Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | Por: Vicente García Remus

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Ixtlán del Río

Por: EL INFORMADOR

Ixtlán de Río posee imponentes obras arquitectónicas.VICENTE GARCÍA REMUS  /

Ixtlán de Río posee imponentes obras arquitectónicas.VICENTE GARCÍA REMUS /

GUADALAJARA, JALISCO (03/OCT/2010).- Entre los cerros: El Molcajete y El Pedernal, se localiza el bizarro poblado llamado,“Ixtlán del Río”.

Una de tantas mañanas, tomé dirección Oeste, rumbo a Ixtlán del Río, y no es un río sino dos, los que colindan con la población: El río Grande, que baja del cerro Dorado y el Chico, que desciende del cerro Juanacatlán, ríos que se unen después de Ixtlán, para formar el río Ahuacatlán y éste se funde con el Tetitlán, para luego de un buen espacio engrosar el Ameca. El Cristo Rey me indicó mi proximidad a Ixtlán, “lugar de obsidiana”.

Las calles me invitaron a admirar sus preciosas casas de antaño, aprecié dos fincas de dos pisos, con balcones corridos, la más espectacular está en la esquina y presume de vistosos remates en sus puertas, en la planta baja los marcos son de cantera. Un banco ocupa una casona, con vanos en arco de medio punto, la casa vecina tiene un atractivo zaguán. Otra finca color azul pastel, muestra vanos arqueados, dos casas se pavonean de una romántica ventana en su portón de madera. Una tienda con esquina ochavada muestra un señorial remate entre almenas, las esquinas céntricas fueron y son ideales para comercios. Me cautivó una increíble ventana, con una pequeña ventana en una de sus hojas  de madera, que filtraba poca luz, pero suficiente para no tropezar.  Y me entristeció mirar una casa abandonada, que todavía conserva su corredor arqueado. Recorrí varios portales, uno de ellos comprende la Presidencia Municipal, donde observé en unas vitrinas, hermosas figuras antropomorfas, vasijas y obsidianas, por supuesto. Otro portal me condujo al jardín de la parroquia, con fuentes de tres copas, al centro vi el busto de Justo Barajas, benefactor. El atrio ostenta de un insólito monumento y de una legendaria cruz, el monumento es de Santo Santiago, montando un bello corcel, con una espada en su mano derecha y una bandera en la izquierda, la cruz data de 1626, tiempo de la evangelización franciscana. El templo de Santo Santiago es admirable, la puerta principal es dórica, la ventana coral con pliegues y a cada lado posa sobre la cornisa, una elaborada almena, arriba hay un peculiar nicho con una virgen, por remate, se adosó un reloj. Del lado izquierdo, un círculo comprende las escaleras, y del derecho está el campanario, de tres cuerpos y con un vano arqueado por cara. Después caminé a la plaza, donde miré el bonito kiosco francés con arcos trilobulados y el monumento a Eulogio Parra, de cuerpo completo, de pie y con su uniforme militar, oriundo de Ixtlán, quien combatió heroicamente a los invasores franceses.

Everardo Peña Navarro, citó: “las primeras inquietudes político-sociales, empezaron en el Territorio de Tepic, cuando el Gral. Bernardo Reyes apareció como posible sucesor del General D. Porfirio Díaz a la Presidencia de la República. La Revolución empezó realmente en Ixtlán del Río, el 18 de marzo de 1911, no con un grupo, sino que el pueblo en masa se levantó al grito de ¡Viva Madero!; y desde ese día se desconocieron todas las autoridades, y los vecinos de Ixtlán se organizaron en incipiente forma militar para, como era de esperarse, defenderse de los ataques de las fuerzas gobiernistas, como sucedió en efecto en dos ocasiones, con el amago, primero, de una partida de Gendarmes del Territorio, que al fin se unió con el pueblo… Una partida como de cincuenta Rurales que amagó a Ixtlán a principios de mayo, se retiró sin atacar, debido a la actitud enérgica de los vecinos, que en número como de 400 se aprestaron para la defensa. Los Rurales se dirigieron a Ahuacatlán, donde se quedaron a las órdenes del Prefecto Político, que era un señor llamado Felipe Romero.

En el fabuloso periódico que tiene en sus manos, pero en el del domingo 21 de junio de 1936, Nicolás Ramírez Manjarrez  escribió: “El día 23 de marzo de 1912, a las nueve de la mañana, a los toques de atención y enemigo al frente, todo mundo pudo percatarse de un grupo grande de gente armada se avistaba a esta, bajando por la loma del Arrastradero, al poniente de la población, sabiéndose luego que era el Teniente Guerrero con 82 hombres de tropa del Octavo Batallón, y Morales con unos cuantos civiles armados también... A las tres en punto de la tarde, al sonar estas en el reloj de la torre, nos empezaron a tirotear, contestándoseles el fuego; y más o menos una hora después, los vigías del enemigo abrieron el fuego sobre las columnas que llegaban en defensa de la plaza, de cuya presencia nos dimos luego cuenta, por los toques del clarín… Se generalizó el fuego, y era que por el frente al mando del Sr. Capitán Arellano, avanzaba el Octavo Batallón de línea; por el flanco izquierdo venía el Sr. Coronel Isaac Espinosa y por el flanco derecho los Gendarmes del Territorio con su jefe D. Trinidad García. A la Guardia se le ordenó: Alto el fuego y pecho a tierra, y en sus puestos según el caso. Guerrero y sus hombres viéndose acometidos, se retiraron como mejor pudieron, tomando el rumbo de La Cañada, por los Ojos de Agua…”.

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