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Suplementos | Por: Vicente García Remus

Veredas

Dolores Hidalgo

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO (23/MAY/2010).- Al noroeste de la mesa El Gusano, se encuentra la histórica y bizarra población de Dolores Hidalgo.

Una radiante mañana, Nicolás y yo, partimos contentos con dirección al Estado de Guanajuato, el arroyo Santa Rosa, cerca de Ojo de Agua de Calvillo, nos dio la bienvenida. Anduvimos por un pintoresco tramo del arroyo, que serpenteaba entre un cerro y una loma, el follaje de añejos sauces lo delataban, del lado del cerro había paredes rocosas, el nítido arroyo bajaba de fosa en fosa, donde los peñascos, los arbustos y los árboles se acariciaban en el reflejo, percibimos la fresca agua con nuestras extremidades por inolvidables momentos.

Un monumento de un alegre charro, nos indicó que nos estábamos adentrando a Dolores, luego de atravesar el puente del río de igual nombre, el monumento a la Bandera nos mostró algo del verdor de La Alameda, cerca se localiza el monumento a Morelos. La calle Guanajuato nos enseñó: la Escuela Josefa Ortiz de Domínguez, de ladrillo aparente; la capilla El Socorrito y el templo neoclásico, El Calvario. Más adelante vimos el espectacular museo dedicado al referido charro, José Alfredo Jiménez, recorrimos una cuadra y nos sorprendió la esbelta parroquia y la animada plaza de armas, con su vibrante Hidalgo, plaza rodeada por hermosas casonas, entre ellas: la Casa de Visitas, que ostenta una arcada trilobulada, y la casa de Mariano Abasolo, que tiene un peculiar balcón con campana, donde baja el callejón Casiano Éxiga, que presume del estremecedor mural “200 años de Libertad”. En la siguiente esquina norte miramos la botica San Vicente, que antaño atendía el farmacéutico Agustín Jiménez, enseguida se ubica el patriótico Museo de la Independencia.

Por la calle Jalisco, apreciamos el atractivo templo de la Tercera Orden, que mira al monumento del Pipila, y al romántico Jardín de los Compositores. Más adelante está el mercado y las viejas cantinas: “Hiedra” y “El Incendio”. Sobre la calle Puebla, se asoman: el interesante Museo Casa de Hidalgo y el cautivador templo de la Asunción, muy cerca hay  fabulosas alfarerías, donde pudimos observar manos talentosas y piezas terminadas. La calzada de los Héroes se pavonea del fantástico Monumento a los Héroes. A los alrededores visitamos: la porfiriana estación del ferrocarril, de piedra aparente y techos a dos aguas; la legendaria Hacienda de la Erre, con sus maravillosos corredores; y la bella capilla de El Llanito.

En el suelo de Dolores estuvo el asentamiento otomí llamado “Cocomacán”, lugar donde se cazan tórtolas. El periodo del primer virrey comprendió de 1535 a 1550, y fue Antonio de Mendoza, quien entregó la merced de quince caballerías a un soldado del ejército de Hernán Cortés, que obedecía a los apellidos, García de Morón, tierras que comprendían a Cocomacán. Para 1568, por indicaciones del virrey Martín Enríquez de Almanza, se fundó una congregación, y fue dedicada a la Virgen de Dolores. En 1710, el cura Álvaro de Osio y Ocampo, con el apoyo económico de María de la O., adquirió potreros del rancho San Cristóbal, uno de los ranchos que formaban la hacienda citada, con objeto de ampliar la congregación, trazar el naciente poblado y edificar un grandioso templo, en su atrio, el célebre cura Miguel Hidalgo y Costilla, inició la lucha por la independencia, el glorioso 16 de septiembre de 1810. El 15 de diciembre de 1790, la congregación fue considerada pueblo y a los pocos años se constituyó el primer ayuntamiento, dejando de pertenecer a San Miguel el Grande. Para el 21 de mayo de 1824, a Dolores se le agregó el apellido Hidalgo, y en 1947, Dolores Hidalgo fue nombrada “Cuna de la Independencia Nacional”.

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