Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Villa de García Por: EL INFORMADOR 3 de abril de 2011 - 02:14 hs El cautivador templo de San Juan Bautista en Villa de García, Nuevo León. V. GARCÍA / GUADALAJARA, JALISCO (03/ABR/2011).- Entre la loma Las Tinajas, el cerro Gordo y el picacho El Fraile, o también llamado La Rana debido a su forma, se encuentra la bizarra Villa de García. Después de haber contemplado las bellas formas de las Grutas de García, nos encaminamos a la Villa de igual nombre. Tras unos nueve kilómetros recorridos, apreciamos en la calle Gerardo Garza García, las altas tapias de adobe del legendario casco de la hacienda “San Juna Bautista de Pesquería Grande”, fundada en 1583 por el capitán Manuel de Mederos. El río aledaño fue llamado Pesquería y en su ribera se localiza la Cueva Ahumada, que presume de pintura rupestre, al igual que unos sitios cercanos a la hacienda Icamole. Enseguida del casco, admiramos la primitiva Presidencia Municipal, con atractivos marcos en sus vanos, rematados por águilas nacionales en relieve. El 13 de marzo de 1851, Villa Pesquería Grande fue elevada a municipio y el Congreso le cambió el nombre por “García”, en honor a Joaquín García de La Garza, oriundo de Pesquería, quien para 1818 fuera diputado local y federal en distintos congresos, a sus 39 años fue el primer alcalde de la Villa de Santa Catalina, hasta 1821. En 1829 fue gobernador de Nuevo León, el siguiente periodo fue reelecto. Para 1837, ocupó la gubernatura por indicaciones de Anastasio Bustamante. Fue abuelo de los gobernadores: Canuto García y Genaro Garza García. A unas cuadras, en la calle del libertador de México, nos cautivó el templo de San Juan Bautista, con un vistoso atrio con tres señoriales puertas, una al frente y dos laterales, observamos columnas dóricas sosteniendo un arco de medio punto en la puerta de enfrente, y un arco agudo rebajado en las puertas laterales. A los costados se pusieron dos columnas redondas con capiteles jónicos, la puerta de enfrente con cornisa y las laterales carentes de ella. Por remate un frontón truncado y dentado, con una cruz en su parta superior. El atrio fue delimitado por una barbicana, sobresaliendo pilastras cuadradas con almenas esféricas, y rejas entre ellas. Unos pinos animaban el espacio. La fachada principal muestra una puerta en arco de medio punto sobre columnas dóricas, por lado hay dos columnas jónicas, la primera redonda y la segunda cuadrada. Arriba del cornisamento, está la ventana coral, vertical y con forja, enmarcada por una columna jónica por costado, y una cornisa con volutas. Las columnas del primer cuerpo se repiten en el segundo cuerpo, en sus flancos interiores hay un nicho vacío. Por remate, está una barbicana con volutas y almenas en bulbo, coronada por una cruz de fierro, en su interior hay un nicho ovalado con el santo patrono. Del lado izquierdo del templo se levantó el campanario, de planta arquitectónica cuadrada y consta de dos cuerpos, el primero con un vano arqueado por cara y el segundo con reloj, mostrando una caratula circular por costado. En las esquinas de la cornisa luce una almena, se cubrió con un cono sobre una base octagonal, con un pequeño vano por cara. La fachada Este, nos mostró una alta ventana arqueada y una puerta con capiteles y cornisa. Cada 24 de junio hay fiesta. Los adobes que cobijan el recinto datan de 1735. Frente al templo, un precioso jardín nos invitó a gozarlo, caminamos pausadamente por sus amplias explanadas que antaño fueron calles, el corazón del jardín es una bonita fuente circular, palmeras, pinos y fresnos dan sombra a las bancas y al pasto. Añejas casas colindan con el jardín, con románticos zaguanes, y sensuales ventanas verticales de cuatro hojas, resguardadas con foja. Una de las casonas, nos enseñó frontones triangulares en sus vanos y en su techo, el detalle curioso fue el remate del techo. Algunas casas se convirtieron en comercios, unos con antigüedades y otros con artesanías, espacios que se fueron embelleciendo por cada pieza, por cada expresión… Una finca alberga la Casa de la Cultura, donde se manifiestan diversas exposiciones. En aquel insólito jardín había una mesa, y era del restaurante “Icamole”, nos giñó el ojo y para pronto la ocupamos, como aperitivo un ponche de granada y un queso con cecina, le siguieron unas viandas con chiles en escabeche, jugosa carne y jitomate en salmuera. Entre el follaje se dejaba ver el bonito templo. Temas Pasaporte Veredas Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones