Suplementos | Por:Vicente García Remus Veredas Presa la Joya Por: EL INFORMADOR 13 de diciembre de 2009 - 01:57 hs En las faldas del Cerro Los Encinos, se localiza la vibrante presa llamada, “La Joya”. Una fresca mañana me dirigí a Atoyac, atravesé el bonito poblado y al llegar al campo santo viré a la izquierda, la calle cerró con el camino que va a la presa, di vuelta a la derecha y fui recorriendo lentamente el precioso sendero arbolado, apreciando los diversos follajes, las sombras desaparecieron y el camino empezó a ascender y serpentear por una loma con guajes, órganos y nopales, pasando un guarda ganado la maravillosa presa se dejó ver. Federico Munguía Cárdenas, escribió: “En 1946 fue inaugurado un moderno ingenio azucarero (Amatitlán) con capacidad diaria de molienda de mil quinientas toneladas, en contraposición con las ciento cincuenta que trabajaba el anterior, siendo principal accionista el señor Julio de la Peña Arias. Hubo gran optimismo por ésta, que debió haber sido, gran fuente de trabajo, planeada tomando en cuenta la construcción de una proyectada presa en el municipio de Atoyac, que irrigaría considerable cantidad de terreno para la siembra de caña”. Me bajé emocionado del coche, y fui admirando la gran masa liquida un tanto marrón, de forma alargada y rodeada por cerros y lomas. Tiene una rampa para botar lanchas, había una lancha a un costado de la rampa y un remolque en la rampa, de otra lancha de unos pescadores que estaban probando suerte. Vi el vertedero muy por arriba del nivel del agua, indicándome un mal temporal de lluvias. Luego de contemplar algunas perspectivas, bajé unos escalones del canal del vertedero para llegar al puente del canal, lo atravesé y subí a la cortina de la presa, caminé a la compuerta y saludé a un pescador. La compuerta es un buen punto para mirar la presa, en el extremo sur observé la garganta del arroyo San Cayetano, del otro lado y a lo lejos el imponente Cerro García, con sus 2,650 metros de altura. Al volver a la cortina, la recorrí pausadamente, puesto que es un magnifico mirador a ambos lados, por un costado la presa y por el otro, la caída de agua del canal de riego, las islas con su laguna seca, y Amacueca con sus nogales. De la cortina me adentré a un fabuloso bosque de guajes floridos, después miré una ladera rocosa, que lindaba y contrastaba con la presa, una garza gris emprendió vuelo. Seguí mi andar, y a corta distancia fui sorprendido por un paraje embellecido por añejos ciruelos, me senté al pie de un ciruelo y miré las retorcidas ramas, cada ciruelo acariciaba a su vecino, como diciendo: “Aquí estoy”. A mi regreso de aquella expresiva loma de la presa, miré Techaluta, atrás de la franja de la laguna. Oriundo de esta tierra de guajes, ciruelos, órganos y nopales, es el destacado escritor, José Luis Martínez, quien nació en 1918. Fue director de “Letras de México”. En 1941, escribió: Poesía romántica y Rosa efímera, al año siguiente, Literatura indígena moderna. En 1943, la técnica literaria. Y para 1950, literatura mexicana, siglo XX, en 1953, Problemas literarios, La expresión nacional, salió de la imprenta en 1955, y un año después, De poeta y loco… Para 1960, De la naturaleza y carácter de la literatura mexicana. En 1972, Unidad y diversidad de la literatura latinoamericana, y otra publicaciones más. Aparte de empujar la pluma, impartió ricas cátedras. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones