Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Tabacal Por: EL INFORMADOR 13 de marzo de 2011 - 02:07 hs Hilario sobre la vibrante plataforma de Tabacal. V. GARCÍA / GUADALAJARA, JALISCO (13/MAR/2011).- Al noreste del cerro Grande de Ameca, se localiza el insólito sitio arqueológico denominando, “Tabacal”. Una animada mañana me encaminé rumbo a Ahualulco de Mercado, el cura José María de dicho apellido, escribió a Cabañas: “…tendremos el dolor de ver perecer de hambre una buena parte de los pobres, les hice presente el peligro en que estaba el pueblo de quedarse sin los granos necesarios, para su subsistencia… les propuse como absolutamente necesario el que se constituyere un pósito o alhóndiga, en donde se asegurase las fanegas necesarias para el sustento de las gentes”, religioso que se entregó por el bienestar de la mayoría de los parroquianos, que sufrían por la escasez de frijoles y de maíces. Pasando la Puerta de la Noria, y luego de un cañaveral, viré a la izquierda, con dirección a la legendaria hacienda de Santa Cruz de Bárcena, antes de Ahualulco. El camino fue ascendiendo y a una corta distancia di vuelta nuevamente a la izquierda, por el sendero que lleva a la hacienda, enriquecida por su dueño, el ilustre Mariano Bárcena, como se firmaba, aunque su acta de nacimiento lo refiere como “dela Bárcena”, y en la carta topográfica erróneamente se imprimió como: “Bárcenas”. En la hacienda aclimató varias plantas y las analizó. Promovió grandes avances tecnológicos en la agricultura, cofundador de la Sociedad Agrícola Mexicana. Unos potreros de la hacienda los dedicó para realizar pruebas de cultivos. Impulsó el Boletín agrícola e industrial. Descubrió una especie vegetal que llamó,” Exogonium Olivae”, y clasificó una especie de mineral que nombró, “Livingstonita”, en honor a David Livingstone. Refirió sobre el impacto de la tala inmoderada: “los cambios que sufre la climatología y el empobrecimiento de las tierras”. Dejó bellos libros, como: Ensayo Estadístico del Estado de Jalisco; Geología dinámica y Guadalajara, descripción de 1888. Me detuve a observar la señorial casa grande del destacado ingeniero Mariano, de dos niveles, con bizarros balcones que ven al valle, y el interior me presumió de preciosos arcos toscanos de medio punto, sobre columnas redondas. Miré el acueducto y después subí por la calle 16 de septiembre, estacioné el carro a un costado de una bonita huerta de gruesos ciruelos, la casa aledaña es de adobe y tiene una pequeña ventana que se asoma a la calle. Di unos pasos para admirar el arroyo Agua Prieta, que canturreaba suavemente a zarcillos, a isotes y a targilotes. Entre a una tiendita a preguntar por las pirámides, y en eso llegó un alegre señor cantando sobre su bicicleta cargada de chayotes, era Hilario García Martínez, quien me ofreció enseñarme las pirámides. Atravesamos el atrio del santuario de la Virgen de Juan Diego, para entrar a un potrero, donde al fondo contemplamos la primera pirámide, a un costado de unos sauces y atrás de un lienzo de púas, estaba bien demarcada, era un altar, luego apreciamos una plataforma a un costado, de menores dimensiones, pero llena de energía, más adelante nos sorprendió un bosque de salates, con su atractiva corteza blanca, sus torcidas ramas y sus salientes raíces. A corta distancia nos cautivó una pirámide de buenas proporciones, en lontananza vimos el precioso cerro Grande de Ameca, pavoneándose de sus crestas. Enseguida apreciamos una plataforma un tanto alargada. Unos árboles delataban el cauce del arroyo Santa Cruz. Recorrimos otro potrero, que nos mostró añejos huizaches, los fabulosos palos resguardaban un ojo de agua, que alimentaba dos pilas rectangulares, bebimos la deliciosa agua zarca, enseguida vimos unos montículos. Posteriormente, nos encaminamos en el coche al potrero Tabacal, después de un magueyal fuimos maravillados por una enorme y alta pirámide, emocionados subimos a la plataforma, que es todo un observatorio. Dominamos todo el horizonte, desde La Tetilla, el cerro de Amatitán, Ahualulco, Los Picachos, Teuchitlán, la presa de La Vega, la caldera de Los Lobos, Tala y Ojo de Agua. El vibrante lugar lo compartíamos con unos cuacos. Weigand nos dice: “Las cerámicas más tempranas de este complejo han sido identificadas por el arqueólogo Javier Galván, del Centro Regional de Occidente (I.N.A.H.), y fechan desde 700 d. C., aproximadamente, por lo que paceré ser que el primer período de construcción sucedió durante los últimos días de la Tradición Teuchitlán. El sitio se expandió rápidamente, añadiendo otros dos complejos ceremoniales, de los cuales el más hermoso e impresionante es el Palacio de Tabacal… la iconografía es, sin lugar a duda, tolteca… Santa Cruz no duró mucho: para el siglo XIII ya estaba declinando, y 100 años después parece haber sido abandonada… esta importante y bien conservada ruina merece ser protegida”. Más tarde fuimos a Soky, donde degustamos debajo de una palapa, unas ricas tostadas de ceviche, unos tacos de hueva, y unos deliciosos cocteles de pulpo y camarón. El cantar de un mariachi animaba la palapa. Temas Pasaporte Veredas Lee También Zacatecas y La Antigua: Viaje a dos joyas históricas de México El arte de saborear Nayarit Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones