Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Villa de Santiago Por: EL INFORMADOR 18 de abril de 2010 - 01:41 hs Sobre las faldas noreste del puerto El Gringo, se asentó el sensacional poblado precolombino, Cuarisezapa (tierra de plantas, culebras y guajes), para 1638 se le llamó Valle de San Nicolás y diez años después, Diego Rodríguez de Montemayor la nombró, Valle de Santiago del Guajuco, por encontrarse en el cañón del Guajuco (lugar de abundancia de aguas), nombre del cacique guachichil, quien dominaba el cañón y más a allá, atacó la capital nuevoleonesa en 1624. Para 1831, se le erigió Villa, quedando, “Villa de Santiago”. De la Laguna de Sánchez, nos regresamos. En la laguna se ha registrado 155 días del año de neblina, y eso que carece de agua. Al bajar el cerro Copete la Noria, atisbamos los blancos campanarios de la parroquia de Santiago, y la alargada presa Rodrigo Gómez, nuestra proximidad simplemente nos emocionó. Pasamos Cieneguilla (famosa por su sillar y carrizo) y viramos a la izquierda, rumbo a Monterrey, y a una corta distancia dimos vuelta en el mismo sentido, para entrar a la fantástica Villa de Santiago. En 1716 se constituyó el primer Ayuntamiento, para 1746 fue saqueada por los indios Xanambres, y en 1866, pasó un pelotón francés. Recientemente se le declaró “Pueblo Mágico”. Nos sentamos en una de las bancas de la romántica plaza, un tanto triangulada, pues fue delimitada en su lado poniente, por una preciosa calle que rompió la cuadrícula, creando una atmosfera peculiar. La plaza con una fuente de tres copas en su corazón, donde convergen andadores con bancas y faroles, el hermoso sitio se pavoneaba de estar rodeada por bellas fincas. Desde la banca que ocupábamos, admiramos la antigua “Casa Grande”, del siglo XIX, con aires porfirianos, casa que actualmente alberga el museo de igual nombre y al Palacio Municipal, de planta rectangular y de dos pisos, el primero con puertas esbeltas y arqueadas, el segundo con bizarros balcones sobre el eje de las puertas, delimitados por barandales de elaborada forja y rematados por arcos en relieve. Del lado de la parroquia, se encuentra la entrada principal, que corresponde con la Presidencia Municipal, el segundo balcón se transformó en puerta, adosándose una escalera para dar acceso al museo. Arriba de la cornisa, apreciamos una señorial balaustrada con almenas. La finca fue embellecida por el desnivel del terreno en donde se construyó, desnivel que obedece su calle, calle que disfrutaba un chamaco, serpenteando con una patineta. Era, mediados de enero, y había un alto árbol de navidad con regalos, al lado de la escalera del museo, árbol que animaba el entorno, al fondo de la calle nos llamó la atención una bonita escultura de fierro, sobre una alta columna redonda con capitel dórico, era el apóstol Santiago, quien miraba con gusto a su distinguida parroquia. Enfrente de nosotros, estaba la atractiva parroquia, la cual observamos con gozo, data de 1760 y fue desplantada en una loma, que le sirvió de zócalo y la hizo más alta, bastantes gradas suben al atrio, más de dos docenas. Del costado izquierdo de la escalera frontal estaba un cautivador nacimiento, que sacó partido del desnivel y de las columnas cercanas, donde posaban unos ángeles. En medio del espacio, el nacimiento, en la parte superior, una mula y los Reyes Magos, en la parte baja, borregos y un venado de El Chipitín que se coló. Casi en la esquina había una enorme piñata, una esfera azul salpicada de conos blancos con festones. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones