Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Crónica. Vanesa Robles

Esmeralda y Bernardino por el centro comercial

Una televisión, chocolates, un árbol de navidad, una blusa, el objetivo es tener un Buen Fin

Por: EL INFORMADOR

LA REALIDAD PUEDE ESPERAR. Los tapatíos se volcaron a las tiendas como si en efecto estuviera cerca el fin del mundo.  /

LA REALIDAD PUEDE ESPERAR. Los tapatíos se volcaron a las tiendas como si en efecto estuviera cerca el fin del mundo. /

GUADALAJARA, JALISCO (18/NOV/2012).- Fueron miles. Por ahora es imposible saber cuántos miles de tapatíos, de esos a los que la sociología denominó la gran clase media, llenaron el viernes y el sábado las avenidas de la ciudad con sus autos; se desbordaron como hormigas por las tiendas de autoservicio, electrónicos y ropa y comprometieron el aguinaldo que quizás no recibirán. Se lo gastaron ya en un bote de pasas con chocolate cuyo precio se desplomó de los 138 a los 119 pesos. En una fina blusa que pasó de 859 a 730 morlacos. En una nítida pantalla de 80 pulgadas que de costar 70 mil varos ahora vale sólo 59 mil. En lo que fuera: había que aprovechar las ofertas del llamado Buen Fin.

Sin ser el nombre de un motel ni de un parque funerario, el Buen Fin es algo bueno. Casi recién nacido, el viernes y ayer las masas lo aclamaban, mientras vaciaban sus carteras o  acumulaban mensualidades, con los ojos desbordados por la emoción de participar, por segundo año consecutivo, en esta iniciativa del Gobierno Federal que busca oxigenar el consumo en un país asfixiado por la crisis.

Las previsiones del Gobierno y de las cámaras de comercio estimaban que entre el viernes, el sábado y este domingo los comerciantes mexicanos establecidos venderían 140 mil millones de pesos más que otros  fines de semana no tan buenos. Eso significa que en promedio cada mexicano gastó —o está por hacerlo—, unos mil 200 pesos más que lo que acostumbra los sábados y domingos.

“Cada mexicano” incluye a las criaturas recién nacidas, los obreros de salario mínimo y los desempleados. En conclusión: no todos gastaron igual.

Por decirlo así, el bigotón que se llevó la pantalla de 80 pulgadas gastó por 49 connacionales, mientras que la flaca que sólo agarró las pasas pudo haber gastado mil 081 pesos más. O, de otra manera, hubo quienes gastaron mucho y quienes nunca tuvieron un buen fin, aunque lo vieron pasar por las narices.

Por los pasillos de las compras

Esmeralda, de casi 60 años y Bernardino, de casi 70, están en la última situación. En la vida real son esa especie de extras a los que nadie nunca voltea a ver, pero todos extrañarían. Son esos extras que por mirar siempre al suelo ignoran lo que ocurre a su alrededor.

Ambos se dedican a limpiar los más de dos mil metros de pisos de granito que presumen en internet dos centros comerciales del poniente de la ciudad.

Ambos dicen que les gusta su empleo.

Los nombres de ambos son falsos, pues los dos tienen miedo de que los corran con tanta edad.

Juntos, los salarios de ambos suman cuatro mil 720 pesos mensuales.

La diferencia es que Bernardino gana el doble que Esmeralda, porque Bernardino trabaja el doble, unas quince horas diarias seis días a la semana, a cambio de tres mil 220 pesos mensuales. A Esmeralda, en cambio, una quincena le llega de 700 y otra de 800 pesos; gana mil 500 pesos al mes.

Quizá porque es más pobre, Esmeralda conocía menos del Buen Fin el viernes pasado, cuando renegaba de la mucha gente, mientras limpiaba el piso enfundada en su uniforme azul marino. Acostumbrada a limpiar pasillos que todos pisan, a la  abuela no le importa que los niños derramen el refresco justo donde ella acaba de pasar el trapeador ni le importa que la gente le “pise” las áreas recién lustradas: “Ni modo que vuelen”, afirma. Le molesta engentarse y este fin de semana no lo pudo evitar.

Durante la mañana del viernes, Esmeralda había escuchado algo sobre las ofertas. Pero todavía por la tarde pensaba que los descuentos sólo aplicaban en los lonches que a ella le gustan tanto, porque la lonchería tuvo colas todo el día. “¡Ah! ¿Es en toda la plaza?”, preguntó bajita y redonda. “¡Nooo! ¡Imagínese cuándo me voy a comprar algo! Me dijeron que aquí hay vestidos que cuestan lo mismo que yo gano en un mes”. Lo mismo o hasta más, se les olvidó decirle.

Ni Bernardino, que gana el doble que su colega, a la que no conoce, se animó a comprarse nada, dijo mientras iba y venía ya limpiando una mancha de helado en el suelo, ya recogiendo la servilleta de papel que alguien dejó sobre el extintor de fuego, ya quitando una mancha de chocolate de la barda de vidrio del tercer piso de la grandísima plaza que es un claustro de consumo.

Allá, donde Bernardino vive, cerca de la colonia Las Juntas, dijo, todo es mucho más barato: ¿Cómo va a desperdiciar el poco dinero y las muchas horas de trabajo en la calentura de comprarse algo, aunque sea un helado? Eso, sin contar que Bernardino, con todo y sus casi 70 años tiene un hijo de cinco al cual debe mantener.

Para Esmeralda y Bernardino el Buen Fin dejó más trabajo, pero no más dinero. Lo bueno, coincidieron ambos, es que ya se acostumbraron a ver todas esas cosas en los aparadores y ya no se les antoja comprar nada.

Menos mal. Estela tendría que trabajar y dejar de comer durante tres meses para alcanzar ese árbol de navidad tan barato y en oferta en una tienda departamental de la plaza donde trabaja, que de seis mil pesos ahora cuesta sólo cuatro mil 500. Bernardino tendría que hacer lo propio durante casi cinco meses para comprar la computadora que se exhibe en el aparador que ha limpiado tres veces y que con casi dos mil pesos de descuento, ahora vale nada más 16 mil pesos. Y sólo si juntaran sus sueldos de un año y una quincena y dejaran de comer y de darle de comer a sus hijos y de tomar agua potable y de agarrar camiones, si dejaran todo eso podrían comprarse la televisión de 80 pulgadas, la que el bigotón aquel se llevó así nomás.

Lo bueno es que quienes ganan salarios mínimos tienen la suerte de no ser antojadizos, dirán los felizólogos. Así sea.

PARA SABER
Ojo, mucho ojo


La iniciativa del Buen Fin busca reactivar la economía, pero si el consumidor no es cauteloso puede convertirse este propósito es un grave problema para sus finanzas, reconoce la Comisión Nacional para la Defensa y Protección de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef),  que recomienda: hacer un presupuesto antes de salir de compras y conocer la cifra límite para destinarla a nuevas adquisiciones o deudas.

Tapatío

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones