Domingo, 23 de Noviembre 2025
Suplementos | Por: Vicente García Remus

Estancia Zapotillo

Veredas

Por: EL INFORMADOR

Al Sureste de San José de las Flores, se localiza la cautivante estancia llamada “Zapotillo”.

De San José, Rigoberto Álvarez y yo seguimos el sendero al rancho La Villa. Al salir del pueblo nos detuvimos a ver una vieja casa de adobe, acompañada por robustos árboles. Recorrimos una corta distancia y un lienzo de piedras grandes entre gigantes, nos indicó nuestra cercanía a La Villa, detrás del lienzo observamos sus muros de gruesos adobes, con bizarras gárgolas, el muro lateral nos mostró vestigios de una barbicana en el segundo nivel. Saludamos a la familia Jiménez, dueña del casco y de su potrero, estaban construyendo una casa nueva de ladrillo, no sabiendo que si rescataran la finca como era, ganaría bastante plusvalía…

Luego continuamos por el camino a Tecomatlán, y en breve estábamos admirando las bonitas trojes de Las Fuentes. Enseguida viramos a la izquierda por el camino de tierra que conduce a Zapotillo, el cantar de unas gallinas de Guinea, alternando con el canto de unos patos, nos dieron la bienvenida a la estancia. Saludamos a la familia González Venegas y después de una charla pasamos a admirar su precioso casco de gruesos adobes. Vimos unos becerros al lado del herradero, a unos pasos un hato pasteando, y más adelante, unas chivas se estaban almorzando el pienso de las vacas. Abrimos una puerta de fierro y empezamos a contemplar la añeja edificación que se dejaba ver entre un bosque de eucaliptos, fresnos y pinos. Los adobes, simplemente contrastaban con el verdor del follaje. Entramos a un potrero para ver la fachada sur, el potrero estaba ocupado por casas piramidales para gallos de pelea. La fachada nos mostró unas siete tapias, de siete recámaras del segundo piso, algunas con ventanas verticales, tapias carentes de techumbre, pero indicando que fue a dos aguas, una del lado sur y otra del lado opuesto.

La fachada principal es un tanto peculiar y bella a la vez, goza de un saliente rectangular, espacio que le da vida y movimiento al casco, comprende una puerta y una ventana en el segundo nivel, del costado izquierdo hay dos ventanas verticales y sobre el mismo eje, una en el segundo piso y otra en el tapanco. Y en el costado derecho sólo se encuentra una ventana, cuadrada y en el segundo nivel.

Cruzamos el umbral de dicha puerta, que nos condujo a un fascinante pasillo, que va ligando con los cuartos a ambos lados, y con la escalera que sube al segundo nivel. Unas puertas abren al norte, donde está un patio cerrado, con árboles frutales y galleras con vistosos gallos, unos con compañera y otros solos, mirando a unas solteronas que se paseaban libremente por el patio, espacio al cual se asoman unas ventanas verticales del segundo piso. En el costado norte apreciamos unos fascinantes corrales delimitados por lienzos de piedra y sombreados por frondosos árboles. Al salir de la estancia vimos como Erlinda Venegas, hacía unos ricos quesos, leche cuajada destilaba en la artesa, la pasaba al metate y la amasaba varias veces para después distribuirla en la prensa. Le compramos unos quesos que saboreamos posteriormente.              

De la estancia fuimos a La Tapona, lugar donde nació María Natividad Venegas de la Torre, en 1868. En lo que fue su hogar (enjambre de labores y de alegrías), hay un nicho con su imagen y flores. A mediados del siglo pasado, había 135 almas, hoy sólo hay ardillas, conejos, tuzas y correcaminos, Las Fuentes tenía 114 y Zapotillo contó 115. Luego vimos el lienzo de piedra que limita con el municipio de Tepatitlán, por el referido lienzo, a Zapotillo se le conoció como estancia de La Raya.

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