Cultura

Con muestra de Sorolla inicia San Carlos festejo por su 45 aniversario

La muestra está integrada por obras en su mayoría del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, Cuba

CIUDAD DE MÉXICO (21/MAR/2013).- "Pescadoras valencianas", "Niña", "Esposa del Sr. Ryan", "Sol de tarde" y "Nadadores", son los títulos de algunas de las obras que integran la exposición "Prodigios de la luz. Sorolla y sus contemporáneos", inaugurada anoche en el Museo Nacional de San Carlos (MNSC), en esta ciudad.
 
Se trata de una exhibición de más de 50 piezas, tanto del artista valenciano como de otros representantes de la pintura española de finales del siglo XIX y principios del XX, con las que se busca ofrecer un panorama estético de la pintura ibérica de esa época.
 
La muestra con la que el MNSC inicia los festejos por su 45 aniversario, está integrada por obras en su mayoría del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, Cuba, dos del acervo del Museo Nacional de San Carlos; mientras que las piezas restantes son de artistas como Ignacio Zuloaga, Julio Vila Prades y Santiago Rusiñol.
 
Además de Francisco Pons Arnau, Cecilio Pla Gallardo, Hermenegildo Anglada Camarasa, Manuel Benedicto, Gonzalo Bilbao, Antonio Gomar Gomar, Bartolomé Mongrell Muñoz, Víctor Moya Calvo, Ignacio Pinazo Camerlench y José Pinazo Martínez.
 
Marco Silva Barón, jefe del departamento de Curaduría del MNSC, recordó que la historia de la pintura del siglo XIX en España, estuvo relacionada con los movimientos de los centros europeos de producción artística.
 
París, dijo, impuso el ritmo en una Francia, que tras las revoluciones burguesas, despertó en los pintores un compromiso social y político asumido a través del arte. Este movimiento, conocido como Realismo, tuvo en España sus propias manifestaciones.
 
Refirió que nuevas propuestas afines a la pintura de género recogieron una búsqueda pictórica que soltó la pincelada, jugó con la luz y se alejó de las líneas, persiguiendo un gesto espontáneo, real y fugaz.
 
Abundó que para la segunda mitad del siglo XIX caminó franca hacia la incorporación de los efectos de la realidad circundante, a través de una pintura que derivó hacia un costumbrismo en sus temas y sus tipos, adquiriendo modalidades regionales.
 
Producto de las experimentaciones con los efectos de la luz, surge un importante cuerpo de pintores, de arraigo mediterráneo, que componen el llamado luminismo, que se erigió en el tránsito del siglo XIX al XX en una de las propuestas más ricas del arte español, y que significaron el cambio total hacia la modernidad en la escena artística peninsular.
 
Manuel Crespo, autor del texto del catálogo que acompaña esta muestra, escribe que fue la escuela valenciana la que logró dar al luminismo español una personalidad propia, "pero fue Joaquín Sorolla el que consiguió conducir esta corriente a su punto de máxima eficacia plástica".
 
Hasta 1900 la obra de Sorolla se mueve en torno a lo anecdótico y literario, aunque a la vez desarrolla una obra que refleja el mundo cercano al pintor en franca tendencia hacia el disfrute de la sencillez.
 
Entre 1900 y 1911 el artista entra en su plena madurez y luego de tanteos conceptuales llega a comprender que el argumento mismo era lo que le estorbaba. Sus obras de esos años no narran, sino simplemente describen.
 
De acuerdo con el MNSC, la obra de Sorolla es un hito en el proceso de gestación del arte posterior; su manera de entender la pintura como recreación de la realidad, lo retiene ciertamente en la tradición, pero su inteligente comprensión del valor pictórico independiente que puede alcanzar la composición cromática, así como su preferencia por la emoción frente a la anécdota, colocan su pintura más allá de esa tradición misma.

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