Jalisco | En tres patadas por Diego Petersen Farah Neuronas y testosterona Separar en el transporte público a hombres de mujeres, no es ni de lejos la solución al problema Por: EL INFORMADOR 3 de marzo de 2010 - 06:38 hs El hostigamiento a las mujeres en el transporte público es sorprendentemente alto. El que la mitad de la mujeres encuestadas señalen haber sido víctimas al menos dos veces en el último año, de algún tipo de violencia sexual, es alarmante. No es que antes no pasara, es que antes nadie se había preocupado por preguntarle a las mujeres cómo les iba en el traslado de un punto a otro. No había denuncias porque en la cultura machista el hostigamiento no solo no se castiga: se festeja, normalmente con un chiste o comentario que deje claro que el aparato de justicia es tan macho como la sociedad misma. El dato más espeluznante de la encuesta es que 1.58% de las entrevistadas hayan sufrido una violación originada en el transporte público y 13% hayan sido perseguidas con intenciones de ataque sexual. El resto de los temas: manoseos, exhibicionismo, ofensas verbales, no son sino el caldo de cultivo para los ataques. Separar en el transporte público a hombres de mujeres, no es ni de lejos la solución al problema. Puede ser un paliativo inmediato para proteger a las mujeres (las que tengan la suerte de encontrar lugar en los asientos reservados) de posibles molestias o ataques. Pero el problema de fondo es la cultura machista que solapa y protege a los agresores sexuales. Un manoseo u hostigamiento dentro del transporte público es visto u oído sin duda por más de un pasajero, pero lo toleramos casi como parte del paisaje urbano. La solución de fondo es que podamos estar en el mismo lugar con absoluto respeto al otro. En los países donde han avanzado en estos temas no solo no los separan en el transporte, sino que usan el mismo baño. Evidentemente que el tema es de mediano plazo y tiene que ver con un tema de educación y de erradicación de estructuras machistas, que en esta sociedad nos quedan muchísimas. Pero en lo que se refiere al transporte público en particular, el problema tiene que ver con un sistema cuya eficiencia se basa en llenar los camiones en la hora pico, con un cálculo de hasta siete pasajeros por metro cuadrado. Eso ya es en sí mismo obsceno, pero es indispensable para que gane el camionero, que trabaja para un dueño de un camión que a su vez lo debe a la arrendadora. No es gratuito que existan más problemas en los esquemas hombre-camión que en los sistemas de mayor nivel de organización como el Tren Ligero y el Macrobús. Un transporte digno y con vigilancia donde sea necesario, es indispensable para reducir estos niveles de violencia contra las mujeres. Una sociedad educada en la convivencia y el respeto, donde se premie más el uso de las neuronas que el de la testosterona, es lo único que resuelve de fondo esta vergonzosa realidad. Temas Diego Petersen Farah En tres patadas Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones