Suplementos | Vicente García Remus Veredas Tonaya Por: EL INFORMADOR 25 de abril de 2009 - 21:37 hs Entre los Cerros Tonaya y El Palmar, a la vera del Río Tonaya, se encuentra el bizarro poblado de igual nombre. Una alegre mañana, Andrés Ortiz, Diego y yo nos dirigimos a Tonaya “lugar que está al oriente”. Luego de Apulco, bordeamos la ladera sur del cerro El Palmar y llegamos a nuestro destino, una calle nos fue llevando al centro, vimos el ábside del templo de la Asunción, después viramos a la izquierda por la calle Madero y súbitamente fuimos cautivados por un extraordinario arco, estacionamos el coche bajo la sombra de un árbol y caminamos hacia el arco, un tanto trilobulado, sobre gruesos muros de ladrillo con cornisa y dos medias columnas por costado. Arriba del arco, un dintel con tres hermosas almenas, gruesas y altas, en forma de cono octagonal, la central de mayores proporciones. El arco comprendía la puerta principal del templo de la Virgen de Tonaya, el claro de la puerta fue clausurado con un muro de ladrillo, por fortuna el arco quedó libre. Entramos emocionados a admirar las ruinas del referido templo, subimos seis peldaños entre bonitos muros de piedra aparente, al fondo nos sorprendió el bello campanario, con planta cuadrada, de un cuerpo, con un arco de medio punto por costado y rematado en cúpula. Había otros muros de piedra, al oriente de la huerta, cabe mencionar que lo que era el interior del templo hoy es una preciosa huerta, animada por el arco con sus almenas, por el campanario carente de campana y por los gruesos muros de piedra aparente. Subimos al pasillo de un segundo piso, de una finca aledaña, el pasillo liga con unos salones de clase, de ahí contemplamos los vibrantes elementos del templo, enmarcados por mangos. Luego nos sentamos en el cajete de un retorcido y añoso ciruelo, a saborear unos mangos amarillos y unas ciruelas coloradas. El curioso de Andrés se asomó por un vano bajo del campanario y surgieron unas palomas por los arcos. Tras haber saboreado aquellas frutas, rodeados por los expresivos elementos arquitectónicos, dimos unos pasos para observar el templo vecino, el de la Asunción, la puerta principal fue rematada en medio punto con capiteles toscanos, hay dos columnas corintias por lado, columnas que se repiten en la ventana coral, que es vertical y arqueada, el cornisamiento fue dentado y arriba de la ventana posa un frontón triangular. Del lado izquierdo apreciamos el campanario, de dos cuerpos y de planta cuadrada, en el primer cuerpo apreciamos un vano arqueado por cara y en el segundo un reloj por cara y fue cubierto por una cúpula. El interior es de una sola nave, con capillas laterales y por techumbre, cúpulas por nervadura. Del templo caminamos por el portal Madero, donde se asoman añejas ventanas. Vimos la presidencia, el asta de la bandera entre cuatro pedestales con bustos de héroes nacionales. Enseguida nos sentamos en una de las sombreadas bancas de la plaza a mirar el kiosco, los árboles y el templo de la Asunción. Por último recorrimos unas calles, admirando preciosas fincas, con ventanas verticales de cuatro hojas, con zaguanes bañados de plantas y con cornisas embellecidas por almenas. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones