Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Rincones en Guadalajara

Entre recuerdos, cotidianidad y sabores

La zona del Mercado Juárez cobra nueva vida, convirtiéndose en un foco de atención para personajes del día y la noche

Por: EL INFORMADOR

La manzana adoquinada que ocupa el Mercado Juárez, se ha llenado de vida con la apertura de variedad de tiendas. A. HINOJOSA  /

La manzana adoquinada que ocupa el Mercado Juárez, se ha llenado de vida con la apertura de variedad de tiendas. A. HINOJOSA /

GUADALAJARA, JALISCO (20/AGO/2011).- Enclavada en la colonia Americana, la zona peatonal que circunda al Mercado Juárez se muestra diferente a cualquier otro rincón de la ciudad. Aquí no hay bullicio, ni gritos, tampoco empujones. El aire que se respira también huele diferente: a ingredientes frescos y buena sazón.

La vida en este lugar comienza  muy temprano. A las siete de la mañana los cerca de 20 locatarios del mercado tienen sus puestos en orden y con la mercancía dispuesta para ofrecerla a quienes lleguen hasta ahí; muchos son padres de familia que llevan a los niños a la escuela y hacen una parada exprés para enriquecer el desayuno con un jugo o alguna fruta.

En las primeras horas de actividad los vecinos del lugar llegan para surtirse de un colorido abanico frutal, otros optan por tomar un ligero –o no tanto– desayuno. Algunos, aunque se retiran del mercado en pocos minutos, no se olvidan de pasar por la pequeña panadería que ocupa un espacio en la esquina, ésa que se encuentra justo a mano derecha, entrando por la calle Argentina, frente a la que fue la Casa Gleason.

En el puesto el aroma a pan casero se percibe inmediatamente; el toque salado de los virotes se mezcla con el resto de las piezas dulces... el resultado es prácticamente irresistible. La solución es sencillísima, acercarse a don Ezequiel Galindo, el hombre que atiende el lugar y que continúa la tradición que le heredó su padre, y pedirle que ponga en una bolsa las piezas seleccionadas.

Ezequiel, que ha pasado la mayor parte de su vida en el mercado, “desde que iba a la primaria”, recuerda que hubo tiempos mejores para las ventas. “Quizá hace 20 o 30 años, cuando las familias adineradas aún vivían por aquí. Luego se fueron, se cambiaron a zonas mejores y como no querían vender sus casas, éstas se quedaban solas”, dice con nostalgia.

Mientras mira a su alrededor, como a la espera de que alguien se acerque a comprar, cuenta que él ha sido testigo de los cambios en esa colonia. La ha visto convertirse, poco a poco, en una zona comercial. También ha presenciado las diferentes etapas del mercado, prácticamente desde que éste comenzó a dar servicio, hasta hace un par de años cuando fue remodelado y se convirtió en el centro de una manzana adoquinada.  Ezequiel deja la plática de súbito, ha llegado un joven que “de un jalón” pide 15 virotes para llevar.

Sazón a “La Antigua”


Al salir del mercado la serenidad continúa, hasta parece que el sonido del tráfico queda aislado mientras se camina por ahí. En la calle se escucha el canto de los pájaros, el ladrido de los perros que pasean alrededor y algunas canciones que evocan tiempos de la vieja Europa. Ésas se reproducen frente y a un costado del mercado, en la calle Nuño de Guzmán y en Argentina a su cruce con Prisciliano Sánchez, ambos lugares conocidos como La Antigua, donde según Andrea, visitante recurrente, se sirven los “mejores waffles del planeta”.

Evitar mirar las paredes es casi una misión imposible, entre el rojo de los muebles y el blanco amarillento de algunos muros, destacan varias imágenes  con escenas europeas: el río Sena, pequeños cafés... La Puerta de Alcalá.

El ambiente mañanero de La Antigua es muy distinto al del atardecer. Cuando el Sol está por ocultarse –el Mercado Juárez ya cerró– se siente incluso más calma, lo que permite disfrutar los aromas que provienen de una cocineta junto a las imágenes de Europa. La gente tiene la opción de elegir su propia mesa, deciden si sentarse junto a los pequeños libreros, cerca de la entrada o frente a aquellos paisajes congelados. En la mañana no es así, el lugar se llena por completo y la paciencia tiene que ser pieza clave, porque aquí los alimentos se preparan con calma aderezada con excelencia.

El recorrido gastronómico evoca, en el menú, lugares soñados como Brujas, Dublín, Barcelona, Burdeos, Verona, Nápoles, Manchester, Liverpool, Venecia, Oslo, Marsella, Florencia, Zúrich y Lisboa, por mencionar  algunos. Según el destino serán los ingredientes que acompañen a las crepas y waffles, ya sean dulces o salados.

De paseo por lo retro

También en el cruce de Prisciliano Sánchez y Argentina, en contra esquina a La Antigua, hay dos pequeños bazares que en su interior exhiben ropa y artículos que parecen sacados de diferentes épocas del pasado, y en realidad así es. A primera vista se distingue un par de bicicletas antiguas, su sólido color deja en evidencia que fueron sometidas a una restauración, pero su forma y diseño remontan de inmediato a la década de los 60.

El estilo vintage no desentona con el contexto, por el contrario, parece adaptarse muy bien con las melodías que todavía se escuchan cerca. Y si no fuera por el autolavado que está enfrente, parecería que efectivamente se ha llegado al pasado.

En Lavanda Vintage las prendas y accesorios rinden un claro homenaje a la tendencia y personalidad retro. Mientras que Antik Bazar presenta antigüedades entre las que destacan un tocador danés de cedro de la década de los 50; una sala de los años 60 compuesta por dos piezas vestidas con un tapiz clásico, así como cámaras, relojes de bolsillo, cajas y polveras musicales, tijeras, máquinas de coser, juguetes y lámparas... que ya huelen a pasado.

EL INFORMADOR/ ALEJANDRA JIMÉNEZ

Tapatío

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