Cultura
Concluye la fiesta del ''Parachico'' en Chiapas
La fiesta de los parachicos celebrada cada año en Chiapa de Corzo concluye el día de hoy
CHIAPA DE CORZO, CHIAPAS (23/ENE/2011).- La población de Chiapa de Corzo, en el sureño estado de Chiapas, se viste de música y color durante diecisiete días para celebrar la fiesta del "Parachico", declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco y que concluye hoy.
La fiesta grande de este poblado de 70 mil habitantes situado junto al río Grijalva nació de una leyenda colonial sobre una acaudalada dama española, María Angulo, que salvó de la hambruna al pueblo en agradecimiento porque un curandero indígena del lugar había sanado a su hijo pequeño en un balneario "milagroso" que aún existe.
"Todos tienen un nombre, Jorge, José, Humberto, Alejandro, don Gilberto o Juanito, pero, cuando se visten y se ponen la máscara y la montera, todos se vuelven uno: todos son 'Parachico' ", relató uno de los participantes, Jorge Santiago Zenteno.
El disfraz que deben ponerse los varones de todas las edades en estos días consiste en una máscara de madera fina tallada con rasgos delicados y serios de españoles barbados.
Lo completan con una peluca amarilla y un atuendo colorido, como el usado por los antiguos indios para imitar a los acompañantes de la benefactora y entretener con sus danzas al hijo enfermo.
"Para chico me pediste, para chico he de bailar", es la estrofa del canto que da origen al nombre del personaje. Las mujeres visten un elegante vestido escotado, largo y amplio de flores coloridas bordadas sobre fondo negro, y lucen sus mejores joyas durante toda la fiesta.
También están las "chuntaés", hombres con vestidos sencillos de campesinas, maquillaje y peinados de mujer, que reparten fruta tal como hacían las criadas de la dama española durante la hambruna en 1760, y los "abrecampos", hombres desnudos pintados de negro que eran esclavos de aquel entonces, y que barrían el camino de la comitiva.
Chiapa de Corzo, primera ciudad fundada por los españoles en el estado de Chiapas (1528), mezcla en el carnaval remembranzas de los conquistadores, ritos de indígenas zoques y el recuerdo de los indios chiapanecas que se arrojaron desde el Cañón del Sumidero a las aguas del Grijalva para no ser esclavizados.
El espectáculo de calles llenas durante días con hombres y mujeres de ostentosos atavíos bailando al son de tambores, carrizos y sonajas y recorriendo templos, plazuelas y patios particulares, fue declarado en noviembre patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
La representante de este organismo en México, Catherine Grigsby, estuvo presente en la fiesta para entregar el documento formal a las autoridades municipales, e indicó que, a la hora de declararla patrimonio de la humanidad, se tomó en cuenta lo que tiene de herencia compartida, de identidad colectiva y de reconstrucción de lazos sociales.
Tres son los patronos católicos festejados: el Cristo de Esquipulas, el 15 de enero; San Antonio Abad, el 17 de enero, y San Sebastián, el 20 de enero; y en decenas de casas, la mayor parte construcciones coloniales con grandes patios, se alzan altares y se adornan techos y portales con "enramas" tejidas con hojas, frutas tropicales y roscas de harina.
La comida tradicional es básicamente de tasajo, carne de res, con un guiso de semilla de calabaza disponible para todos los participantes.
El 18 de enero se visita el Panteón Municipal, donde la tristeza y el llanto por el recuerdo de familiares y pasados líderes de la fiesta contrastan con los alegres atuendos de los danzantes.
Tres días después, el día 21, la fiesta se prolonga hasta altas horas de la noche con el Combate Naval, un espectáculo pirotécnico a ritmo de tambores y clarines de guerra, en más de 150 embarcaciones sobre el Grijalva, que rememora las batallas entre españoles e indígenas.
Al día siguiente tiene lugar el desfile principal, con vistosos carros alegóricos rodeados de parachicos, chiapanecas, chuntaés y abrecampos, y encabezado por una joven elegida por el pueblo con vestido elegante que representa a doña María Angulo, y que arroja monedas, flores y dulces a los espectadores.
La fiesta termina hoy con un último recorrido de los parachicos y demás personajes hacia el templo de Santo Domingo, para despedirse y prometer volver el próximo año.
La fiesta grande de este poblado de 70 mil habitantes situado junto al río Grijalva nació de una leyenda colonial sobre una acaudalada dama española, María Angulo, que salvó de la hambruna al pueblo en agradecimiento porque un curandero indígena del lugar había sanado a su hijo pequeño en un balneario "milagroso" que aún existe.
"Todos tienen un nombre, Jorge, José, Humberto, Alejandro, don Gilberto o Juanito, pero, cuando se visten y se ponen la máscara y la montera, todos se vuelven uno: todos son 'Parachico' ", relató uno de los participantes, Jorge Santiago Zenteno.
El disfraz que deben ponerse los varones de todas las edades en estos días consiste en una máscara de madera fina tallada con rasgos delicados y serios de españoles barbados.
Lo completan con una peluca amarilla y un atuendo colorido, como el usado por los antiguos indios para imitar a los acompañantes de la benefactora y entretener con sus danzas al hijo enfermo.
"Para chico me pediste, para chico he de bailar", es la estrofa del canto que da origen al nombre del personaje. Las mujeres visten un elegante vestido escotado, largo y amplio de flores coloridas bordadas sobre fondo negro, y lucen sus mejores joyas durante toda la fiesta.
También están las "chuntaés", hombres con vestidos sencillos de campesinas, maquillaje y peinados de mujer, que reparten fruta tal como hacían las criadas de la dama española durante la hambruna en 1760, y los "abrecampos", hombres desnudos pintados de negro que eran esclavos de aquel entonces, y que barrían el camino de la comitiva.
Chiapa de Corzo, primera ciudad fundada por los españoles en el estado de Chiapas (1528), mezcla en el carnaval remembranzas de los conquistadores, ritos de indígenas zoques y el recuerdo de los indios chiapanecas que se arrojaron desde el Cañón del Sumidero a las aguas del Grijalva para no ser esclavizados.
El espectáculo de calles llenas durante días con hombres y mujeres de ostentosos atavíos bailando al son de tambores, carrizos y sonajas y recorriendo templos, plazuelas y patios particulares, fue declarado en noviembre patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
La representante de este organismo en México, Catherine Grigsby, estuvo presente en la fiesta para entregar el documento formal a las autoridades municipales, e indicó que, a la hora de declararla patrimonio de la humanidad, se tomó en cuenta lo que tiene de herencia compartida, de identidad colectiva y de reconstrucción de lazos sociales.
Tres son los patronos católicos festejados: el Cristo de Esquipulas, el 15 de enero; San Antonio Abad, el 17 de enero, y San Sebastián, el 20 de enero; y en decenas de casas, la mayor parte construcciones coloniales con grandes patios, se alzan altares y se adornan techos y portales con "enramas" tejidas con hojas, frutas tropicales y roscas de harina.
La comida tradicional es básicamente de tasajo, carne de res, con un guiso de semilla de calabaza disponible para todos los participantes.
El 18 de enero se visita el Panteón Municipal, donde la tristeza y el llanto por el recuerdo de familiares y pasados líderes de la fiesta contrastan con los alegres atuendos de los danzantes.
Tres días después, el día 21, la fiesta se prolonga hasta altas horas de la noche con el Combate Naval, un espectáculo pirotécnico a ritmo de tambores y clarines de guerra, en más de 150 embarcaciones sobre el Grijalva, que rememora las batallas entre españoles e indígenas.
Al día siguiente tiene lugar el desfile principal, con vistosos carros alegóricos rodeados de parachicos, chiapanecas, chuntaés y abrecampos, y encabezado por una joven elegida por el pueblo con vestido elegante que representa a doña María Angulo, y que arroja monedas, flores y dulces a los espectadores.
La fiesta termina hoy con un último recorrido de los parachicos y demás personajes hacia el templo de Santo Domingo, para despedirse y prometer volver el próximo año.