Suplementos | Inició hace 15 años, buscando encantar a sus hijas con una casa de muñecas Alfredo Briones el hacedor de escenarios en miniatura Hace 15 años buscó la forma de encantar a sus hijas con una bella casa de muñecas; hoy emplea su tiempo libre en crear pequeños rincones donde la imaginación florece Por: EL INFORMADOR 17 de agosto de 2014 - 00:26 hs La imaginación se muestra en la realización de las maquetas que participa en la exposición colectiva 'Las buenas intenciones'. / GUADALAJARA, JALISCO (17/AGO/2014).- Esta es la historia de Alfredo Briones, un vigilante de 53 años de edad que en su tiempo libre se dedica a hacer escenarios en miniatura. La solvencia técnica y la imaginación que este Lemuel Gulliver contemporáneo muestra en la realización de sus maquetas llegó a los oídos del curador Carlos Ashida, quien lo invitó a participar en la exposición colectiva Las buenas intenciones, que estará en el Instituto Cultural Cabañas hasta mediados de noviembre. UNO Empecé a hacer escenarios en miniatura hace 15 años, cuando le compramos una casita pequeña a mi hija Ana Nayeli. Tenía 12. En noviembre va a cumplir 27. Entonces voy a cumplir 15 años ahora para Navidad. Porque precisamente fue para Navidad que le compramos la casita. Mi nombre es Alfredo Briones. Tengo 53 años de edad. Desde hace 20 trabajo como vigilante. El jueves pasado trabajé todo el día, de siete y media a siete y media. Hago dos horas de ida y dos de venida de mi casa a la chamba. En días como esos no tengo chance de hacer nada. Pero cuando descanso le dedico cinco o seis horas. Esta es la fachada de la casita, amarilla. Es la pura fachadita. La que le regalamos en Navidad a mi hija. Un día que fuimos a Tonalá, los niños fueron los que empezaron: “Mira, hazle la cocinita, haz esto, haz lo otro”. Fuimos poco a poco haciendo. Las piezas las encuentro en los tianguis. Veo algún objeto y ya de ahí desarrollo la idea. Mira, éstas me las encontré en el Baratillo. Se las compré a un muchacho. Están pintadas a mano. Es como una corte egipcia. Yo le compré los monitos al muchacho y de ahí se me ocurrió ir poniendo todo lo demás. Hay unos tianguis muy buenos cada tres semanas. Voy mucho al tianguis de San Pedrito. Los lunes voy al de San Isidro. Ahí hay mucho coleccionista de todo esto de Lego, de la Guerra de las Galaxias... Todas estas herramientas son de metal. Al tener una de ellas se me ocurrió hacer un taller. Primero hice el de carpintería. Mira, aquí está. Y aquí está el de mecánica. Éste es un salón de té. Se me ocurrió de unas japonesitas que compré, unas monitas. Cuando vino Carlos Ashida me lo habían destrozado los niños. Lo dejé allí, a un lado, y lo patearon. Lo destruyeron y lo volví a hacer otra vez. También se me ocurrió la pastelería. Y luego dije: “Bueno, voy a hacer la panadería”. Esto es como una tienda de modas, de puras cositas que me he encontrado: sombreritos, cosas para dama. Deja prender la luz. Esto de acá abajo se lo tengo a mi nieto. Porque tengo un nieto de siete años. Se llama Saúl Ezequiel. Ésta es la tienda de discos y ésta es la escuela de ballet. Éste es el taller de modas y éste es el salón de belleza. Déjame quitarle la fachada. Es que como le puse la repisa está más trabajoso. DOS Mi papá tenía un castillo. Hizo la catedral, pero en nieve seca. En realidad hizo pocas cosas. Y de ahí, pues yo tenía la idea de hacer algo. Y poco a poco fue creciendo. Ja, ja, ja. Yo pienso que el gusto por las cosas pequeñas me nació porque mi papá y yo nos íbamos cada domingo al Baratillo. Él compraba varias cosas que le gustaban. Las compraba para mí, pero a él también le gustaban. Él tenía una colección de trenes. Eran trenes grandes. Esa colección me gustaba. Los que yo tengo son chinos, no son como los que él tenía: de esos alemanes, de esos pesadotes que gastaban muchísima luz. La fuente de luz era un aparato pesadísimo. Mira, aquí está el ajedrez: son puros prendedores de aretes que compré en una tienda de manualidades. Teniendo todos los elementos y los objetos, en una semana hago un escenario. Me tardo como un mes buscando las cosas en el tianguis. Y de hecho hay muchas cosas que traigo en la mente. Pero digo: “Voy a buscar, voy a ver si lo encuentro”. Y si no los encuentro, pues veo la forma de hacerlos. En mi taller tengo pulidora, cortadora, taladros, pero lo que más utilizo son el cúter y la segueta de joyero. Por ejemplo, este costurero. Mi idea era encontrar un costurero, pero como no lo encontré, me encontré esta cajita y lo hice yo. Son las madejas de hilo y todo esto lo he estado haciendo. De hecho, como no sabía, me tomó toda una tarde, toda una tarde completa de descanso, para hacer esta cajita nada más, pero también de estar pensando cómo le iba a hacer. Todo lo hice yo. Pegué dos broches y luego ya le fui enredando el hilo. Éstas son de estas bolitas para el pelo, de ésas que tienen un hoyo. Y ya de ahí las fui forrando con el hilo para hacer las madejitas. Esa maquinita la compré en una tienda de miniaturas. Los libros también yo los hice. Si te fijas, no tienen nada. Es la pura pasta. Mira, aquí está la guardería. Ésta es la oficina. Aquí hay otro librero y acá está la computadora. Muy moderna la oficina. Nada se me dificulta. Nada más es que se me venga la idea de cómo lo voy a hacer y ya lo empiezo a hacer. TRES Mira, empezando aquí está la juguetería, la nevería, la tienda de mascotas, la florería. Este es un bazar, es donde pongo las piezas que me voy encontrando, bonitas, de cerámica. Es como una especie de bazar de alfarería. Aquí está el gimnasio y el cuarto de revelado. Estas fotografías me las encontré en el tianguis de la 74. Es un tianguis grandísimo. En este tianguis fue donde me dijeron que podía encontrar muchas cosas. Voy cada jueves que me toca descansar. Allí he encontrado muchas piezas. Antes ahí te vendían las piezas cuates que venían de San Diego, de Laredo, de Ciudad Juárez. Te vendían los saldos de las tiendas y te los daban a tres piezas por 100 pesos. Pero ya no. Ahora muchos cuates van hasta allá y las traen, pero ya las dan más caras. Éste es el restaurant. Mira, aquí está la cocina y la terraza. Éste es su barecito. Ésta es la tienda. Muchas de las latitas yo las he ido haciendo. Recorté las etiquetas y ya de ahí las he ido acomodando. Muchas las he encontrado y otras las he ido haciendo. Las tostaditas las compré en el Parque Morelos. Ésta es la librería y acá está la papelería. Aquí están las revistas, los libros y los periódicos. Según yo, éste es un cajero automático. El que más trabajo me ha costado hacer es la taberna. El mueblecito de la coca lo conseguí en el tianguis de San Pedrito. Yo pienso que el 90% de las piezas las he encontrado en los tianguis. Antes me ayudaban mis hijos, pero los dos ya se casaron y ahora me ayudan mis nietos. A veces me traigo a Saúl Ezequiel. Le dejó algunas cosas a la mano y le presto algunos monos. Casi la mitad de estos monos los hizo mi hijo. Él fue el que los armó y ahora es mi nieto el que me dice: “Cámbiale esto y cámbiale lo otro”. Y yo le digo: “Pues cámbiaselo tú”. Sí se pone y sí le haya. Hago todo esto simplemente para relajarme. A veces es como un reto. Si no encuentro las piezas que me hacen falta, las hago. Hacer escenarios me ha enseñado que no hay ningún obstáculo imposible. Si no lo encuentro, yo mismo lo hago. TOMA NOTAEcha un vistazo al Cabañas Junto a Alfredo Briones, la muestra “Las buenas intenciones” que está en el Instituto Cultural Cabañas reúne obras de Marithé de Alvarado, Andrés Arroyo Casio, Antonio Caballero, Miguel Ángel Estevez Nieves, Francisco López “Don Panchito” y Enrique Metinides, entre otros. Temas Exposiciones Tapatío Lee También Un octubre artístico para celebrar los 31 años del MUSA El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal El eco de la memoria en escena: llega “Blanco Atardecer” Año de “ballenas flacas” Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones