Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Peña Nieto, uno de los presidentes con índices de desaprobación más altos

A un año de decir adiós

Peña Nieto va de camino a convertirse en uno de los presidentes con el índice de desaprobación más alto de la historia del país

Por: EL INFORMADOR

Los mexicanos creyeron en que sería el sexenio del cambio, pero faltó comunicación de ambas partes. EL INFORMADOR / J. López

Los mexicanos creyeron en que sería el sexenio del cambio, pero faltó comunicación de ambas partes. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (06/AGO/2017).- Todavía se recuerda a aquel Peña Nieto con mirada visionaria, postura desafiante y confianza que cicatrizaba a un México herido en aquella portada de Time con el titular “Saving Mexico”, en febrero de 2014. Todos en aquel momento alardeaban de ser este nuevo Presidente, el profeta que traería la buena nueva a un país donde las tragedias son el pan nuestro de cada día; pero bastó sólo tres años para poner fin al sueño mexicano y cinco, para sepultarlo.

A un año de decir adiós, Peña Nieto va de camino a convertirse en uno de los presidentes con el índice de desaprobación más alto de la historia del país, 76% para mayo del presente año, según la casa de estudios Consulta Mitofsky.

Este gobierno comenzó como un campeón legislativo con el Pacto por México y la creación de múltiples reformas estructurales (Educativa, de Telecomunicaciones, Financiera y Energética), así como de estrategias de política social como la Cruzada Nacional contra el Hambre y el Programa Prospera que buscan la inclusión y bienestar de los mexicanos.

El país agarró vuelo con las rápidas negociaciones en el Congreso que prometían el desarrollo y crecimiento del país a corto, mediano y largo plazo, pero al no aterrizar de buena manera el avión de las propuestas, al no tener una buena tripulación que las sostuviera y al no combatir como se debía los aires violentos de corrupción, impunidad e inseguridad que aquejan a México, hicieron que las promesas quedaran en eso, promesas.

A los ciudadanos se les planteó una rápida mejoría en el sistema de educación, más competencia en el ámbito de las Telecomunicaciones, una mejoría en sus finanzas y una reducción en los gastos de luz, gas y gasolina. Se les planteó el largo plazo, pero no el corto, que es el tiempo de ajustes y del “sufrir para luego merecer”. Los mexicanos esperaban cambios inmediatos, no creían que tendrían que esperar años para ver los resultados de las famosas reformas. Creyeron en que sería el sexenio del cambio, pero faltó comunicación de ambas partes.

Además de la falta de planteamiento, hubo un equipo Peña que no se comprometió con el pueblo, los cambios que surgían de un segundo para otro generaban tensión en cualquiera que dependiera del cambio (osea, todos). Vimos en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público la entrada de José Antonio Meade y una salida de Luis Videgaray, quien pasó a Relaciones Exteriores sin ninguna preparación; la salida de este primero por Luis Enrique Miranda Nava en la Secretaría de Desarrollo Social; en Pemex, presenciamos la despedida de Emilio Loyoza Austin y la bienvenida de José Antonio González Anaya, quien renunció primero al IMSS. Los puestos se cambiaban como a un juego, un juego que desestabilizó y puso en duda la credibilidad y seriedad del gobierno ante los cargos públicos.

Pero nada como la corrupción, impunidad e inseguridad que fueron las protagonistas del sexenio. Presenciamos actos millonarios de corrupción por parte de ex gobernadores como César Duarte, de Chihuahua; Javier Duarte, de Veracruz; y Roberto Borges, de Quintana Roo. Sufrimos y seguimos sufriendo de una inseguridad creciente a pesar de que se presume en el Cuarto Informe de Gobierno que de los 101 de los 122 delincuentes más peligrosos del país ya no representan una amenaza para la sociedad. Siguen y, a como se ve, seguirán la delincuencia organizada y las ejecuciones al por mayor.

Masacres como las de Tlatlaya, donde un grupo militar ejecutó a 22 personas supuestamente miembros de un grupo militar, y en Apatzingán, donde murieron 10 y 21 resultaron lesionados a manos de la Policía Federal; la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa; el descubrimiento de la Casa Blanca de Angélica Rivera, valuada en 7 millones de dólares; y muchos errores más han ocurrido por la impunidad que se perpetúa sin ninguna restricción.

El Gobierno de Peña Nieto estuvo marcado por las buenas intenciones, por grandes iniciativas, pero primero estuvieron los dientes que los parientes; los intereses de unos cuantos que los del pueblo; la impunidad que la justicia; la inseguridad que la certidumbre; el bien del político que el bien de la sociedad. Los proyectos se vieron inmersos en corrupción que se convirtieron en Casas Blancas, en socavones, en viajes o en coches de lujo.

El periodista italiano Alberto Pincherle mencionó una vez que los votantes, es decir, los ciudadanos, no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado, pero el error es de ellos mismos. Las elecciones 2018 están a la vuelta de la esquina y más que nunca, es indispensable que el votante se instruya, que conozca el avión, la ruta, la tripulación que va a escoger antes de subirse en él, no sólo importa la cara bonita del piloto y la aerolínea; es decir, la apariencia del candidato y el partido político. Se necesita de las mejores circunstancias para que se despegue y aterrice correctamente y sin demoras el proyecto que le espera a México para su crecimiento y desarrollo.

Al final, Peña Nieto resultó tener una mirada nublada, una postura encorvada que nunca pudo levantar (por los constantes azotes y tropezones) y una desconfianza que traicionó al país que esperó un cambio, aunque sea mínimo. El Presidente no tiene la culpa, la tiene quien lo eligió y no se interesó en conocer las propuestas y los que estaban implicados en ellas. Para terminar, comparto lo que alguna vez mencionó Joseph de Maistre: “Cada nación tiene el gobierno que se merece”; y tristemente, no merecemos mucho, pues no hacemos nada por México.

Ana Paula Arreola

Tapatío

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