Suplementos | Un enclave lleno de historia y belleza natural para regodeo de los paseantes Hacienda la Petaca Un enclave lleno de historia y belleza natural para regodeo de los paseantes Por: EL INFORMADOR 12 de octubre de 2014 - 00:43 hs La hacienda data de 1760 y perteneció a la familia Lanzagorta. EL INFORMADOR / V. García GUADALAJARA, JALISCO (12/OCT/2014).- A nuestro regreso de San Miguel Allende tomamos el camino a Dolores Hidalgo y, pasando Rancho Viejo, un letrero que anunciaba la Hacienda nos guiñó el ojo y viramos a la izquierda, para seguir su sendero que fue serpenteando unas lomas, y luego de un recodo, un cordón verde olivo nos cautivó, el cordón lo conformaban fresnos y sauces principalmente, que envolvían con gracia al encantador y legendario río Laja. Aguas azul turquesa corrían con sigilo aquellas lomas, un tanto áridas, un tanto ocre, el verdor y el azul creaban un fantástico contraste. Caminamos emocionados por una vera, un buen tramo del cauce, vera sombreada por la increíble sauceda y embellecida por el agua, que apenas se movía, el follaje reflejaba su movimiento, su baile. En un trecho, los robustos árboles cubrían solamente una orilla, la otra era una playa pedregosa, en un mismo suelo, un margen con vegetación y el otro completamente desnudo. Río que albergó asentamientos y centros ceremoniales, prehispánicos, toltecas y después, chichimecas, se evocan los siguientes sitios: Cañada de la Virgen, San Miguel Viejo, Tierra Blanca, Agua Espinosa, Rancho Viejo y Cruz del Palmar. Lugares que atesoran pirámides, patios, plataformas y terrazas. Del hechizante río, subimos a la Hacienda, al cruzar la puerta de dejó ver un extraordinario bosque de mezquites y entre el follaje, la casa grande, de vistoso portal conformado por seis arcos en medio punto, sobre capiteles dóricos y columnas redondas, arcada que se repite en su segundo piso, arriba de las columnas cuelgan faroles, más arriba, salen unas gárgolas, al centro de la arcada y sobre el cornisamento posa una cruz labrada. Al costado izquierdo del portal observamos la bonita capilla, la puerta con verja y en arco de medio punto, soportado por capiteles dóricos y una sobria cornisa en su remate. Del lado derecho luce un nicho con azulejos que figuran la Virgen de Tepeyac, arriba, una esbelta ventana. A la izquierda, se adosó el campanario, de planta cuadrada y de un solo cuerpo, con un vano arqueado por cara, cubierto en cúpula y coronado por una cruz. Una campana llama de cuando en cuando a celebrar misa. Diversas buganvillas animan el atrio y el portal. Nos adentramos al zaguán y fuimos maravillados por las atractivas arcadas de los cuatro corredores, formadas por románticos arcos conopiales, soportados por capiteles dóricos y columnas redondas, corredores que delimitan un alegre jardín, salpicado por varías flores, en una esquina, una pila de un cuarto de circulo reflejaba las flores de las macetas vecinas. Los corredores ligan con las sosegadas y espaciosas recámaras. Miramos otros corredores similares, pero de menos arcos y de menor altura, que abrazan un patio. Del lado derecho del pórtico, vimos unas ventanas verticales con forja y en la esquina, un contrafuerte. A unos pasos apreciamos una alberca circular, adentrada a una arcada de piedra, con muros laterales. Luego miramos una era, que funciona como corral para caballos, vecina de otros corrales y caballerizas, donde retozaban varios corceles. Vimos un peculiar foro abierto, conformado por cinco grandes anillos. Enseguida nos acercamos a unos talleres, que fueron convertidos en una bonita casita, con terrazas sombreadas por mezquites, nos sentamos un rato en aquella fresca sombra, y nos deleitamos con la fachada del portal y la capilla. La hacienda data de 1760 y perteneció a la familia Lanzagorta, que luchó por el ideal de una nación independiente, destacando el Mariscal Francisco. La finca fue transformada en una agradable posada, que siguió con el nombre de la hacienda y tiene una capacidad de once cuartos, cuatro departamentos y una casita, muy privada. También cuenta con salones para eventos. Los paseos a caballo son otro atractivo, pues cuenta con 23 hectáreas, colinas con diversos cactus, bosques de mezquites y parte del encantador río. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones