GUADALAJARA, JALISCO (27/MAY/2017).- La inercia positiva que vive Kia en nuestro país, se ve reflejada en algunos de sus productos. Precisamente eso es lo que ocurre con el Soul en su versión más vitaminada, que con su turbocompresor, aunado a una personalidad única, nos brindó buenos momentos durante nuestra prueba de mediano plazo.Visualmente es singular, y es de esos vehículos que te gustan, o simplemente no. A nosotros el conjunto nos parece interesante y diferente a lo común. El diseño “cúbico” exhibe una parte alta plana y pintada en un tono distinto al resto de la carrocería. Los grupos ópticos delanteros son amplios y ensanchados de su parte inferior, donde se coloca una luz LED que tilda una frontal un tanto agresiva; la parrilla es delgada y acentuada por un par de insertos cromados. La delantera inferior da espacio para una amplia entrada de aire y faros de niebla circulares, acompañados de una franja roja. Los flancos incorporan insignias con el nombre del vehículo, así como rines de aluminio de 18 pulgadas en doble tono. La parcialidad posterior es formada por generosas calaveras, dispuestas en posición vertical; puerta de doble tono; doble salida de escape y un par de reflectores redondos. Personalidad es una palabra que definiría acertadamente el exterior.Cierto dejo de deportivismo acompaña al interior de esta Soul SX. Las vestiduras son combinadas, entre leatherette y tela, ambos en matiz oscuro, pero contrastada por puntadas en color rojo, que también se posicionan en el cubre-polvo del selector de marchas y en el volante de fondo plano. Otros detalles en rojo se dan espacio alrededor de las bocinas superiores, así como terminados “Piano Black” y manijas internas en aluminio pulido.La tecnología no es ajena a esta SUV compacta y viene en buen número. De entrada pantalla multimedia de ocho pulgadas, con interfaz Andoid Auto; conexión Bluetooth, USB y auxiliar; controles de audio al volante; aire acondicionado digital; bocinas con iluminación; llave inteligente; espejos plegables, y algunos componentes que permiten comodidad.Buena, pero mejorableSin duda este motor 1.6 litros turbocargado de 202 caballos, es el más divertido de todo el portafolio de Soul. El selector de manejo en modo Sport incrementa las buenas sensaciones de manejo, pero tal vez añadir un par de paletas de cambio detrás del volante sería buena idea, sobre todo por el precio en la etiqueta.La caja de doble embrague y siete velocidades es un gran acierto para el andar en las carreteras, y más, otra vez, en modo Sport. No obstante, esta se entorpece un poco en ciudad, sobre todo en cambios descendentes, donde se aprecian pequeñas “pataditas”.La suspensión, a pesar de tener cierta rigidez, filtra relativamente bien las imperfecciones del camino, aunque no tiene el mejor de los agarres en las curvas. La dirección es suave y rápida, pero no del todo precisa.El espacio es razonable para las personas, no así para el equipaje, que se ve relegado a tener capacidad solo para un par de maletas medianas y otro par de piezas de equipaje de mano.Otro aspecto mejorable es el consumo de combustible, que en el mejor de los casos fue de cerca de 9.1 km/l en ciudad, y hasta de 9.7 km/h en carretera, algo difícil de aceptar, en el entendido de que manteníamos un buen paso.Las sensaciones en general son buenas, aunque quien espere notar el despegue del turbocompresor se desilusionará un poco, pues la entrega de potencia es “lineal”, lo cual también tiene su encanto.Lo más satisfactorio fue no pasar desapercibido. Tal vez es controversial y divida opiniones, pero algo seguro es que este vehículo es un roba miradas.Al final se trata de un producto juvenil y de cierto modo aspiracional, donde se pondera la diversión con mesura y el buen manejo, a costa de equipamiento y espacio, pero con seguridad en toda la extensión de la palabra.