Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Compostela, parte inicial Por: EL INFORMADOR 14 de noviembre de 2010 - 01:23 hs Palacio Municipal de Compostela, Nayarit. V. GARCÍA / GUADALAJARA, JALISCO (14/NOV/2010).- Entre los cerros: Buenavista y El Carretón, se localiza la histórica población llamada “Compostela”. De Xalisco continué rumbo Sur, rumbo a Compostela, “campo de estrellas”. Después de una recta pasé por Testerazo, luego por Aquiles Serdán y Majadas, posteriormente el camino se fue adentrando a la maravillosa sierra, que me fue brindando pintorescos parajes. Luego del crucero a la Hacienda Miravalles, entré a la legendaria Compostela, o mejor dicho a Santiago de Compostela, el 8 de julio de 1530, Nuño de Guzmán escribió al rey Carlos V, anunciando que las tierras conquistadas las llamó “Conquista del Espíritu Santo de La Mayor de España”, la reina madre, Juana de Castilla al enterarse, indicó que se nombrara “Provincia o Reino de la Nueva Galicia” y a la capital, “Santiago de Galicia de Compostela”, la cual Nuño fundó en Tepic el 25 de julio de 1532. El gobernador Francisco Vázquez Coronado escribió al rey: “los indios que tienen repartimiento están de guerra y otros que no les dan ningún provecho y su ausencia en alguna causa de no estar pacificada esta comarca… los vecinos… quieren mudar a donde esté en más comarca de los indios que les sirven y viendo que el asiento de aquí no es bueno y que los indios reciben beneficio porque no saldrán a servir tan lejos de sus casas”. Para 1540, el gobernador Cristóbal de Oñate cambió el pueblo al valle Coactlán, donde se asienta actualmente. El 13 de febrero de 1540, se dispuso de una Audiencia de cuatro Oidores, quienes por sus abusos provocaron la despoblación, y el 13 de junio se emprendió el Obispado, bajo el nombre Compostelano, siendo el primer obispo, Pedro Gómez Maraver, a quien no le gustó el poblado, regresó a Guadalajara y sugirió cambiar las sedes a la referida población. El segundo obispo, Pedro de Ayala solicitó también el cambio, al cual accedió Felipe II, el 10 de mayo de 1560. El obispo Juan Gómez de Parada y Mendoza, fue oriundo de Compostela. Al llegar a la plaza fui cautivado por el Palacio Municipal, data del siglo XVIII, su fachada principal muestra ocho ventanas verticales con forja, entre el ventanaje se encuentra la puerta, todos los vanos con remate arqueado y clave, sobre la cornisa y en el eje de la puerta, hay una barbicana con volutas. La fachada lateral es similar, pero con una ventana menos y con un escudo nacional en la barbicana, fachada que mira a la plaza. La fachada posterior tiene una puerta y tres ventanas, la puerta anteriormente era ventana. Las puertas de las fachadas: principal y lateral, abren a un zaguán, ambos zaguanes ligan con un corredor, y estos con otro, comprendiendo cuatro corredores, que comunican con los diversos salones y delimitan el patio, de forma rectangular, tres arcos de medio punto por un lado y cuatro por el otro, columnas redondas con capiteles dóricos sostienen las arcadas. Sobre uno de los muros cuelgan los rostros de los alcaldes que han dirigido los destinos de la primera capital neogallega, entre ellos, Prisciliano Sánchez. El palacio cobija al Museo de la Región, que atesora documentos y piezas de los aconteceres neogallegos, el recinto abrió sus puertas en 1977. Antaño la bella finca fue Casa Real, cuartel militar y biblioteca. Del palacio fui al Museo de Historia y Arqueología, pero estaba cerrado -pues abre de lunes a sábado-, sitio que enseña a unos “concheros”, primitivos pobladores de Nayarit, en sus vitrinas hay ollas, vasijas, esculturas, puntas de obsidiana y armas de los siglos XIX y XX, entre otras piezas. Otro museo, que también estaba cerrado, era el de las Artes Populares, con artesanías de los coras, huicholes y tepehuanos. Por lo general, los museos cierran los lunes, no los domingos, pero en fin, habrá que volver. Regresé a la plaza y miré entre palmeras y secuoyas el kiosco, de zócalo decaedro, con majestuosos arcos en sus dos accesos, de dobles columnas, con el escudo de armas arriba del arco, el escudo con una estrella de ocho puntas, hay dos arcos suspendidos, sin columnas, donde trabajan unas dalas, arcos que pierden su esencia y su encanto. Enseguida observé el monumento al cura de Dolores, de pie, con el brazo derecho levantado y la mano empuñada, el brazo izquierdo sin flexión y la mano también empuñada, con la boca abierta, diciendo: “lucharemos con enjundia, para librarnos del dominio inhumano”. Temas Pasaporte Veredas Lee También Entre viñedos, altares y hojas: destinos ideales para el otoño Mascota, el viaje prometido Zacatecas y La Antigua: Viaje a dos joyas históricas de México El arte de saborear Nayarit Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones