Suplementos | Por Vicente García Remus Veredas Tejedoras de tachihual fray Juan Larios Por: EL INFORMADOR 18 de octubre de 2009 - 05:50 hs En la falda oriente del Cerro el Gato, se ubica el sosegado y agradable convento franciscano de Sayula, donde se encuentra el fantástico taller de rebozos nombrado: “Tejedoras de tachihual fray Juan Larios”. Ana Luz Rodríguez, me sugirió conocer el taller de rebozos y el taller de cerámica sayulenses. Cierto día me encontré a Manuel Figueroa Brizuela, mejor conocido como “Muella” o “Chamaco”. Lo invité a Sayula y me dijo: “pá luego es tarde”. Es un individuo alegre y conversador, argumenta que la revolución no le ha hecho justicia, cabe mencionar que es descendiente del coronel Brizuela. Pasamos la estancia de Chichiquila, donde hubo un obraje de frazadas, jergas y soyales, fundado en 1642, por Francisco Delgadillo Carbajal, nieto de Alonso de Ávalos (el joven). La charla acortó el camino, y después de apreciar el santuario y el convento, el hermano fray Francisco Guadalupe Reynosa, guardián del convento, nos condujo al maravilloso taller de rebozos, que trabaja lunes y martes por la tarde, en el corredor fray Juan Larios, que se localiza en el costado derecho del santuario, sobresaliente cura doctrinero de Sayula y guardián del convento de Amacueca, incansable fundador de misiones y de pueblos, quien recibió el habito en 1651. Detrás de una añeja parota, apreciamos el bizarro corredor de columnas cuadradas, con capiteles toscanos y arcos en medio punto, el corredor de 10 arcos hace un espectacular quiebre de 130º, con 7 arcos. Percibimos el regocijo de una veintena de tejedoras, quienes iban dando preciosas expresiones a sus rebozos, en sus telares de cintura, asesoradas por la maestra Hermelinda Díaz. Los telares comprenden cuatro otates que sirven para separar los hilos, por ende se le conoce también como telar de otates. Los telares de origen indígena, colgaban de las columnas, y en el otro extremo, una correa a la cintura de las tejedoras, unas estaban urdiendo bonitas tramas y otras pasando con maestría la lanzadera y bajando con el machete lo tejido. Los hilos tensados y el hilo de la lanzadera iban formando hermosos rebozos, cada trama iba tomando cuerpo, textura, forma y color, paulatinamente. Nos quedamos sorprendidos y encantados por aquellas manos talentosas. Entre 1624 y 1625, el inglés Thomas Gage visitó México y respecto a la vestimenta de las mujeres, puso en tinta: “se cubren el pecho con una pañoleta muy fina que se prenden en lo alto del cuello a guisa de rebocillo, y cuando salen de casa añaden a su atavío una mantilla de limón o de cambray, orlada de una randa muy ancha de encajes; pero todas cuidan de que no se les pase de la cintura y les impida lucir el talle y la cadera”. La prenda mestiza de fabulosa urdimbre, se manifiesta terciada en los cantos y bailes regionales, como el alegre jarabe tapatío. Prenda que medio cubre caras bellas, pechos firmes, hombros atractivos y brazos bonitos. Agustín Barrios Gómez, escribió: “Humilde rebozo de tejido de algodón azul obscuro, que las más pobres indias jamás abandonan, y con que envuelven cada día sus hombros y sus miserias… Entre los apretados pliegues de aquel rebozo nace el niño indio, y bajo su amparo se acurruca contra el pecho maternal, buscando el dulce calor del seno moreno que lo amamanta… Crece la niña, y, con gracia ingenua, pronto sabe envolver su feminidad en el rebozo”. En los inicios del siglo pasado bajo la clasificación, industriales, del directorio estatal aparecen: Juan González e hijo, viuda e hijos de Madueño, jabón; Ciriaco C. Peregrina, Jesús Madrigal, Luis Gutiérrez, Pedro Méndez, Luis del Valle y Antonio Lugo, rebozos; Eustacio Cárdenas y Genoveva Peregrina, fábrica de frazadas y sabanilla; y Melquiades Rodríguez, ladrillo. Seré dichoso, cuando me tapes Prieta del alma, con tu rebozo. Temas Veredas Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones