Miércoles, 05 de Noviembre 2025
Jalisco | Las bicicletas desfilan silenciosas por la brecha de tierra, suben y bajan, parece que desafían la gravedad con tantos brincos

En el parque Centinela es más ligera la vida

Apenas se entra en el parque, ya no se reconoce el olor a la ciudad. Los asadores prendidos, el olor a pino, lo verde del paisaje, hacen que de manera automática el visitante se ponga en “stand by

Por: EL INFORMADOR

ZAPOPAN, JALISCO.-  El parque Centinela, en Zapopan, trae la naturaleza al ambiente citadino. Rodeado de edificios y fraccionamientos que llevan su nombre, un poco antes de llegar a “Las Cañadas” deja que lo frondoso de sus árboles anuncie su presencia.

Adentro, el paseante igual se topa con una familia que con el grupo de amigos, una casa de campaña que una hamaca colgada entre los árboles. No se percibe mucho ruido a pesar de que en la cancha de tierra se juega el partido más importante de la temporada y las mamás echan porras y los papás dirigen; se siente que es domingo y que no hay prisa.

Las bicicletas desfilan silenciosas por la brecha de tierra, suben y bajan, parece que desafían la gravedad con tantos brincos. Un puente improvisado de ramas y hojas es la diversión de un grupo de niños que intentan cruzar sin caer por uno de los pozos del camino.

Mientras, los guardabosques resguardan las risas, protegen los sueños de los que descansan a la sombra de un árbol. El ruido de sus pasos no altera a los que se aferran al pasto para encontrarle forma a las nubes que desfilan por el cielo.

La vida aquí se siente más ligera. Entre las murallas de eucaliptos se pueden ver el cielo azul, las nubes, los pájaros. Improvisar un columpio en la rama de un árbol resulta el acto más heroico de un padre y lo mejor del día. No se necesita más.

Algunos traen un lonche de su casa, otros compran algo en el camino y otros más cargan con el asador, el toldo, las sillas, la guitarra y hasta el perro para pasar el día. Los señores, juntos, controlando lo concerniente a la comida; las mujeres, acomodando todo, distribuyendo los paltos, los vasos, echándoles un ojo a los niños que corren, se columpian, se ríen, se pierden entre la naturaleza.

El reglamento del parque es claro: hay que cuidar el espacio donde conviven fresnos, jacarandas, huizaches, pinos, eucaliptos y demás variedad de árboles, hay que recoger la basura y portarnos decentes para seguir disfrutándolo.

El Dean es una isla a la que el mar urbano empieza a rodear.

Por: Erika Peredo Ibarra

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones