Cultura
Arquitectura sin cosas artificiosas
El arquitecto que concibió varios edificios emblemáticos de nuestra ciudad comparte su experiencia como generador de proyectos
GUADALAJARA, JALISCO (25/MAR/2014).- Desde muy chico me gustó hacer cosas creativas”, refiere el arquitecto Leopoldo González Font, “y esos juegos implicaban, a veces, hacer una construcción con cartones o maquetas, sin que yo supiera que eso era ser arquitecto”. En aquellos años, recuerda que la profesión “prácticamente no existía”, apenas se conocían algunos nombres –entre ellos, quienes integraron la llamada Escuela Tapatía de Arquitectura, como Luis Barragán, Rafel Urzúa o Pedro Castellanos– y habían estudiado ingeniería y, por ello, no había muchos modelos a seguir.
En 1948 se funda la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Guadalajara (UdeG) pero, cuenta Fernández Font, en un principio él optó por la ingeniería como área de estudio en la preparatoria para, poco después, descubrir que sus amigos que estudiaban arquitectura “hacían lo que a mí me gustaba, dibujar y generar proyectos. De ahí para adelante, sin saber bien a bien a qué me metía, fui queriendo lo que me encontré”.
EN MEDIO DE TRANSFORMACIONES
La ciudad
Como espectador privilegiado, a Fernández Font le ha tocado atestiguar las transformaciones de la zona metropolitana durante el último medio siglo; en su opinión, ampliar las avenidas Juárez y 16 de septiembre “fue un error, debieron abrirse circulaciones Norte-Sur y Oriente-Poniente, pero en vías que permitieran dejar libre al Centro Histórico de demoliciones, de tráfico pesado, para dejar un cuadro perfectamente preservado”; pero ante eso contrapone que “la apertura de plazas ha sido un acierto porque, en una ciudad muy densa, ampliaron el espacio público”.
Por otro lado, apunta, “la falta de planeación a largo plazo es algo gravísimo, porque no se ha logrado concretar un plan de desarrollo urbano de la zona metropolitana desde 1980; de ahí para adelante ha habido intentos, pero siempre hubo intereses particulares y políticos que lo posponen, y cada municipio trabaja por su cuenta en una serie de absurdos, todo por la falta de coordinación”.
En cuanto al “caos vial” de la urbe, Fernández Font dice que “se ha querido resolver dando preferencia al vehículo particular, el 80 por ciento de los automotores mueven a no más del 20 por ciento de la gente; el resto de la personas se mueve a través de un transporte público muy ineficiente. Cambiar esa perspectiva es complicado debido a la falta de planeación, que creo es la mayor falla actual”; pero en el espectro general “sigue habiendo gente muy capaz y hay buenos proyectos. El futuro es promisorio y tal vez veamos cambios en el futuro”.
APUNTES
El pasado
En un tiempo en el que no existían computadoras, comenta Fernández Font, los estudiantes comenzaban prácticas en serio desde antes de titularse; “el arquitecto generaba las ideas, utilizando el lápiz, hacía un croquis o algo, se estudiaba y se proponían modificaciones. Había trabajo porque se hacía diseño; ahora, a veces los muchachos consiguen oportunidad como residentes de obra, pero el dibujante ya no existe. Hoy día, no hay muchos estudiantes que participen del proceso creativo en la chamba y creo se ha perdido una oportunidad que se tenía cuando no había computadoras”.
Lo anterior, apunta, “porque este proceso, al desarrollar un proyecto a mano, con el lápiz, es uno que psicológicamente tiene más validez que con una computadora, que realiza los cambios muy rápido ni da tiempo de reflexionar, no da la lentitud provechosa del trabajo manual. Hay una comunicación directa entre el cerebro y la punta del lápiz, muchas veces se dibuja y no se sabe con precisión hacia dónde va todo aquello; eventualmente, se modifica la idea y eso genera algo que estaba en la cabeza, pero no de manera consciente”.
SU LABOR
La docencia y el futuro
Con 45 años en el ejercicio de la docencia, el arquitecto es claro al decir que a sus alumnos “no les enseño, los acompaño en su proceso de descubrimiento. He aprendido más dando clases que lo que pueda enseñar. Mi última década de maestro –preferiría decir ‘acompañante’– di clase en mi despacho, fueron reuniones muy participativas y pienso que mi experiencia ha sido enriquecedora, además, fueron las vacaciones de mi vida. Apenas me retiré de las clases hace poco menos de dos años, pero estoy cansado y me reclama la familia”.
En este orden de ideas, el maestro afirma que, a futuro, “los retos son para todos. Vivimos una época de cambios muy importante gracias a las innovaciones tecnológicas. Dice Zygmut Bauman que todo cambia tan rápido que no se puede siquiera asimilar lo que pasa y, además, se genera una gran sensación de inseguridad, algo que me parece grave. No sabemos lo que sucederá, pero creo que Bauman no anda muy errado y lo que sigue, creo, es muy incierto”.
Finalmente, desde el punto de vista de la arquitectura, dice que “hay grandes avances en tecnología de construcción y diseño que generan nuevas maneras de hacer las cosas; sin embargo, insisto, el ser humano sigue siendo el que es, tiene sus necesidades, y en la medida que la arquitectura genere espacios útiles que las solventen, servirá. Si genera envidias, estrés o esquizofrenia, será mala arquitectura”.
Socialmente responsable
Vicente Pérez Carabias, autor de la monografía de Fernández Font, rescata el concepto de “arquitectura socialmente responsable” a que se adscribe el maestro, el cual “fundamentalmente implica que lo que se haga sea útil a la sociedad (además de al dueño), que no agreda ni recalque las desigualdades. Los aspavientos de cierta arquitectura moderna que busca la forma por la forma crean una cierta cultura, porque la disciplina tiene valor pedagógico, en la medida que las construcciones pueden indicar cómo se vive o expresa el arte en determinadas épocas; en la medida que eso fomente la convivencia, una idea de justicia o equilibrio social, se es socialmente responsable”; en contraposición a eso, “hay doce o quince arquitectos ‘estrellas’ cuyo afán es monumental, visual y de lucimiento. Pero de hecho, eso forma parte del ejercicio profesional”.
Detalla Fernández Font que la arquitectura “debe tener un valor estético ineludible porque si la obra no lo tiene, estamos creando un entorno desordenado, que ofende, y ahí vivirá el ser humano en sociedad. En la medida que hagamos un ambiente agradable, tranquilo, que brinde armonía, se cumple una función social; si la arquitectura se convierte en estridencia, explosiones de egocentrismo o cosas por el estilo, creo yo que está mal”.
Y agrega, “todo eso me parece que falta a la ética profesional; creo que explosiones como las de Dubai y sus construcciones impresionantes –que es un proyecto probablemente justificado– para los demás países son una agresión muy fuerte, puesto que sus imágenes circulan por todo el mundo. Cuando no se tienen límites se dan esa clase de aspavientos; quienes sí los tenemos, vemos eso con tristeza”.
El proceso creativo
Aunque Fernández Font reconoce las virtudes de la imaginación en el proceso creativo, el arquitecto dice que no debe olvidarse que “hay necesidades de los clientes y programas que estipulan requerimientos, donde está lo que significa el edificio y qué debe expresar. Esas determinaciones deberían estar escritas, porque van delimitando los campos del proyecto, características que luego se deben interpretar. Pero ese proceso se da a través del dibujo, lo que llamo proceso de creación progresivo; así va desarrollándose un proyecto, a veces de modo difícil, otras de forma gozosa”.
En una reciente monografía sobre su labor y trayectoria, el autor –Vicente Pérez Carabias– califica a Fernández Font como el más “natural” entre los arquitectos de su generación, lo que “quizás se deba a que me he ocupado de la arquitectura de una manera espontánea, sin buscar cosas artificiosas”, dice el arquitecto.
Con todo, señala, en cuanto a los trabajos que a lo largo de más de 50 años de ejercicio profesional le han influido, “no creo que haya ningún proyecto químicamente puro; todo tiene antecedentes y vivimos una evolución creativa, siempre nos apoyamos en un evento anterior para seguir adelante”.
EL DATO
Edificaciones concebidas por Fernández Font
Templo de Cristo Resucitado (1969)
Econhotel Plaza del Sol (1970)
Hoteles Aranzázu (1974)
Banco de México (1979), actual sede del SAT de la SHCP
Torre II Hotel Plaza del Sol (1980)
Cámara de Comercio de Guadalajara (1988)
Templo de La Luz del Mundo (1992)
SABER MÁS
Presentación del libro
Título: Leopoldo
Fernández Font
Autor: Vicente Pérez Carabias
Colección: Monografías de arquitectos del Siglo XX
Lugar y hora: Miércoles 26 de marzo a las 19:00 horas
Sede: Salón Guadalajara 3 de la Cámara de Comercio de Guadalajara (Av. Vallarta 4095, Colonia Camino Real, Zapopan)
Presentadores: José María Murià, Fernando Fernández Pérez Rulfo, Julio César Herrera Osuna, Vicente Pérez Carabias y el arquitecto Leopoldo Fernández Font./ Entrada libre.
En 1948 se funda la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Guadalajara (UdeG) pero, cuenta Fernández Font, en un principio él optó por la ingeniería como área de estudio en la preparatoria para, poco después, descubrir que sus amigos que estudiaban arquitectura “hacían lo que a mí me gustaba, dibujar y generar proyectos. De ahí para adelante, sin saber bien a bien a qué me metía, fui queriendo lo que me encontré”.
EN MEDIO DE TRANSFORMACIONES
La ciudad
Como espectador privilegiado, a Fernández Font le ha tocado atestiguar las transformaciones de la zona metropolitana durante el último medio siglo; en su opinión, ampliar las avenidas Juárez y 16 de septiembre “fue un error, debieron abrirse circulaciones Norte-Sur y Oriente-Poniente, pero en vías que permitieran dejar libre al Centro Histórico de demoliciones, de tráfico pesado, para dejar un cuadro perfectamente preservado”; pero ante eso contrapone que “la apertura de plazas ha sido un acierto porque, en una ciudad muy densa, ampliaron el espacio público”.
Por otro lado, apunta, “la falta de planeación a largo plazo es algo gravísimo, porque no se ha logrado concretar un plan de desarrollo urbano de la zona metropolitana desde 1980; de ahí para adelante ha habido intentos, pero siempre hubo intereses particulares y políticos que lo posponen, y cada municipio trabaja por su cuenta en una serie de absurdos, todo por la falta de coordinación”.
En cuanto al “caos vial” de la urbe, Fernández Font dice que “se ha querido resolver dando preferencia al vehículo particular, el 80 por ciento de los automotores mueven a no más del 20 por ciento de la gente; el resto de la personas se mueve a través de un transporte público muy ineficiente. Cambiar esa perspectiva es complicado debido a la falta de planeación, que creo es la mayor falla actual”; pero en el espectro general “sigue habiendo gente muy capaz y hay buenos proyectos. El futuro es promisorio y tal vez veamos cambios en el futuro”.
APUNTES
El pasado
En un tiempo en el que no existían computadoras, comenta Fernández Font, los estudiantes comenzaban prácticas en serio desde antes de titularse; “el arquitecto generaba las ideas, utilizando el lápiz, hacía un croquis o algo, se estudiaba y se proponían modificaciones. Había trabajo porque se hacía diseño; ahora, a veces los muchachos consiguen oportunidad como residentes de obra, pero el dibujante ya no existe. Hoy día, no hay muchos estudiantes que participen del proceso creativo en la chamba y creo se ha perdido una oportunidad que se tenía cuando no había computadoras”.
Lo anterior, apunta, “porque este proceso, al desarrollar un proyecto a mano, con el lápiz, es uno que psicológicamente tiene más validez que con una computadora, que realiza los cambios muy rápido ni da tiempo de reflexionar, no da la lentitud provechosa del trabajo manual. Hay una comunicación directa entre el cerebro y la punta del lápiz, muchas veces se dibuja y no se sabe con precisión hacia dónde va todo aquello; eventualmente, se modifica la idea y eso genera algo que estaba en la cabeza, pero no de manera consciente”.
SU LABOR
La docencia y el futuro
Con 45 años en el ejercicio de la docencia, el arquitecto es claro al decir que a sus alumnos “no les enseño, los acompaño en su proceso de descubrimiento. He aprendido más dando clases que lo que pueda enseñar. Mi última década de maestro –preferiría decir ‘acompañante’– di clase en mi despacho, fueron reuniones muy participativas y pienso que mi experiencia ha sido enriquecedora, además, fueron las vacaciones de mi vida. Apenas me retiré de las clases hace poco menos de dos años, pero estoy cansado y me reclama la familia”.
En este orden de ideas, el maestro afirma que, a futuro, “los retos son para todos. Vivimos una época de cambios muy importante gracias a las innovaciones tecnológicas. Dice Zygmut Bauman que todo cambia tan rápido que no se puede siquiera asimilar lo que pasa y, además, se genera una gran sensación de inseguridad, algo que me parece grave. No sabemos lo que sucederá, pero creo que Bauman no anda muy errado y lo que sigue, creo, es muy incierto”.
Finalmente, desde el punto de vista de la arquitectura, dice que “hay grandes avances en tecnología de construcción y diseño que generan nuevas maneras de hacer las cosas; sin embargo, insisto, el ser humano sigue siendo el que es, tiene sus necesidades, y en la medida que la arquitectura genere espacios útiles que las solventen, servirá. Si genera envidias, estrés o esquizofrenia, será mala arquitectura”.
Socialmente responsable
Vicente Pérez Carabias, autor de la monografía de Fernández Font, rescata el concepto de “arquitectura socialmente responsable” a que se adscribe el maestro, el cual “fundamentalmente implica que lo que se haga sea útil a la sociedad (además de al dueño), que no agreda ni recalque las desigualdades. Los aspavientos de cierta arquitectura moderna que busca la forma por la forma crean una cierta cultura, porque la disciplina tiene valor pedagógico, en la medida que las construcciones pueden indicar cómo se vive o expresa el arte en determinadas épocas; en la medida que eso fomente la convivencia, una idea de justicia o equilibrio social, se es socialmente responsable”; en contraposición a eso, “hay doce o quince arquitectos ‘estrellas’ cuyo afán es monumental, visual y de lucimiento. Pero de hecho, eso forma parte del ejercicio profesional”.
Detalla Fernández Font que la arquitectura “debe tener un valor estético ineludible porque si la obra no lo tiene, estamos creando un entorno desordenado, que ofende, y ahí vivirá el ser humano en sociedad. En la medida que hagamos un ambiente agradable, tranquilo, que brinde armonía, se cumple una función social; si la arquitectura se convierte en estridencia, explosiones de egocentrismo o cosas por el estilo, creo yo que está mal”.
Y agrega, “todo eso me parece que falta a la ética profesional; creo que explosiones como las de Dubai y sus construcciones impresionantes –que es un proyecto probablemente justificado– para los demás países son una agresión muy fuerte, puesto que sus imágenes circulan por todo el mundo. Cuando no se tienen límites se dan esa clase de aspavientos; quienes sí los tenemos, vemos eso con tristeza”.
El proceso creativo
Aunque Fernández Font reconoce las virtudes de la imaginación en el proceso creativo, el arquitecto dice que no debe olvidarse que “hay necesidades de los clientes y programas que estipulan requerimientos, donde está lo que significa el edificio y qué debe expresar. Esas determinaciones deberían estar escritas, porque van delimitando los campos del proyecto, características que luego se deben interpretar. Pero ese proceso se da a través del dibujo, lo que llamo proceso de creación progresivo; así va desarrollándose un proyecto, a veces de modo difícil, otras de forma gozosa”.
En una reciente monografía sobre su labor y trayectoria, el autor –Vicente Pérez Carabias– califica a Fernández Font como el más “natural” entre los arquitectos de su generación, lo que “quizás se deba a que me he ocupado de la arquitectura de una manera espontánea, sin buscar cosas artificiosas”, dice el arquitecto.
Con todo, señala, en cuanto a los trabajos que a lo largo de más de 50 años de ejercicio profesional le han influido, “no creo que haya ningún proyecto químicamente puro; todo tiene antecedentes y vivimos una evolución creativa, siempre nos apoyamos en un evento anterior para seguir adelante”.
EL DATO
Edificaciones concebidas por Fernández Font
Templo de Cristo Resucitado (1969)
Econhotel Plaza del Sol (1970)
Hoteles Aranzázu (1974)
Banco de México (1979), actual sede del SAT de la SHCP
Torre II Hotel Plaza del Sol (1980)
Cámara de Comercio de Guadalajara (1988)
Templo de La Luz del Mundo (1992)
SABER MÁS
Presentación del libro
Título: Leopoldo
Fernández Font
Autor: Vicente Pérez Carabias
Colección: Monografías de arquitectos del Siglo XX
Lugar y hora: Miércoles 26 de marzo a las 19:00 horas
Sede: Salón Guadalajara 3 de la Cámara de Comercio de Guadalajara (Av. Vallarta 4095, Colonia Camino Real, Zapopan)
Presentadores: José María Murià, Fernando Fernández Pérez Rulfo, Julio César Herrera Osuna, Vicente Pérez Carabias y el arquitecto Leopoldo Fernández Font./ Entrada libre.