Viernes, 10 de Octubre 2025
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El Obispado

Por: EL INFORMADOR

El legendario Obispado.V. GARCÍA  /

El legendario Obispado.V. GARCÍA /

GUADALAJARA, JALISCO (08/MAY/2011).- La calle Rafael José Verger se pavonea de una bella obra barroca: “El Obispado”.

Un día más de disfrutar Monterrey, la ciudad de las montañas, embellecida por el Cerro de las Mitras, la Sierra San Miguel, la Meseta de Chipinque, la Cañada Hoya del Venado, el Cerro Potrero de las Yeguas y el emblemático Cerro de la Silla y su sierra. Los obispos tapatíos solicitaron crear nuevos obispados para cubrir las grandes extensiones conquistadas. José de Osorio (mariscal de campo) recomendó: “Sería muy del caso la erección de dos sedes episcopales, una en San Luis Potosí y otra en el Nuevo Reyno de León”.  El rey Carlos III, le solicitó al Papa Pío VI la fundación del obispado para el Nuevo Reino de León, con sede en San Felipe de Linares. El Papa eligió al franciscano Antonio de Jesús Sacedón, consagrado en 1779, quien camino a Linares se detuvo en Monterrey a descansar, pero su descanso fue eterno. Para 1783, se consagró a Fray Rafael José Verger y Suau, quien, en abril de 1785, pidió al rey que la sede fuera en Nuestra Señora de Monterrey. Para el siguiente año hubo una tremenda helada, provocando carestía de alimentos, por ende se nombró “el año del hambre”. El obispo decidió dar empleo a los labriegos (afectados por sus siembras) y el 30 de mayo de 1787, solicitó una merced en la Loma de Vera para edificar el Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe, deseando que Monterrey, fuera sede del naciente obispado; murió en 1790, al poco tiempo se termino el palacio. En 1792 se expidieron las bulas para la consagración del doctor Andrés Ambrosio de Llamas y Valdez, el 7 de diciembre llegó a Monterrey, el permiso para ser la sede episcopal estaba aprobado. Promovió el Real y Tridentino Colegio Seminario, y apoyo el hospital para pobres Nuestra Señora del Rosario. Solicitó al arquitecto Juan Bautista Crousent realizar la traza de la creciente población, partiendo de la nueva catedral que inició.  El territorio del obispado comprendía hasta Nuevo Orleáns.

Cuando llegamos al obispado, fuimos cautivados por su bella capilla que se levantó sobre un zócalo de buena altura, 31 peldaños suben a su puerta, altura que nos mostró su fachada principal de estilo barroco, la planta arquitectónica fue cuadrada, detalle peculiar. Columnas conformadas por medios círculos y con capiteles dóricos sostienen un bonito arco conopial, dos columnas barrocas por costado, entre ellas un nicho vacio. En el segundo cuerpo y en el eje de la puerta está un nicho enconchado con la virgen patrona, hay dos almenas por lado y unas volutas rematan con los costados superiores del nicho. En las esquinas lucen columnas estriadas, que suben a dos campanarios, que fueron adosados y le restaron al bonito tambor octagonal de la cúpula, con ventanas verticales, ocho gajos forman la cúpula, coronada con linterna y cruz. Los campanarios tienen vanos arqueados y cúpula.
Atravesamos aquel arco conopial y el fantástico Museo Regional de Historia de Nuevo León nos dio la bienvenida, deleitándonos con 10 hermosas salas llenas de vibrante historia, tres mil piezas suman el acervo cultural, admiramos: objetos arqueológicos, figuras talladas en piedra, oleos de Miguel Cabrera y de Antonio Vallejo, un oleo de la Santa Patrona, del siglo XVIII, otro de Miguel Hidalgo del siglo XIX y uno de Benito Juárez, de José Escudero y Espronceda, la pila bautismal del Convento Franciscano de San Andrés, la maravillosa imprenta traída por fray Servando Teresa de Mier a Nuevo León en la época de la independencia, unas vitrinas con banderas revolucionarias y otras con uniformes militares, elegantes carruajes, la bonita escultura de Santo Domingo, crucifijos, máquinas diversas, fotografías, herramientas y bastantes cosas más. Un espacio fue dedicado a la industria, evocando la Cervecería Cuauhtémoc (1890), la Fundidora de Fierro y Acero (1905), y la Vidriera Monterrey (1909).

El Obispado funcionó como cuartel durante la lucha por la independencia, en una ocasión fue ocupado por la tropa del realista Joaquín de Arredondo. En 1846 fue tomado por el invasor ejército estadounidense. Cuando se promulgó la Ley de Nacionalización de Bienes del Clero, el gobernador Santiago Vidaúrri dispuso del Obispado en noviembre de 1860 para destinarlo como escuela de artes y oficios. Para 1888 funcionó como hospital para atender a los contagiados de la fiebre amarilla. El 8 de diciembre de 1932, fue declarado monumento colonial. En 1950 inició su restauración y el 20 de septiembre de 1956 se inauguró como “Museo Regional de Historia de Nuevo León”. En la cima de la referida loma, hay un fantástico mirador de donde se pueden apreciar varios parajes de la industriosa ciudad de Monterrey con sus montañas; el mirador ostenta de ondear una preciosa y grande bandera de México, muy grande,  considerada la de mayores proporciones del país, para ser vista de muy lejos y recordarnos de nuestra querida República que nos cobija, una neblina nos impidió observarla en aquella tarde.

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