Lunes, 20 de Octubre 2025
Suplementos | Todo comenzó con una encuesta durante un alto

Conteste una encuesta y vacacione gratis

Todo comenzó cuando el semáforo estaba en rojo y una sutil chica obtuvo respuestas de señor Ñ

Por: EL INFORMADOR

Para dos. En la cena, los empleados buscaron que la pareja comprara ''membresías'' para viajar. ESPECIAL /

Para dos. En la cena, los empleados buscaron que la pareja comprara ''membresías'' para viajar. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (20/OCT/2013).- —¿Señor Ñ? La llamada sólo es para confirmar su asistencia a la cena de mañana por la noche.

—Confirmado. De hecho es la tercera vez en el día que me llaman para confirmar…

—Sí, es que es un requisito que nos pide la empresa, señor Ñ, y lamento si le hemos incomodado, pero si no reconfirmamos luego hay a quien se le olvida y la empresa paga por esa cena de todos modos.

Luego de colgar el teléfono, Ñ sabía que no podía faltar a la invitación. Menos si había confirmado, vuelto a confirmar y reconfirmado. El tema era cómo convencer a su esposa de ir a una cena a la que se había comprometido a asistir, porque le habían dicho que le regalarían un viaje a cualquier destino nacional de playa. ¿Quién se puede negar a eso? Sólo había que asistir a una charla, que se daría en una cena, en un restaurante italiano nada barato, por cierto. Doblemente tentador: cena pagada y viaje gratis para dos, a un destino de playa.

***

La historia comenzó cuando se puso el semáforo en alto en la esquina de Pablo Neruda y Américas. Una chica se acercó y solicitó al señor Ñ responder un par de preguntas para una encuesta. El señor Ñ se sintió en uno de esos programas en los que, ante la mirada de medio mundo, hay que responder rápidamente si Laos está en África, Asia u Oceanía. Pero no tenía público expectante y la chica sólo le preguntó que si acostumbraba vacacionar, que cuántas veces al año lo hacía y que cuáles eran sus destinos preferidos.

Antes de que se pusiera el siga, aquella hábil mujer que ahora tenía valiosas respuestas para su encuesta, había obtenido el teléfono del señor Ñ, al tiempo de darle un talón con folio y decirle: “guarde este comprobante, es muy importante, porque en unos días le van a llamar para darle su regalo”. Tres semanas después, cuando llegó la llamada para invitarlo a la cena donde le darían lo prometido, el señor Ñ sudó frío, porque no recordaba en dónde había dejado aquel papelito.

***

—¿El señor Ñ?

—A sus órdenes

—Hace unos días le hizo favor de contestarle unas preguntas a una de nuestras promotoras, por lo cual le estamos llamando. Ha sido seleccionado para venir a nuestra cena especial, donde por el sólo hecho de asistir, le daremos un certificado para unas vacaciones en cualquier destino de playa, tres días y dos noches, para dos personas.

—Oiga, pero no sé dónde dejé el taloncito que me dieron…

—No se preocupe, yo ya lo tengo registrado. Le voy a dar un número que será la clave que le pedirán a la entrada del restaurante. Por favor, anótelo porque sin esa clave no lo dejarán entrar.

—De acuerdo, muchas gracias.

***

Convencer a su esposa de ir a la cena no le fue difícil al señor Ñ. Total, nada perdían y ya iban preparados para no caer si les pretendían vender algo, que era lo más seguro. ¿Quién regala nada más así por regalar?

De entrada, la cena no era en sí en el lujoso restaurante italiano, sino en la parte alta, una especie de terraza anexa. Había mantas y publicidad de lo que parecía ser una agencia de viajes. Todo eran sonrisas y amabilidad. La cena fue pizza para dos, lo que al final de la noche les pareció a la pareja lo más rescatable de la velada.

A media cena vino la labor del vendedor: larga charla sobre lo conveniente de comprar vacaciones por adelantado (“No somos una compañía que venda tiempo compartido”), larga exposición de destinos que iban de Nueva York a Bogotá y de Buenos Aires a Punta del Este. Vino entonces la primera oferta. Si la pareja decidía desembolsar en ese momento algo así como 30 mil pesos, tenía garantizados los próximos cinco años de una especie de membresía que incluía innumerables beneficios (“Gasten ahora, véanlo como inversión y no desembolsen más que el transporte por los próximos cinco años a cualquier parte que vayan”).

Pero la pareja había convenido no comprar nada. Fue difícil la siguiente hora, porque a la labor se incorporó el jefe y la oferta fue subiendo y la cantidad a desembolsar fue bajando y bajando. Cuando los vendedores se dieron cuenta que no había forma de venderles nada, se fueron a la última: para probar el sistema, les sugirieron comprar una membresía única por 600 pesos, que les daría derecho a probar cuatro días y tres noches en cualquier destino nacional. Además, ya llevaban sus vacaciones gratis, ganadas sólo por haber ido. Nada más por el hecho de ver a aquellos vendedores despeinados, aflojándose la corbata y hartos de haber gastado tantas palabras, aceptaron.

De eso hace ya casi seis meses y el señor Ñ y su esposa siguen sin utilizar ninguna de sus vacaciones todo pagado.

Hace unos días el señor Ñ recibió una llamada. Era de la misma compañía y lo invitaban a otra cena. Les dijo que no acostumbraba vacacionar, ni cenar. Y colgó.  

david.izazaga@gmail.com

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