Sábado, 11 de Octubre 2025
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Estero El Rosario

Santuario de vida, de agua salobre, creador de un peculiar hábitat, es un espacio de vida y dueño de maravillas

Por: EL INFORMADOR

Una vista del maravilloso Estero el Rosario. EL INFORMADOR / V. García

Una vista del maravilloso Estero el Rosario. EL INFORMADOR / V. García

GUADALAJARA, JALISCO (10/MAY/2015).- El río Purificación, al finalizar su curso, forma un fantástico estero, que fue llamado, “El Rosario”, aledaño a la cala Tenacatita. Santuario de vida, de agua salobre, creador de un peculiar hábitat. Estuario: “Desembocadura de un río caracterizada por una amplia abertura por donde el mar penetra tierra adentro”, cuerpo de agua alterado por las mareas, ría por la cual se extienden las aguas marinas.

John Bardach puso en tinta: “La marea, que sube dos veces al día, acarrea agua salada a la desembocadura del río y frena el flujo del agua dulce… El agua salada es más pesada que el agua dulce; por lo tanto, la salinidad es mayor en el fondo de un estuario que en la superficie. En consecuencia, los ríos suelen fluir al mar sobre una cuña bien marcada de agua salada, que se introduce corriente arriba y permite a los animales marinos que habitan los fondos colonizar el lecho del río mucho más arriba que los que viven cerca de la superficie… las almejas, gusanos, cangrejos, camarones y otros invertebrados se mueven muy poco… el pez está adaptado fisiológicamente para ajustarse, al drástico cambio de la salinidad del agua que lo rodea… En un estuario, la vida necesita una adaptabilidad que resulta difícil conciliar con la tendencia de todos los procesos biológicos a un equilibrio estable”.

Después de haber admirado el estero El Rodeo, regresamos a la carretera y a corta distancia, apreciamos el río Cuitzmala desde un puente, su cauce procedía de un recodo diestro, luego de haber formado una larga isleta, después del puente hacía un giro izquierdo para formar otra isleta, pero corta, vibrante río que se escondía en sus giros.

Luego del crucero que va a El Tecuán, nos desviamos para Apazulco. Luis Vázquez Correa citó: “Tecuán (de te-a alguno y cuani-el que come, que a su vez procede de: cua-comer). –El que come a alguno; bestia fantástica; algunos opinan que se trata del lobo o del tigre” (o jaguar). El Tecuán atesora una espectacular albufera, nombrada, “La Fortuna” y el lago Jabalí. Apazulco, es un precioso nombre precolombino, que obedece a un asentamiento ribereño del Río Purificación. Nombre que fue despojado para darle el del cura libertador, cura, que exageramos en evocarlo. Atravesamos Apazulco para mirar su añejo compañero, que serpenteaba por El Tigre, para luego ensancharse sigilosamente.

De Apazulco, nos detuvimos en el puente de la carretera costera y vimos nuevamente el río, delimitado por sauces y formando una isleta. Pasando el puente nos desviamos a la derecha, por Agua Caliente, después del poblado el camino fue bordeando el río, pasamos La Rosa y luego llegamos a El Rebalsito, otro nombre de antaño, que se quiere cambiar por un trillado nombre. A las orillas, apreciamos la penúltima isleta del río y del lado opuesto, la marisma Los Ángeles, con pocos charcos salobres.

Posteriormente seguimos el sendero de tierra que nos condujo al estero El Rosario, aguas vivas que nos cautivaron, nos sentamos emocionados en un paredón a contemplar aquel paraje, enmarcado por mangles, palmeras, juncos, junquillos, espadañas, sagitarias, alisos y panizos.

Una barra a lo largo del estero dividía con gracia el sosegado vaso, barra que embellecía el espacio, barra de diversos plumajes, unos quietos y otros en movimiento, que simplemente gozaban del entorno, avocetas, pardelas, jacanas, bobos, garzas, cormoranes y pelicanos blancos compartían armoniosamente el hechizante sitio de arena, unas aves mirando fijamente a la punta, los cormoranes con sus alas abiertas, los pelicanos acicalándose y las inquietas garzas revoloteando.

El estero se reducía al acercarse a la punta Boca Vieja, donde besa el fuerte oleaje del mar de cuando en cuando. Chapoteamos un rato en el mar y enseguida saboreamos en “La Mosca”, unas momias, un rollo de pescado y una cerveza que hacía honor al océano que mirábamos. Un perico parloteaba lo aprendido. Bordeamos la costa, vimos unas cruces latinas, patentes y treboladas, luego nos detuvimos en la increíble punta Hermanos.

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