Suplementos | Fatiga crónica Nada, no pasa nada... ''Cada quién maneja como le conviene, como quiere y sin pensar en los otros automovilistas'' Por: EL INFORMADOR 25 de agosto de 2012 - 23:42 hs Todos los lugares. Las imágenes de líneas de automóviles son cuadros que casi todos los días podemos contemplar en la metrópoli / GUADALAJARA, JALISCO (26/AGO/2012).- Todos los días, de lunes a viernes, Federico tiene que hacer el mismo recorrido: por Avenida México hacia el Poniente, conduciendo hasta pasar el túnel de Avenida Inglaterra y al salir, procurar el carril derecho para incorporarse a la lateral de Avenida Vallarta, entrar a los carriles centrales para cruzar, ahora por arriba, Avenida Patria e inmediatamente al bajar, salir de nuevo a la lateral. Todos los días, al menos dos veces. Hay días con más o menos tráfico. Y sabe que aquí y por toda la ciudad, en horas pico, es así. Lo que le llama la atención es cómo muchos automovilistas muestran muy poco respeto por los demás: cada quién maneja como le conviene, como quiere y sin pensar en los otros automovilistas; mucho menos en los peatones. Si a un auto le ha tocado quedar parado a mitad del cruce de avenidas y no permite el paso de los demás, “lo siento mucho, no es mi culpa y qué quieren que haga”. Lo que le sucede a Federico —casi todos los días— en la salida para tomar la lateral, después del puente de Avenida Vallarta sobre Patria, es una metáfora de lo que enfrenta cualquier automovilista en esta ciudad donde priva la ley del más gandalla. Al iniciar la subida del puente, sobre Vallarta, se comienza a formar una larga fila de autos que casi a vuelta de rueda, pacientemente, conducen hasta llegar a la salida que los llevará a la lateral. Si ya de por sí esta salida es muy transitada por quienes van a Plaza Galerías, ahora, con el cierre de los carriles centrales de Avenida Vallarta por las obras de un par de pasos a desnivel que se construyen, el tránsito se ha intensificado. Federico conduce a vuelta de rueda. Sube el puente y desde ahí observa no sólo el lento tránsito de los autos que van circulando por Avenida Patria, sino la larga fila que está frente a él, hasta llegar a la salida a la lateral. De pronto, una camioneta aparece por la izquierda y se le empareja en velocidad, tratando de presionarlo para que le haga un lugarcito, para que sea buen ciudadano y le dé chance de pasar. Pero Federico no deja de avanzar y no quiere darle oportunidad en la fila por una razón muy sencilla: ha visto cómo el de la camioneta estaba formado atrás en la fila, se salió desesperado y ahora pretende meterse así sin más. Federico quisiera decirle: “oye, ¿qué te parecería que estuvieras formado en la fila para comprar boletos para entrar al estadio o al cine y te dieras cuenta que yo, delante de ti, dejo pasar gente?”. Pero no se lo dice, porque no hay tiempo de bajar la ventanilla para hacerlo, pues aunque lenta, la fila avanza y Federico está preocupado por no dejar ningún resquicio que el gandalla pueda aprovechar para colarse. Y el gandalla, desconcertado por la actitud de Federico que no lo ha dejado pasar, le hace una seña con el dedo desde la potestad de su camioneta de alto cilindraje, acelera varios carros adelante y encuentra el modo de colarse. Mientras Federico ha visto cómo el gandalla tuvo su premio, otros potenciales gandallas que vieron que la maniobra del de la camioneta tuvo éxito, salen de muy atrás de la fila e imitan el hecho: los automovilistas se olvidan de toda civilidad, van hasta la punta y se detienen pidiendo la conmiseración del automovilista con el que se topen, ponen su cara de piedad y quien está en la fila no piensa en el respeto que le merecen quienes atrás esperan, quienes se han formado, sino que se siente muy bien de hacer su buena obra del día, dejando pasar al desvalido gandalla que, otra vez, volvió a ganar. Federico recuerda que esta muestra de “me vale un comino el otro”, sólo ha sido superada por otra: hace un par de meses, cuando circulaba por una calle de un solo carril en Santa Teresita y repentinamente una camioneta que iba delante de él se detuvo sin previo aviso, se bajó la conductora: una señora que parecía luchadora y comenzó a acarrear —¡ahí a media calle!— unas cajas de zapatos de la cajuela de su auto a la banqueta, con toda calma. Federico no atinaba qué hacer frente a la escena. De pronto, ella volteó a verlo y sacando el pecho y abriendo las manos con las palmas hacia arriba le gritó: “¿Qué?” Ahora cada que observa a algún gandalla pasarse el alto, dar vuelta prohibida o estacionarse donde no se debe, antes de que se lo pregunten, él se responde: “nada, no pasa nada”. david.izazaga@gmail.com Temas Tapatío Automóviles Movilidad urbana Lee También ¿Cuánta vida útil tiene una llanta? 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