Cultura

Arte con seguro de viaje

El periplo de Mayas. Revelación de un tiempo hacia Sao Paulo ha implicado una serie de estudios y trámites para asegurar su bienestar fuera del país

GUADALAJARA, JALISCO (19/JUN/2014).- Con un total de 388 piezas el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Secretaría de Relaciones Exteriores, inauguraron el 9 de junio pasado en Sao Paulo, Brasil, la exposición Mayas. Revelación de un tiempo sin fin, la muestra del arte y cultura de la civilización precolombina asentada en la península de Yucatán más grande que se haya presentado fuera del país.

La logística para montar y llevar la monumental exposición estuvo a cargo de la arqueóloga Mercedes de la Garza, que organizó en seis ejes temáticos la curaduría de la muestra: “Hombre frente a la Naturaleza”, “El corazón de las ciudades”, “Hombre frente al tiempo y los astros”, “Las elites gobernantes y su historiografía”, “Las fuerzas sagradas” y “Hombre frente a los dioses, los mitos de su religión”.

César Moheno, secretario Técnico del INAH, señaló que las piezas que conforman la exposición son fruto del trabajo reciente de investigación arqueológica del Instituto Nacional de Antropología e Historia: “Son 14 museos del INAH los que prestan las piezas, con un proceso muy amplio y profundo de curaduría para seleccionar la obra para presentarlas al mundo”.

Pero mostrar las piezas no es tan sencillo, no basta con colocarlas en las vitrinas y exhibirlas, para ello cada una de las piezas recibe un dictamen de un restaurador con el propósito de establecer las características del embalaje y cuidado que deben llevar para su traslado. “Por el tipo de material de las obras es que se elabora su embalaje, cada pieza se cuida de manera especial e individual”, precisa Moheno.

Durante todo el proceso logístico de curaduría, embalaje, traslado, exhibición y regreso a sus museos de origen existe un seguro que las cuida de cualquier eventualidad: “El seguro cubre los más altos estándares de seguridad internacional en materia de protección del patrimonio cultural, conocido como seguro de ‘clavo a clavo’”.

Moheno señala que el manejo de piezas de arte prehispánicas es muy complejo y especial, pero el INAH cumple con todos los procesos y protocolos internacionales para su ejecución.

Trabajo cercano para evitar daños

Cualquier pieza de arte que sea trasladada de un lugar a otro para su exhibición tiene que ser asegurada, y a donde quiera que llegue se debe de cumplir con ciertas normas para su adecuadas preservación, como cuestiones de iluminación y ventilación, por ejemplo.

Lucía Deborah Álvarez de la agencia de seguros AXA de México, indica que en el proceso para asegurar una obra intervienen varios factores: “Todo se realiza mediante un formato que determinará el valor de la póliza de la pieza a asegurar”.

Entre los requisitos para solicitar el servicio están el avalúo de por parte de un experto, certificado de autenticidad, el espacio físico  donde se ubica la obra (un edificio particular o uno público), además si se va a trasladar la pieza, el tipo de transporte y el embalaje.

“En el caso de obras que pertenecen a museos se solicita un certificado del INAH para validar la obra y (que) así se pueda emitir la póliza para asegurar la pieza”, explica y agrega que se trabaja muy de cerca con las autoridades especializadas para cotejar acervos históricos, verificar la autenticidad y otorgar el servicio de aseguramiento con la mejor calidad para la empresa y el solicitante.

“Hay casos como el de particulares que tienen en sus colecciones piezas prehispánicas originales o réplicas que están avaladas por permisos que el INAH otorga”.

Tanto AXA de México como el INAH coinciden en no revelar nombres de clientes y prestadores de servicio de aseguramiento por factores de seguridad de las piezas o colecciones y así evitar poner en riesgo el resguardo y exhibición de las obras.

Una incipiente cultura de protección

Entre los muros de su casa, Édgar Villa cuenta con una amplia colección de obra de pintores y escultores locales como Roberto Morleghem, Juan Bastardo, Alejandro Colunga, Roberto Pulido, “Balo” Pulido, Benito Zamora y José Fors, entre otros.

El acervo está valuado en más de millón y medio de pesos, cuenta con certificados de autenticidad de toda la obra, pero no está asegurada.

“La obra la tengo como un gusto personal al arte, como una apuesta por el talento local y también por una inversión a largo plazo. Nunca he pensado en asegurarla, cuando la obtengo la llevo a que le pongan marco si es necesario, luego la coloco en casa”.

La cultura del aseguramiento de obras de arte por parte de pequeños coleccionistas privados no es tan común en México —salvo en los museos que deben garantizar la protección de sus piezas— como sucede en Estados Unidos y algunos países europeos.

Son tres los pincipales tipos de pólizas para piezas de arte —aunque no todos se aplican en el país—: “Seguro clavo a clavo” para exposiciones temporales en las que la obra de arte se traslada de un sitio a otro. Se suele contratar para garantizar el perfecto mantenimiento del objeto durante toda la duración de la exposición: desde la preparación hasta el desmontaje; “Seguro todo riesgo material de obras de arte”, protege la obra de eventuales siniestros provocados por terceros; y “Seguro riesgos nominados daños materiales obras de arte”, que cubre los gastos derivados de diversos hechos —según se estipule en el contrato—, como incendios, explosiones, caída de rayos, daños por agua, fenómenos atmosféricos, inundación, por choque de vehículos, robo y expoliación, actos vandálicos, acciones tumultuarias, entre otros.

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