Jalisco | En tres patadas por Diego Petersen Farah El primer paso La Iglesia Católica enfrentó finalmente un asunto que venía creciendo de manera insospechada hasta que salió por las ventanas, y los naipes se derrumbaron Por: EL INFORMADOR 22 de marzo de 2010 - 05:04 hs El castillo de naipes que con tanto empeño se intentó mantener en pie, se derrumbó. La Iglesia Católica enfrentó finalmente un asunto que venía creciendo de manera insospechada hasta que salió por las ventanas, y los naipes se derrumbaron. Es cierto que siempre ha existido el problema de los abusos sexuales en la Iglesia; es cierto también, como lo sostuvo el cardenal y arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, que en otras instituciones militares y policiacas, y en escuelas públicas y privadas, el fenómeno es igual o mayor que en las iglesias, la Católica y otras. Pero también es cierto que el abuso sexual de menores es un delito y no sólo un pecado, y que durante mucho tiempo la Iglesia Católica quiso resolver sus problemas “intramuros” como si las leyes civiles de la sociedad en la que está inmersa no existieran. La solución, en Estados Unidos, en México o en Irlanda, era la misma: mover al sacerdote pederasta a otra parroquia y evitar el escándalo y la condena. El caso Marcial Maciel jugó un papel destacado en la caída del castillo de naipes. Protagónico, cercano al Vaticano como pocos, el derrumbe del sistema de mentiras del fundador de los Legionarios de Cristo arrastró consigo no sólo a la imagen de la orden, sino de toda la Iglesia. Vino después la rueda de prensa (la semana pasada) en la que el cardenal tapatío abordó el tema y reconoció la existencia de sacerdotes que habían cometido el delito de paidofilia. Días después se confirmó que en algunos casos ya existía denuncia penal contra esas personas; es un cambio radical en el discurso y un paso importante para enfrentar el problema. Pero este reconocimiento por parte del Arzobispado de Guadalajara no es un hecho aislado, se da en el contexto de la emisión de un carta pastoral del Papa Benedicto XVI a los obispos de Irlanda, donde, por primera vez, se aborda el tema desde la cúpula de la Iglesia Católica, sin eufemismos. Reconoce que la Iglesia fue sorda ante la denuncias, “nadie quería escuchar” dice el Papa, y es comprensible que ahora les sea difícil perdonar o reconciliarse con la Iglesia. Los pederastas, continúa Benedicto XVI, “deben responder de ello ante Dios y ante los tribunales debidamente constituidos”. El cambio de discurso, el reconocimiento de la existencia del problema, es el primer paso para resolverlo, porque aunque ha estallado en diferentes magnitudes y en diferentes momentos, es universal. La Iglesia Católica no puede asegurar, como no puede hacerlo ninguna iglesia ni ninguna institución educativa, que no habrá abusos. Lo que sí puede es asegurar que no hará oídos sordos a las denuncias y que no lo tratará como un asunto de ropa sucia que se lava en casa, sino en los tribunales. Ese es un urgente, y valiente, primer paso. Temas Diego Petersen Farah En tres patadas Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones