sólo por nosotros en nuestra corta vida, sino también por nuestros hijos, nietos, bisnietos. Una joya que es imposible recuperar.

¡Se fue... ! Se fue y ya.
No existirá jamás una playa como ésta. Ni una brecha polvorienta. Ni el milagro de ver un jaguar o un venado. Ni donde buscar una paz en nuestro existir. Todo son prisas y afán por el “tener” olvidándonos del “existir”… existir en paz.

Es bueno recordar que si bien es muy importante la felicidad… más allá de la felicidad está la paz.

No. No me opongo a que se hagan las cosas; hay que entender que ya somos muchos en el planeta y todos buscamos nuestra satisfacción personal. Hay que hacer las cosas, pero entendiendo cuales de ellas son bellas e irrepetibles, y éstas… respetarlas y bien administrarlas para beneficio tanto nuestro como para los que vendrán más tarde.

Una tira “cómica” que apareció en EL INFORMADOR el jueves pasado dice mucho más que lo que quise aquí expresar; la comparto con ustedes con mis mejores deseos.

deviajesyaventuras@informador.com.mx

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