Cultura

El nuevo lenguaje del arte salvadoreño

La obra de Kabistán es una partitura leída por un programa informático, compuesta a partir de los puntos que separan los nombres de las víctimas la guerra civil salvadoreña

SAN SALVADOR, EL SALVADOR(05/MAY/2012).- Grullas hechas con las hojas de una Biblia junto a un vídeo demostrativo de su autora o la conversación real, por momentos dramática, entre una presa y su esposo, que se oye al descolgar un teléfono, reflejan la renovación que vive el arte en El Salvador.

Son dos obras de los seis artistas que representarán a El Salvador en la VIII Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano que se celebrará en enero de 2013 en Panamá y que se exhiben estos días en el Museo de Arte de la capital salvadoreña.

El cambio en el arte salvadoreño ha incluido "el uso de nuevos lenguajes y, como se puede ver en esta exhibición, la tecnología está muy presente", dijo hoy a Efe un miembro del jurado que seleccionó las seis obras, el salvadoreño Rodolfo Molina.

"Siempre se mantienen la pintura y otros medios tradicionales, pero ahora tenemos vídeo, interacción, sonido y otro tipo de cosas que antes no se veían", apuntó Molina, coordinador del proyecto Banco Promérica para el Arte Salvadoreño, que organiza el certamen local con vistas a la bienal.

Una de las obras seleccionadas es "Sin título. Proyecto #3", de Melissa Guevara, que consiste en decenas de grullas hechas con todas las hojas de una Biblia y colocadas en el suelo en forma parecida a una "S", mientras un vídeo muestra a su autora elaborándolas.

Guevara es católica y, además, está influida por la importancia de la grulla de papel como símbolo de paz en la tradición japonesa, comentó a Efe la artista costarricense Priscila Monge, también integrante del jurado.

Se suman "Patricia, Serie Frágil", fotografía digital sobre papel de algodón, de Rodrigo Dada; el óleo sobre lienzo "I jam what i jam" y "Steph (Portraits of Joy)", de Luis Cornejo, y "El altar a la Señora de la Luz del Sol Plateado", una instalación de vídeo, madera y vidrio, de Eduardo Lytton.

Mientras que el sonido es el gran protagonista de las otras dos obras que completan la lista: "Partitura del proyecto Ensayo sobre el Silencio", de Mauricio Kabistán, y "Sin título", de Danny Zavaleta.

La obra de Kabistán es una partitura leída por un programa informático, compuesta a partir de los puntos que separan los nombres de las víctimas la guerra civil salvadoreña (1980-1992) inscritos en un monumento de granito instalado en el parque Cuscatlán de San Salvador.

Kabistán, que suprimió los nombres y solo dejó puntos y espacios para transformarlos en notas musicales, utiliza el sonido generado por computadora, un iPod y auriculares para componer una metáfora acerca de la acústica del silencio.

Zavaleta, por su parte, registra la conversación auténtica entre una mujer encarcelada y su esposo, que se oye con solo levantar un teléfono y que tiene momentos muy dramáticos con la desintegración familiar como telón de fondo.

Molina indicó que el Museo de Arte exhibe desde el 26 de abril pasado y hasta el 10 de junio próximo las 19 obras preseleccionadas, que incluyen las seis ganadoras, de 36 presentadas a concurso.

Las obras finalistas son "parte de una panorámica del arte contemporáneo salvadoreño de hoy día, muy representativo, y creo que van a tener un rol muy importante en la bienal centroamericana en Panamá", dijo a Efe otro miembro del jurado, el curador chileno afincado en Italia Antonio Arévalo.

Agregó que las obras reflejan "poéticas personales muy interesantes", con un "lenguaje cotidiano metafórico muy poético".

"Fue el flujo energético y poético lo que nos hizo enamorarnos de las obras que elegimos", puntualizó Arévalo, quien destacó la creciente presencia de artistas centroamericanos en certámenes internacionales como la Bienal de Arte de Venecia.

La costarricense Monge dijo que las seis obras son "muy contemporáneas" y "muy frescas: muestran artistas que están en un proceso de mucha autenticidad, que están viviendo su tiempo, reflexionando acerca de la historia que ha vivido su país".

Son obras, añadió Monge, de "gente que está pensando más en decir algo importante, sin dejar de lado la parte estética", y en ese punto, subrayó, radica su valor.

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