Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Por: Vicente García Remus

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El castillo

Por: EL INFORMADOR

El precioso portal Sur del Castillo. V.GARCÍA  /

El precioso portal Sur del Castillo. V.GARCÍA /

GUADALAJARA, JALISCO (06/MAR/2011).- San Marcos, el de Tonila, atesora un hermoso castillo, edificado por un gran amor a una dama de otras latitudes… De los acueductos del ingenio de San Marcos fuimos a admirar la casa grande, del otro lado del ingenio, recorrimos pausadamente el precioso jardín que los separa, subimos unas gradas y apreciamos la fantástica casa, con dos salientes a cada extremo del cautivador portal; los salientes son de planta rectangular, con ventanas verticales, que lucen al igual que las puertas frontones triangulares, las esquinas fueron embellecidas por columnas dóricas en bajo relieve, arriba hay un friso de medias cañas y el cornisamento es un tanto volado. Subimos los ocho peldaños de la bizarra escalera del portal, en semicírculo. Está delimitado por dos columnas redondas con capiteles dóricos, una gruesa buganvilla colorada anima el portal, que comunica con los salones salientes y al centro con el zaguán, enmarcado por columnas dóricas que sostienen un arco elíptico.

Portal que disfrutó el legendario industrial, Daniel Ochoa. Carlos Alba Vega puso en tinta: “El ingenio San Francisco (Ameca) nació en 1903 como un modesto trapiche creado en la hacienda del mismo nombre por Juan R. Zavala, quien fue gobernador sustituto de Jalisco en 23 breves ocasiones entre los años 1896 y 1911. Se empezó a producir piloncillo, su dueño lo transformó para fabricar azúcar y alcohol. En 1914 lo adquirió Daniel Ochoa, quien junto con su hijo Daniel Ochoa Vizcaíno lo amplió en la producción de azúcar y alcohol y después lo vendió a Rafael Salazar en 1928, cuando la fábrica producía mil 900 toneladas de azúcar”. Para 1910, San Marcos era de Manuel L. Corcuera (Sucrs) y contaba con 10 mil 514 hectáreas. Manuel padre era dueño del ingenio de Estipac, que comprendía San Diego, Federico de la Torre, refiere al visionario industrial: “el abogado español Manuel Corcuera propició su modernización tecnológica desde finales de la década de 1870, a partir de ese hecho, la ferrería de Tula se posicionó como una de las predecesoras de la moderna industria siderúrgica mexicana”.

El zaguán nos llevó al insólito interior de la casa grande, de planta rectangular y con cuatro corredores, el primero más amplio y cuatro gradas arriba de los demás, dos columnas redondas hay en los corredores cortos y seis en los largos, con capiteles dóricos. Los corredores delimitan un atractivo jardín con diversos árboles, y conducen a las recámaras, al baño, al comedor y a la cocina, con cuatro hornillas de carbón.

El ala oeste tiene balcones con buenas forjas. Nos sentamos al filo de un portal a contemplar aquel bello espacio. Al salir nos encontramos con Juan José Maldonado, quien nos platicó: “En mayo de 1936, se mataron cerca de treinta individuos, entre militares y civiles, díceres que Bernabé Reyes, quien fuera cristero, atacó a los uniformados, cuando San Marcos estaba de fiesta, era domingo, día 24, día de María Auxiliadora, ese Bernabé era temido en las faldas de los volcanes”. Luego seguimos un andador, que sube a unas escaleras en zigzag que nos llevaron a un sensacional palacete, llamado El Castillo. Chón Espíritu nos dijo: “El hijo del hacendado se enamoró y se matrimonió con una joven muy aristócrata que vivía o asistía con frecuencia al castillo de Chapultepec y para que no lo extrañara, se levantó una réplica en lo alto de la hacienda, sobre el peñón del casco, en menor escala y de un piso”. Nos emocionamos al andar por el bello castillo, los portales carecen de techo; están conformados por columnas redondas, capiteles dóricos y arcos en medio punto, nueve al sur y siete al oriente, con vistas a los follajes, a los jardines y al ingenio.

Los portales abren a las recámaras, entre dos puertas se distingue el arco del zaguán, que comunica con tres corredores, dos con tres arcos y uno con dos. El muro que une los corredores corresponde con el comedor, que ostenta de un arco escarzano, de donde miramos al imponente volcán. El baño es iluminado por un vano circular. Ocupamos unos equipales del mirador aledaño al portal oriente y nos deleitamos de los follajes que nos rodeaban. Más tarde saboreamos codorniz al horno y conejo adobado en el Pinar del Chayán.

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