Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Museo El Ojo Por: EL INFORMADOR 10 de abril de 2011 - 02:26 hs La adaptación museográfica la realizó la arquitecta Rosy Bustuindi. V.GARCÍA / GUADALAJARA, JALISCO (10/ABR/2011).- En la calle del cura libertador de la Villa de García, se asoman preciosas casas de antaño, dos de ellas se transformaron en museo: Museo Casa Rosa y Museo el Ojo. Del sabroso restaurante Icamole, la calle Hidalgo nos invitó a caminarla y admirar sus añejas fincas de adobe, nuestro andar fue pausado, debido a las agradables fachadas, la mayoría de las casas con zaguanes animados por plantas, flanqueados por ventanas verticales, de dos o cuatro hojas y con elaborada forja. Otro encanto de la calle, es la ligera curva que hace con gracia, rompiendo el adefesio del trazo recto, esa curva le da un movimiento hechizante a la calle. Vimos un zaguán rematado en arco escarzano y con clave en relieve, arriba del arco decía: Museo El Ojo. No dudamos atravesar el umbral de aquel hermoso zaguán, amplio, rústico y embellecido por enormes piezas de cerámica prehispánica, que brindaban una especial vibra al espacio. En breve se presentó un amable señor de siete décadas y nos dio la bienvenida al insólito museo de cerámica, albergado por una bella estancia de 1835, más de 35 lustros ventilaban los espacios que nos rodeaban. Sus dueños: Mauricio y Norma Fernández; Norma estaba presente a través de una escultura, ambos decidieron compartir su finca para regalarnos goces visuales de fantásticas y expresivas piezas ancestrales de barro, de barro expresivo. Al iniciar el presente siglo, la finca fue restaurada por el arquitecto Jorge Loyzaga, rescatando y conservando el diseño original, reemplazando los materiales dañados por materiales similares, adobes, ladrillos, piedras, canteras, maderas y herrajes. Marco Aldaco hizo lo suyo. La adaptación museográfica la realizó la arquitecta Rosy Bustuindi. Y en abril de 2000, se inauguró como museo, con el objetivo eje de promover la cultura en la entidad, y sumando otro atractivo a la Villa de García. A más atractivos, más fuereños… Se logró recopilar 300 piezas, parte de ellas fue reunida por Emilio Azcárraga Milmo, “El Tigre”, para el Mundial de Futbol México 86, material con el que se abrieron las puertas del Centro Cultural Arte Contemporáneo de la Ciudad de México. Mauricio y Norma, aportaron otras piezas arqueológicas. Al unirse las dos colecciones, se enriquecieron y sobre todo enriquecieron a sus visitantes. Buen comienzo de siglo. Nuestra emoción se desbordó cuando vimos la entrada de una sala con tres atractivos tibores, llamada “Tonalá”, cuna alfarera por excelencia, donde apreciamos fabulosos cántaros prehispánicos, platones, gatos y palomas en barro bruñido, se me olvidaba mencionar, los famosos jarros tonaltecos. Luego entramos a la sala dedicada a “Puebla”, con bizarras piezas, jirafas, leones y chivos, mujeres con vestidos floridos, una cargando un cántaro, otra con una cazuela y en su rebozo un chilpayate, tibores, y sobre los muros colgaban simpáticas calaveras. Enseguida nos encontramos con la sala “Metepec”, con formidables árboles de la vida, uno con mujeres desnudas y pescados, otro con el Sol, la Luna y una estrella, un árbol de la muerte, el arca de Noé, soles con diablos y diablas, y una representación de un tianguis. Al ver la sala contigua, eché un huaco de gusto, era “Tlaquepaque”, con preciosas ollas, enormes tibores, macetas, nacimientos, tinas y platos. La última sala me estremeció al grado de que se me humedecieron los ojos, estaba la palabra “Jalisco”, con formidables piezas, platones, jarrones, cazuelas, tibores y tinas. En 1821, Victoriano Roa puso en tinta: “Cada familia de Tonalá mantiene en su choza una fábrica de loza, en la que todos son operarios. El horno se halla dispuesto en esta forma: en un rincón de su patio hacen un circulo de piedra y lodo, que tendrá dos o tres varas de diámetro…”. Cuatro sensacionales corredores nos fueron llevando a las salas, delimitados por gruesas y altas columnas cuadradas, que soportan arcos en medio punto, los arcos comprenden un bonito jardín y los corredores fueron alegrados por tibores, jarrones, tinas y macetas con helechos y cactus. Ocupamos una banca de un corredor, para percibir el encanto de las arcadas, con sus cerámicas, formadas por manos creativas, cocidas a leña, y pintadas con profundo sentimiento. Miramos un pozo de agua, con brocal octagonal y polea. Cristina comentó: “es probable que el pozo le dio el nombre a la finca y después a el museo”. Victoriano escribió: “Tonalá y su distrito usan de los pozos para el propio efecto (regar sus huertas), además de lo que nace de diez y siete ojos que están diseminados en la comprensión de su ayuntamiento”. De los corredores seguimos un pasillo bañado de luz, que nos condujo a un increíble establo, con comederos, gruesos arcos, carente de entrepiso y de vacas, el lugar lo ocupaba una gran mesa de tablones, una ventana del segundo piso iluminaba el alto techo. El espacio ve a un acogedor jardín, que ostenta de una explanada con equipales de cantera, equipales que ocupamos un rato. Temas Pasaporte Veredas Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones