Suplementos | Moramay Kuri fotografía escritores al pie de la tumba: de Paul Auster a Margo Glantz Escritores al pie de la tumba Moramay Kuri fotografía escritores al pie de la tumba: de Paul Auster a Margo Glantz Por: EL INFORMADOR 24 de noviembre de 2013 - 02:20 hs En Paz. RIP. Andrés Numan ''sin ninguna gana de morir pero sí de descansar''. / GUADALAJARA, JALISCO (24/NOV/2013).- La fotógrafa y editora mexicana Moramay Kuri es probablemente la más modesta de las artistas en un ambiente donde figurar resulta a veces más importante que expresar, que decir algo importante con la luz, con la imagen. Quienes la conocen de cerca saben que el proyecto de retratar escritores en los cementerios, uno de los sitios que resultan para ella más evocadores y atractivos, tiene ya muchos años. Posee, además, vocación de gran libro y nació el día en que ella le contó al entrañable autor guatemalteco “Tito” Monterroso lo mucho que le gustaba pasear por los camposantos. “Bueno, algún día me vas a tener que sacar fotos en el cementerio”, le dijo el autor de El dinosaurio. Las directoras del Claustro Sor Juana, Carmen López Portillo y Sandra Lorenzano exhortaron a Moramay a montar Luz y muerte, en las hermosas paredes de, en el marco del encuentro Universidad y sociedad: Repensando compromisos. Son 45 fotografías en blanco y negro: retratos de Fernando Savater, Alberto Ruy Sánchez, Margo Glantz, Sandra Lorenzano, David Miklos, Ana García Bergua, Luigi Amara, Enrique Vila-Matas, Carlos Fuentes (1928-2012), Salvador Elizondo (1932-2006), complementadas con un texto a cargo de Luis Alberto Ayala Blanco. Kuri, obsesionada con los panteones, lleva ya 150 fotos hechas a escritores en los camposantos, un proyecto que ha extendido a los artistas plásticos. En el Claustro muestra 45 imágenes. Se incluyen las tomadas en los panteones de San Fernando y en el de Dolores, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Madrid y París, pero también están las tomadas a personalidades como Carlos Fuentes y Eliseo Diego en sus casas. “Eventualmente haré una muestra más grande, pero este impulso de Carmen y de Sandra me ha servido para dar a conocer parte de ese proyecto que ya lleva más de 20 años”. —¿Qué es lo que te ha dejado este trabajo? —Lo que más me apasiona no es llevar gente al cementerio y fotografiarla, sino ir al cementerio, descubrir cosas, enterarme de cosas…por ejemplo, cuando le dije a Aurelio Asiain que quería fotografiarlo en un panteón me contó que allí se le declaró una novia. O el caso de Fabio Morábito, que estaba feliz por las fotos pues dice que le dieron impulso para terminar su libro Emilio, los chistes y la muerte. Entonces, lo que me ha dejado es esa obsesión. Mi padre dice que me moriré el día en que deje de ir a los cementerios y que mi resistencia a hacer una exposición reflejaba mi miedo a dejar este proyecto, que para mí es todo.—¿Cómo ves el oficio de la fotografía en México? —Bueno, en realidad quiero aclarar que siempre me he sentido más editora que fotógrafa y ahora me siento particularmente insegura por el asunto del PhotoShop. No sé manejar el PhotoShop. Nunca le meto mano a una foto, lo más que hago es pasarlas al blanco y negro. Lo que me emocionaba en mis estudios de fotografía era ver cómo se iba formando la imagen en el líquido de revelado, cuando eso se perdió comencé a preguntarme seriamente si quería seguir siendo fotógrafa o no. De pronto veo fotografías increíbles, totalmente photoshopeadas y es ahí donde me siento en cierta medida inferior. —Hay grandes maestros, en cambio, que aseguran que no eres fotógrafo si no pasaste por el laboratorio, que la luz no la entiendes de la misma manera —Es verdad, creo que la luz no la entiendes de la misma manera, pero de ningún modo creo que el que no ha pasado por el laboratorio no es fotógrafo. Conozco a grandes fotógrafos que nunca han revelado y que son los reyes en el mundo de las nuevas tecnologías. —¿Qué cosas te pasaron haciendo esas fotografías a los escritores? —Bueno, a Martín Caparrós, por ejemplo, lo perseguí durante mucho tiempo y finalmente accedió a hacerlas el día que se iba de México. Total que cuando llegamos al cementerio, estaba cerrado. Así que la foto es la de Martín, con un fondo de cementerio. A otro que perseguí mucho fue a Alberto Ruy Sánchez, creo que 20 años. Están José de la Colina y Alberto López Páez en una lucha de plumas en el cementerio de San Fernando. Está Paul Auster en el cementerio de Oaxaca. Me pasó algo muy curioso con el poeta Eliseo Diego, del cual soy muy fan. No debería decir esto pero llegué una mañana temprano a su casa y estaba muy borracho. Su hija no quiso que de ningún modo lo llevara al cementerio. Total que pedí que al menos me dejaran sacarle unas fotos en su casa. Cuando me quedé sola con él, llevaba un vaso de whisky en la mano y estaba muy despeinado. Le pedí llevarlo al baño para peinarlo y mi cara se reflejaba en el espejo mientras le arreglaba el cabello. A las pocas horas, cuando llegué a casa, me llamó el escritor Javier García-Galiano para decirme que don Eliseo había muerto. Lo único que hice con sus fotos fue revelarlas y regalarle una copia a su hijo, Eliseo Alberto. —¿Tienes miedo a la crítica? —Nunca había pensado en eso, pero un día antes de inaugurar la muestra no pude dormir en toda la noche, porque me sentía totalmente ‘apanicada’. Todo el mundo me ha dicho que mis fotos son muy buenas, algunas ya han sido publicadas en revistas, pero lo que me pasa es que no estoy acostumbrada a ser el centro de atención. Más bien mi trabajo siempre ha sido como editora promover a los demás. Temas Exposiciones Fotografía Tapatío Lee También Alberto Anaya Adalid: maestro de la luz en la pantalla Un octubre artístico para celebrar los 31 años del MUSA El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal ¿Cómo restaurar fotos antiguas con Gemini paso a paso? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones