Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | Por Vicente García Remus

Veredas

Cola de Caballo

Por: EL INFORMADOR

En la falda Este del puerto Felícitas, baja un arroyo canturreando y haciendo fantásticas cascadas, a la más espectacular se le llamó, “Cola de Caballo”.

Cierto día nublado en Monterrey, despuntando el sol, Alejando Cortés  Torres y yo partimos con dirección a Allende, pasando San Javier, viramos a la derecha por la entrada a El Cercado, famosa población por su prestigiada fábrica textil, donde lanzaderas de varios telares tejían rítmicamente buenas telas. Vimos la capilla, con un sobrio campanario de tres cuerpos, elemento que fue adosado. La planta arquitectónica es cuadrada, y cada cuerpo tiene un vano arqueado por lado, excepto el primero, que no rebaza el muro de la capilla, y por ende enseña solo tres vanos. Cornisas toscanas separan los cuerpos. El campanario, tristemente estaba apuntalado en su lado posterior.

Una calle de El Cercado nos condujo al camino de La Nogalera, por la cual llegamos al Parque Ecoturístico Cola de Caballo, donde la Cola de Caballo se encarga de maravillar a cada uno de sus visitantes. En las afueras del parque apreciamos a unos creativos canteros que le daban forma a unas piedras. Al entrar, un hermoso arroyo diáfano y fresco nos dio la bienvenida. Unos restaurantes ofrecían platillos regiomontanos y en unos locales miramos artesanías de la región, sombreros de palma, macetas de barro poroso de Villa de Santiago, cestería de carrizo y mimbre, juguetes de madera, recuerdos de la Cola de Caballo y curiosidades, también había dulces, sin faltar las prestigiadas y deliciosas “glorias”. Por un buen sendero empedrado caminamos arroyo arriba, fuimos apreciando el cordón plateado, que serpenteaba con garbo entre piedras, a las veras, robustos árboles animaban el paraje. Algunos paseantes disfrutaban del entorno en cabalgaduras y otros en carretas con llantas de hule, los cuacos que tiraban las carretas resollaban hondo en las subidas empinadas para sostener el trote, el golpeteo de las herraduras se aceleraba por unos momentos, a la vez que se repetía el ¡arre cuaco! del carretero.

Empezamos a escuchar el murmullo de la caída de agua y luego de unos pasos miramos con emoción, fragmentos de la cascada a través de unos árboles, apretamos el paso y nos quedamos sorprendidos ante tanta belleza, unos puentes permitían el paso de un lado a otro y uno, nos brindó un sensacional acercamiento. Varios hilos blancos hacían un hermoso abanico, que se iba abriendo con gracia en más hilos, que contrastaban con el gris de la piedra y el verde del musgo. La piedra es casi un cono liso, pero  tres cortes se interponen, uno en la parte superior izquierda, otro más abajo y del lado derecho, el tercero al centro y casi a la mitad. Los preciosos hilos caían de 25 metros, formando la atractiva “Cola de Caballo”, y de caballo árabe.

La cascada se fundía en una bonita fosa azul. De la fosa el agua se desbordaba con magia a los costados, creando dos pequeñas caídas, y después se desparramaba en otra caída. Nos encontramos gustosos a un grupo de jóvenes chinos, cada uno con una cámara y a otro de adultos canadienses.

Después de nuestro gozo visual, ascendimos por el camino al puerto Genovevo y a una corta distancia admiramos otra cascada del mismo arroyo del parque, conformado por dos pequeños saltos, el primero de tres chorros y el segundo de siete. Continuamos nuestro andar  por la cautivadora sierra Mauricio.  

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