Suplementos | De viajes y aventuras Para ranas y pescaíto frito, La Violeta es el sitio deviajesyaventuras@informador.com.mx Por: EL INFORMADOR 1 de marzo de 2009 - 03:56 hs Cerca no está. Fácil de llegar tampoco. Pero… de que la excursión es más que divertida para quienes tienen inquietudes más allá de un Mc Donald`s en algún centro comercial… eso sí lo puedo garantizar. Además, las enormes ancas de rana recién pescadas en los limpios estanques de agua corriente de los manantiales de allá de abajo, están… ahora si que “de chuparse los dedos” (aunque se le retuerza la tripa de los celos al Coronel Sanders). Los pescaítos fritos, aderezados con frijolitos refritos por un lado, con sus tortillononas calientitas y recién echadas en el comal… no tienen desperdicio. Tequilas -como buenos jaliscienses de los altos- no faltará ninguno de las marcas más conocidas de la región. Las chelas bien heladas -de acuerdo a la tradición- tampoco se harán del rogar en aquel modesto rancho donde, el lomerío viejo con sus dorados colores que se pierden en lontananza, nos platicarán de las visicitudes de que fueron testigos entre revoluciones y cristiadas. Desde la terraza del ranchón aquel, entre las gallinas, los guajolotes y las ardillas saltarinas, solo se siente la paz de nuestros días, cuando al atardecer la familia Navarro de la Torre en pleno, se esmera en atender a su clientela para, sin lujo alguno, ofrecer sus deliciosos platillos con la sinceridad ranchera que hace que uno se sienta en casa. Eso… ¡Eso es el verdadero lujo! Grandes restaurantes hay a montones en el mundo entero. Lujosos hoteles tratan -haciendo remedos de Disneylandia- de hacer sentir el ambiente ranchero y campirano de nuestro México; de esos hay muchos; pero… vivir el lugar real, en un rancho, rancho, rancho, como los que ya se están perdiendo en nuestro terruño es un verdadero privilegio. Vivir una experiencia como ésta y convivir con la familia que ahí ha vivido desde siempre; que ha gozado y también sufrido los vaivenes de la historia; que se ha desgastado protegiendo sus tierras, y sus pieles se han curtido generación tras generación con la tierra y el solazo abrasador de aquellos lares; cambiando sus trabajos y sus actividades al son de los vaivenes, de los usos y de las políticas: eso… eso es otra cosa; y eso es lo que hay que apreciar ahí. Lucía, Ma. De Jesús, y Soledad; tres valientes mujeres, hijas de Don Victoriano y de Doña Chuy, propietarios de aquel tan perdido rancho llamado La Violeta (que hasta en los mapas del INEGI aparece) fueron quienes, viéndolo tan destruido y abandonado y su familia en precarias condiciones decidieron, literalmente a mano limpia, ponerse a rehabilitar el lugar para, aprovechando las ayudas que el gobierno regional les ofrecía, y echando mano de los propios manantiales del lugar, renacer el rancho y cultivar ranas y bagres para ofrecer a los visitantes una comida deliciosa, un ambiente hogareño y un sui géneris lugar a donde se pudiera ir a pasar el día en el ambiente natural de un hermoso rancho. Valientes, ni qué decirlo. Las tres hermanas pusieron manos a la obra y adobe tras adobe, madero tras madero fueron rehabilitando la destruida y abandonada finca. Compusieron los estanques con sus propias manos. Los peces se dieron sanos y fuertes con las limpias aguas naturales. Las ranas crecieron cual debe ser. La rústica cocina se implementó nomás lo necesario sin quitarle lo campirano. Los platillos comenzaron a salir y la fama empezó a cundir; primero entre los lugareños y más tarde, también los fuereños empezamos a asistir. Muy lejos, sí está muy lejos. Difícil de llegar sí, no está nada fácil de llegar. Delicioso, sí muy. Divertido… ni qué decirlo. Invertir un día entero entre la excursión, los paseos en los alrededores, las ancas de rana deliciosas, y la sobremesa con aquellas valerosas mujeres es una delicia como pocas. Los doscientos años de vivencias de la familia en esas tierras se platican en pocas horas; y en minutos, los quince años de intensos trabajos que tuvieron que invertir las tres hermanas para poder lograr un lugar como éste. Para llegar hay que ir a Atotonilco, subir hacia San Francisco, cruzar el pueblo y emprenderla a la izquierda por una carreterita pavimentada que luego se hace brecha; tratar de seguir las indicaciones y preguntar mil veces a cuanto rancherón se encuentre; seguir con fe hasta donde un corral con chivos y borregos les cierre el paso. Una bugambilia frente a un tejado marca la entrada a La Violeta. La Violeta… es un lugar para recordar !Ojalá que disfruten todo esto…! deviajesyaventuras@informador.com.mx Temas Pasaporte De viajes y aventuras Lee También Zacatecas y La Antigua: Viaje a dos joyas históricas de México El arte de saborear Nayarit Agencias de viaje en Jalisco ofrecen descuentos para adultos mayores con Inapam Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones