Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Estero el Borrego Por: EL INFORMADOR 9 de mayo de 2010 - 02:45 hs TEPIC, NAYARIT (09/MAY/2010).-En la falda oeste del cerro La Dos, un maravilloso estero llamado “El Borrego”, comienza a tomar forma. Una mañana salí emocionado con rumbo al puerto de San Blas, el autopista me obsequió bizarras vistas y posteriormente la carretera a San Blas se encargó de ello. El estero El Borrego me dio el parabién al romántico puerto. Pasando el puente del estero, viré a la izquierda dos veces y a dos cuadras de la última vuelta, estacioné el coche en la sombra de una higuera, di unos pasos al embarcadero, donde me encontré a Javier Bañuelos afinando el motor de su lancha, le pedí que me paseara por el estero referido, y fue a llamarle a su padre, Chencho Bañuelos Delgado, a quien salude y me dijo: “Pa luego es tarde”. Alistó su lancha y ocupé la banca de la proa. En la orilla opuesta, aprecié, el embarcadero El Conchal, antes Cristóbal, tuvo actividad antaño y en tiempo de aguas, puesto que para ir al puerto, había que embarcarse en el mentado embarcadero. Cabe citar que el estero fue y es conocido todavía como el estero de Cristóbal. Chencho dirigió la embarcación al sur, el estero nos mostró a lo lejos los cerros: La Gritona y La Campanilla, después vimos el canal que va a La Tobara, luego el estero dio una ligera vuelta a la derecha y súbitamente miramos su boca, con la isla El Plumero y la punta Caleta, el primer peñasco divide la boca y el segundo la identifica. Regresamos estero arriba, enseguida del puente, los mangles rojos y blancos se empezaron a manifestar, pasamos el canal de la albufera Singaitita y en una playa nos cautivaron dos hermosos caimanes y casi en cada playa se dejaban ver, en cuanto nos percibían, dejaban de tomar sol y corrían al agua salobre, donde los escurridizos lagartos se perdían. El agua salada es más pesada que el agua dulce, por ende, la salinidad es superior en el fondo, es una cuña de agua salada por la cual se deslizan los ríos, dicha salinidad permite a los animales marinos introducirse a los esteros, como el caso de las tortugas, que por cierto tuvimos la dicha de admirar una. El estero fue serpenteando con gracia los mangles, al fondo de unos tramos veíamos el cerro Singaita o el cerro Los Negros, cerros que nos indicaban nuestra dirección. El cielo y las veras las fueron embelleciendo hermosas aves: pichichis, cormoranes, espátulas, cigüeñas, garzas tricolor, jacanas y avocetas. Llegamos a una bifurcación, en la cual unos flotadores delataban una red, más adelante entramos por un estrecho y sensacional canal para contemplar la bonita laguna de Chacalilla, delimitada por juncos, sagitarios y espadañas. De vuelta en el estero, vimos el embarcadero de Chacalilla, un claro con una palapa y palmeras. Enseguida miramos un sendero entre alisos, tapizado de hojarasca, sendero que ligaba con la brecha que une a Singaita con Chacalilla, camino sombreado por abundante y variada vegetación, “abundantísimas maderas diferentes y exquisitas” escribió Gálvez en 1768, respecto de su visita a San Blas. Lirios lila floridos enmarcados por acacias y panizos, impidieron nuestro paso por el fantástico estero, espacio mágico lleno de vida, aluvión insólito y expresivo. Chencho movió unos lirios, que la corriente se los fue llevando. Del fascinante estero fui a al restaurante Caballito de Mar, donde degusté unos ricos cocteles de marisco, mirando el oleaje de la playa El Borrego, la palapa fue animada por un trío, luego por un violinista y finalmente por un trovador. Unos chipes brincaban de mesa en mesa por morusas. Temas Pasaporte Veredas Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones