Cultura
Alghero, la Cataluña de Italia, busca las huellas de su pasado
La relación se remonta al siglo XIV, cuando el rey Pedro IV de Aragón repobló la ciudad de catalanes y convirtió Alghero en una fortaleza de la corona aragonesa
ALGHERO, ITALIA (06/JUN/2010).- Hace cincuenta años, un grupo de intelectuales catalanes redescubrió que en el centro del Mediterráneo, en la isla de Cerdeña, había una ciudad en la que se hablaba catalán, pero, hasta hoy, no existía un puente real con esa "gran metrópoli" que para los habitantes de Alghero era Barcelona.
En la última década, las conexiones aéreas, los convenios entre universidades y los flujos de información crecientes han aumentado la curiosidad recíproca entre estas dos ciudades mediterráneas, que viven realidades políticas distintas pero comparten una misma lengua: el catalán.
La relación se remonta al siglo XIV, cuando el rey Pedro IV de Aragón repobló la ciudad de catalanes y convirtió Alghero en una fortaleza de la corona aragonesa, con la resistencia infructuosa de la población sarda.
A partir de 1714, como consecuencia de la Guerra de Sucesión, Alghero perdió toda relación con Cataluña y el destino de esa lengua compartida quedó reducido a la transmisión oral.
Pero en 1960, un grupo de intelectuales encabezado por el fotógrafo Pere Català Roca, organizó un viaje en barco a Alghero, de la que sólo unos pocos habían oído hablar y a la que se había dado la espalda durante siglos.
La gente de esta ciudad, que hoy tiene 45.000 habitantes, aún recuerda la llegada de aquellos forasteros que provenían de Barcelona, casi inexistente en su imaginario, y su sorpresa al reconocer la lengua en la que hablaban.
"En aquel momento había un rechazo frontal hacia las lenguas minoritarias, la unificación de Italia tenía que pasar por la unificación lingüística y cualquier otra lengua era considerada una amenaza", apunta a Efe Joan Elíes, director de la sede que la Generalitat de Catalunya tiene desde hace un año en Alghero.
Hoy, cincuenta años después de aquel viaje que se bautizó como "Retrobament" -reencuentro-, y al que la ciudad rendirá homenaje entre el 23 y el 27 de junio, Alghero intenta recuperar su memoria y redescubrir una identidad que tiene como referente Barcelona.
Una idea que comparte con el cantante Claudio Sanna, símbolo de esta conciencia identitaria "que no tiene connotación política", matiza, pero que revela "una riqueza y una unicidad que no puede perderse".
Sanna recuerda cómo, hace años, viajar a Barcelona era una "aventura" de días. Su música es un reflejo de los cambios de las últimas décadas, del aún "insuficiente" intercambio cultural o las curiosidades que encierra la lengua de Alghero, que ha bebido del italiano y del sardo y conserva muchas formas del catalán antiguo.
Una de sus canciones de más repercusión es "Santa Ryanair", un tema que lanza con ironía la pregunta de si la compañía aérea irlandesa, que introdujo la conexión entre Alghero y Cataluña, puede "salvar" la lengua.
"Antes los jóvenes no tenían conexión con Barcelona y ahora sí la tienen, pero hay que hacer más cosas, abrir los círculos generacionales, valorar la propensión artística de la gente", afirma el cantante, quien lamenta que Alghero "no cuente con una literatura o un mercado de arte propios".
En el marco de las dos leyes que desde los años 90 otorgan un reconocimiento a las minorías lingüísticas en Italia, la Generalitat, junto a asociaciones culturales, ha impulsado proyectos de promoción de la lengua que han instaurado la enseñanza del catalán en 30 centros educativos.
Según datos facilitados por esta institución -relativos a la última encuesta, de 2004- un 22,4 por ciento de la población de Alghero tiene el catalán como primera lengua, frente al 59,2 que se comunica en italiano y el 12.3 por ciento en sardo.
Un 13,9 por ciento utiliza el catalán como lengua habitual.
"Muchos jóvenes han hecho un autoreciclaje lingüístico y han aprendido por voluntad propia, porque se lo han autoimpuesto", destaca Pere Lluis Alvau, periodista y funcionario del ayuntamiento.
Para Alvau, "queda mucho por hacer para fomentar el intercambio cultural entre Cataluña y Alghero".
Pero la bandera -igual a la catalana-, el paseo marítimo -diseñado por el arquitecto barcelonés Joan Busquets- o la rotulación de las calles -en catalán y en italiano- convierten Alghero en un microcosmos dentro de la polifacética Italia, un reclamo para turistas y refugio para todo aquel que quiera viajar en el tiempo.
En la última década, las conexiones aéreas, los convenios entre universidades y los flujos de información crecientes han aumentado la curiosidad recíproca entre estas dos ciudades mediterráneas, que viven realidades políticas distintas pero comparten una misma lengua: el catalán.
La relación se remonta al siglo XIV, cuando el rey Pedro IV de Aragón repobló la ciudad de catalanes y convirtió Alghero en una fortaleza de la corona aragonesa, con la resistencia infructuosa de la población sarda.
A partir de 1714, como consecuencia de la Guerra de Sucesión, Alghero perdió toda relación con Cataluña y el destino de esa lengua compartida quedó reducido a la transmisión oral.
Pero en 1960, un grupo de intelectuales encabezado por el fotógrafo Pere Català Roca, organizó un viaje en barco a Alghero, de la que sólo unos pocos habían oído hablar y a la que se había dado la espalda durante siglos.
La gente de esta ciudad, que hoy tiene 45.000 habitantes, aún recuerda la llegada de aquellos forasteros que provenían de Barcelona, casi inexistente en su imaginario, y su sorpresa al reconocer la lengua en la que hablaban.
"En aquel momento había un rechazo frontal hacia las lenguas minoritarias, la unificación de Italia tenía que pasar por la unificación lingüística y cualquier otra lengua era considerada una amenaza", apunta a Efe Joan Elíes, director de la sede que la Generalitat de Catalunya tiene desde hace un año en Alghero.
Hoy, cincuenta años después de aquel viaje que se bautizó como "Retrobament" -reencuentro-, y al que la ciudad rendirá homenaje entre el 23 y el 27 de junio, Alghero intenta recuperar su memoria y redescubrir una identidad que tiene como referente Barcelona.
Una idea que comparte con el cantante Claudio Sanna, símbolo de esta conciencia identitaria "que no tiene connotación política", matiza, pero que revela "una riqueza y una unicidad que no puede perderse".
Sanna recuerda cómo, hace años, viajar a Barcelona era una "aventura" de días. Su música es un reflejo de los cambios de las últimas décadas, del aún "insuficiente" intercambio cultural o las curiosidades que encierra la lengua de Alghero, que ha bebido del italiano y del sardo y conserva muchas formas del catalán antiguo.
Una de sus canciones de más repercusión es "Santa Ryanair", un tema que lanza con ironía la pregunta de si la compañía aérea irlandesa, que introdujo la conexión entre Alghero y Cataluña, puede "salvar" la lengua.
"Antes los jóvenes no tenían conexión con Barcelona y ahora sí la tienen, pero hay que hacer más cosas, abrir los círculos generacionales, valorar la propensión artística de la gente", afirma el cantante, quien lamenta que Alghero "no cuente con una literatura o un mercado de arte propios".
En el marco de las dos leyes que desde los años 90 otorgan un reconocimiento a las minorías lingüísticas en Italia, la Generalitat, junto a asociaciones culturales, ha impulsado proyectos de promoción de la lengua que han instaurado la enseñanza del catalán en 30 centros educativos.
Según datos facilitados por esta institución -relativos a la última encuesta, de 2004- un 22,4 por ciento de la población de Alghero tiene el catalán como primera lengua, frente al 59,2 que se comunica en italiano y el 12.3 por ciento en sardo.
Un 13,9 por ciento utiliza el catalán como lengua habitual.
"Muchos jóvenes han hecho un autoreciclaje lingüístico y han aprendido por voluntad propia, porque se lo han autoimpuesto", destaca Pere Lluis Alvau, periodista y funcionario del ayuntamiento.
Para Alvau, "queda mucho por hacer para fomentar el intercambio cultural entre Cataluña y Alghero".
Pero la bandera -igual a la catalana-, el paseo marítimo -diseñado por el arquitecto barcelonés Joan Busquets- o la rotulación de las calles -en catalán y en italiano- convierten Alghero en un microcosmos dentro de la polifacética Italia, un reclamo para turistas y refugio para todo aquel que quiera viajar en el tiempo.