Suplementos | Algunos edificios jerezanos son el mayor atractivo Edificio de la Torre Algunos edificios jerezanos son el mayor atractivo cuando se visita esta ciudad llena de historias que pulsan por sus calles Por: EL INFORMADOR 18 de agosto de 2013 - 02:26 hs Disfrutar de las construcciones jerezanas es un deleite que se recomienda hacer por fuera y por dentro de los edificios. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (18/AGO/2013).- La calle del Santuario de Jerez se pavonea de dos bellas expresiones arquitectónicas: El Santuario y el Edificio de la Torre. Luego de una confortable noche en el Hotel Jardín (tel. 494945-2026), bajamos a su animado y delicioso comedor. Degustamos, figadete jerezano, molletes con chorizo y burritos con crema y guacamole, que acompañamos con espumantes chocolates, un peculiar almuerzo. Un trovador alegró el concurrido espacio. Posteriormente caminamos por el precioso poblado, con dirección sur, rumbo al cautivador Santuario, al acercarnos fuimos atraídos por el señorial y hermoso Edificio de la Torre. De dos pisos, con 13 metros de altura y de influencia gótica. Su planta arquitectónica es rectangular, con 30 metros de frente y 16 a los lados. Pantaleón de la Torre donó un terreno para una escuela de primeras letras, para fomentar la cultura en su querido terruño. Se construyó un “galerón de dos naves de 35 metros de largo por 10 de ancho, con tres ventanas frente al santuario… había un largo patio… El venero se encontraba inmediato a la puerta”. Otros patrocinadores fueron: Su hermano, José Isidro Abundio, Florencio Menchaca, Ignacio Vázquez y Antonio Borrego. Pantaleón falleció en 1799. La Independencia mermó a los descendientes de Pantaleón y la escuela no contó con su principal apoyo, después pasó a ser del Municipio. El Jefe Político, Pedro Cabrera Calderón, acarició la idea de edificar una agradable y funcional escuela, invitó a su hermano Atenógenes, quien esbozó un plano y el maestro Dámaso Muñetón trazó las fachadas. Pasando las Fiestas de Primavera de 1894, la primitiva escuela fue echada abajo, conservando el venero y, el 17 de junio, el general Jesús Aréchiga puso la primera piedra. Para el 9 de agosto de 1896 se efectuó la esperada inauguración. La revista El Mundo imprimió: “Tiene dos pisos y multitud de ventanas lo circundan dándole bellísimo aspecto. El interior tiene tres corredores, a los que corresponden tres puertas del salón, dos de otras tantas piezas, una del escusado y el arco de entrada, siendo iguales de uno y otro piso, en los cuales están instaladas las escuelas número 1 y 2 de niñas… el baile que para los particulares se dio en el salón de la escuela, como el que para el pueblo tuvo verificativo en el teatro… se reveló en todos los rostros de los visitantes la más viva y grata sorpresa… a la vista de tan grandioso edificio, era verdaderamente inesperada, pues les parecía ver alguno de los hermosos y gallardos edificios con que se engalanan las pinturas capitulares de Europa. El relieve de cantera es exquisito”. Se evoca a la directora y maestra Jovita Báez. Para 1950 las escuelas cambiaron a mixtas, en 1966 los alumnos pasaron a otro plantel y se instalaron oficinas de gobierno, posteriormente paso a ser Casa de Cultura. Nos fuimos acercando al edificio y nos fuimos maravillando, la fachada principal nos mostró ocho ventanas verticales, con arcos trilobulados y forjas trilobuladas. Cada vano fue enmarcado por medias columnas labradas y rematadas por triángulos salientes. En el segundo nivel se asoman balcones en el eje de cada ventana, con puertas de similar acabado. Las medias columnas finalizan con almenas piramidales y, entre ellas, frontones truncados. Las fachadas laterales tienen dos ventas y en medio, una puerta, arriba, balcones, la de la calle Serdán abre a las escaleras, que zigzaguean a los altos (donde cuelga un cuadro de Muñetón), la cual subimos emocionados y admiramos sus tres corredores, delimitados por arcos trilobulados, entramos al espacioso salón con piso de tarima y sus muros tapizados por guapas reinas jerezanas, entre ellas: Leticia Alcalde, Gabriela González y Elia Rodríguez, las ventanas miran al Santuario. Entramos por la calle Aurora al fabuloso Edificio, la segunda puerta del zaguán con elaboradas figuras en su remate, enseguida del zaguán vimos una catrina a caballo. En el corredor largo, un maestro con ritmo, enseñaba unos bizarros pasos de baile. Temas Pasaporte Veredas Lee También Entre viñedos, altares y hojas: destinos ideales para el otoño Mascota, el viaje prometido Zacatecas y La Antigua: Viaje a dos joyas históricas de México El arte de saborear Nayarit Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones