Suplementos | Vicente García Remus Veredas Laguna Cuyutlán Por: EL INFORMADOR 14 de febrero de 2009 - 21:55 hs En la ladera sur del Cerro La Calera, se localiza la sensacional Laguna Cuyutlán. Del Estero Palo Verde, nos dirigimos a la Laguna Cuyutlán, el camino fue serpenteando entre palmares y platanares. Pasando El Nidito, entramos a una fantástica playa de la laguna, de arenas blancas y grises, que se perdían en arbustos, unas palmeras embellecían aquel rincón. Anduvimos pausadamente por la playa, de un lado a otro, admirando los bellos parajes que la hermosa laguna nos regalaba, vibrante masa de agua delimitada por exuberante vegetación habitada por diversas y bellas aves. A corta distancia apreciamos otra playa, con rocas y órganos en una de sus puntas. El oleaje era apenas perceptible, unas piedras nos indicaron los niveles que alcanza la laguna y su salinidad, bases blancas y crestas cafés. Hablando de niveles, cerca de las playas pasaba el camino de tierra a Cualata y cuando había abundantes tormentas, la laguna inundaba el camino y los pozos de las salinas, Ricardo Guzmán Nava puso en tinta: “Se llega al Manzanillo por una vereda en que casi van pisando las mulas el agua de la laguna”. Albert S. Evans citó: “La bahía está plagada de toninas y el lago de caimanes…la gran cordillera, que forma un semicírculo alrededor del lado interior de la Laguna de Cuyutlán, está cubierta de vegetación magnifica, desde el borde de las aguas hasta las cimas; toda la riqueza de los trópicos se encuentra profusamente en el paisaje. La laguna corre treinta millas casi de este a oeste, paralela al mar pero a una corta distancia de él…Nuestros remeros, cinco en cada lancha, casi desnudos, trabajaban bien, nunca vi mejores. Cuando habíamos avanzado por el lago como unas doce millas, la flotilla se detuvo frente a una bella isla de suelo rocoso y llena de cactus gigantes”. Pasamos algunos poblados y tomamos el autopista, a la altura de Campos llegamos al restaurante “El Malecón”, bajamos unas gradas entre floridas primaveras y a un costado de un malecón de piedra, sombreado por unas palmeras, estaba el restaurante, enseguida del malecón, había gruesas higueras y en su sombra, lanchas de pescadores. Con regocijo subimos a la panga de “El Jaibo”, quien nos dio un paseo inolvidable, fuimos costeando la preciosa laguna, enmarcada por atractivos mangles. Admiramos unas jacanas y unas pardelas, luego vimos un espectacular peñasco blanco, donde apenas percibimos unos pelícanos de similar color. Más adelante contemplamos unas gallaretas, después bordeamos tres maravillosas islas tapizadas por contrastantes plantas y animadas por variados pájaros, entre ellos garzas cucharón, avocetas, pájaros bobos, cormoránes, gaviotas, espátulas y cigueñas, todo un rico santuario de aves. Guzmán Nava refirió: “En la mitad de su extensión tiene islas frondosas, pobladas de las aves más raras y hermosas que conoce la Historia Natural”. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones