Suplementos | Veredas Piedra Grande Tres poblados de fresco ambiente, ideales para tener un acercamiento a la naturaleza que aún está dispuesta para los visitantes de Amacueca Por: EL INFORMADOR 6 de octubre de 2012 - 21:24 hs GUADALAJARA, JALISCO (07/OCT/2012).- Sobre la estribación oriente de la Sierra Tapalpa, donde escurre el efímero arroyo Santiago, y arriba del bizarro poblado de nogales, llamado San Francisco de Amacueca, posa con donaire, la admirable “Piedra Grande”. Una fresca mañana, Marisol y yo nos encaminamos al lugar donde el agua vuelve, Amacueca. Municipio que goza no de una población, ni de dos, sino de tres frescos asentamientos, muy frescos, que disfrutan del fabuloso regazo de espesas sombras, sombras que brindan añejos nogales, nogales que son alimentados por arroyos y manantiales, que fluyen con gracia en aquel afortunado rincón. Los poblados son: Amacueca, Tepec y Los Chávez. Al norte del Cerro Bola, canturrea vida y alegría el arroyo “San Pedro” o “Alinace”, que nace cerca de Juanacatlán. Cuando las lluvias son abundantes y continuas por unos días, el arroyo forma una hermosa cascada en la peña Rajada, llamada “Cascada de Tepec”, hace seis fantásticas caídas, las dos primeras las envuelve una garganta orientada al sur, luego hace un insólito giro, para mostrar un chorro plateado al poblado de Tepec, las otras caídas las cobija la hechizante vegetación, caminando por una vereda, a la vera izquierda del arroyo se llega a la cascada, un tubo acompaña por un buen tramo a la vereda, tubo que alimenta un tanque y después humedece a unas huertas. Del pie de la peña, corre en diagonal, para acercarse a Tepec, por su costado norte, donde alimenta unos estanques y riega unas huertas. Nacimientos de agua diáfana, como La Morita y Los Pocitos, llenan tanques para agua beber. Por el panorámico camino real, que enlaza a Tepec con Amacueca, se puede apreciar, como a medio camino, el atractivo arroyo llamado “El Batán”, que atraviesa el camino de tierra, haciendo bonitos saltos, exuberante vegetación acompaña al arroyo, el sendero de tierra no se cansa de brindar pintorescas vistas a la Laguna de Sayula. Camino que atraviesan ardillas, conejos, liebres y correcaminos, y que antaño subieron o bajaron con frecuencia y con ánimo, los hermanos del hermano de Asís. Al llegar a Amacueca, recorrimos algunas de sus calles, donde se asoman preciosas moradas y cautivadoras huertas, sus puertas de mezquite abren a la sombra, la calle Iturbide atesora una pintoresca casona de color azul pastel, el pórtico lo conforman seis arcos trilobulados, soportados por capiteles dóricos y columnas redondas, el cornisamento fue dentado. Al portal miran dos ventanas verticales con cuatro hojas y entre ellas la puerta del zaguán, de dos hojas, la derecha con postigo, la techumbre es de madera y teja, atrás de la finca, se encuentra un bosque de nogales, los espacios los disfrutan la familia Aguilar Aguayo. Varias calles ven a la laguna y sus islas, como la calle Atarjea. Luego visitamos el maravilloso monasterio, observamos la portada de su templo, embellecido por columnas salomónicas, elaborado marco en su ventana coral y expresivos franciscanos en sus nichos. No dejamos de mirar la zigzagueante escalera de la espadaña, ni el fantástico claustro, de insólitas columnas monolíticas. Seguimos la calle Zaragoza, que fue subiendo y dejando el caserío, el panorama cambió por órganos, nopales y camichines. Pasamos el camino a Los Chávez y nos encontramos con el arroyo Santiago, nos apeamos del coche y seguimos el sendero de la Piedra, que bordea el arroyo. En nuestro andar fuimos contemplando la colosal escultura con desbordante gozo, hasta admirarla a pocos metros. Una ladera serrana / ladera oriente / ostenta una colosal piedra / allá por donde baja el arroyo Santiago / arroyo efímero / de lecho absorbente. Piedra bella / en todas sus caras / con musgos, matas y grietas, / en su cresta posa una cruz / que custodia la comarca. Piedra que mira a tres oasis / sus mantos verdes los delatan, / Los Chávez, Tepec, y Amacueca, / paraje que contrasta la laguna / cobriza y bermeja / de charcos salobres, / que levantan vuelo / al paso de los soles. Una banda tomó tu nombre / como insignia del terruño / identidad de la querencia, / hermosa piedra / que la neblina serrana acaricia, / por momentos / de encanto y dicha. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones