Cultura

Larga vida al son campesino

Uno de los más emblemáticos jaraneros, Camerino Utrera, está de visita en Guadalajara con su grupo el Son del Hato

GUADALAJARA, JALISCO (08/SEP/2011).- Hubo un tiempo en el que sólo había tres jaraneros en El Hato. Era una época en la que en el municipio de Santiago Tuxtla sólo se conocía el son jarocho y no había otro tipo de música. No había llegado la luz eléctrica, mucho menos las rolas de Elvis Presley . Entonces, los tres músicos viajaban a caballo de ranchería en ranchería, donde, alumbrados con luz de petróleo alegraban a la gente con un poco de fandango.

Uno de esos tres músicos era Esteban Utrera, quien a sus 93 años sigue como “nuevo”, gracias a la jarana y al torito de limón todos los días, cuenta su hijo Camerino Utrera Luna, quien está de visita en Guadalajara para impartir cursos de requinto, jarana y zapateado, con su grupo el Son del Hato.

De chiquillo, Camerino se trepaba al caballo con su papá y viajaban por muchos pueblos con la guitarra a un costado. Cuando no podía acompañarlo, recuerda que su padre regresaba en la madrugaba cantando La Morena, “un son muy bonito que tocaba con su manera cadenciosa. Eso a mí no se me va a borrar y menos porque a su edad sigue con la batería cargada, con sus ganas de siempre… él es el que le mete la caña al grupo”.

Rodeado de leonas, mosquitos, punteadores y jaranas primeras y segundas -instrumentos de una sola pieza de cedro que él mismo realiza-, Camerino cuenta que hace 24 años conoció Guadalajara en una gira con Mono Blanco, grupo al que perteneció con apenas 20 años de edad.

Gilberto Gutiérrez, de Mono Blanco, visitó El Hato hace algunas décadas y se sorprendió con la música de don Esteban, “porque era de los pocos que tocaban son campesino, tradicional. Muchos grupos de son tienen una manera de tocar lenta, pausada, pero mi papá tenía música con fuerza, muy prendida y le latía que así se debía tocar. Para las bailadoras, la música tiene que estar más o menos para que el ritmo se ponga caliente”, dice sonriente el también laudero, con su sombrero a un lado.

Posteriormente, Gilberto dio un taller de laudería al que asistieron muchos jóvenes de la comunidad.  Camerino, quien hoy es uno de los representantes más emblemáticos del son jarocho, fue el más aplicado en el curso y Gilberto le dejó la herramienta para hacer guitarras. Luego fue a un taller a Michoacán y con el tiempo Mono Blanco lo invitó a integrarse al grupo. “Eso fue como un sueño. Al ver que salía a tocar por todo el país, mis compañeros y primos se motivaron a tocar”.

En el tiempo en que Gilberto comenzó a dar talleres en Veracruz, el son comenzaba a decaer y había pocos músicos. Pero después, muchas comunidades volvieron a ser semilleros de jaraneros.

Respeto a la tradición
Efectivamente, hay jaraneros por doquier. Pero algunos, relata Camerino Utrera, no respetan el ritmo tradicional y en la tarima tocan delante de los viejos. Antes, eso era impensable, todos los jóvenes normalmente se colocan detrás de los adultos, para que éstos los guíen. “Primero hay que aprender a tocarlo bien, hay que respetar y aprender de los viejos. Y luego, ya que aprendas, puedes inventar cosas para el son jarocho”.

Hay otro tipo de músicos a los que llaman “jarochilangos”, que van a los encuentros en Tlalcotalpan a “ponerse pedos” con torito (bebida tradicional de Veracruz) y a meterle tambores al son. “A mi papá sí le da mucho coraje, porque al escuchar que le meten tambor o un bajo eléctrico, mejor se va a acostar, ‘yo no voy a escuchar esas chifladeras’”.

— ¿Se siente diferente escuchar un son tradicional, campesino?
— Uhhh sí, cuando escucho un son campesino, yo siento que hasta el cuero se me enchina, sientes aquello por todo el cuerpo, una vibra que te recorre… y cuando le meten instrumentos que no van con el son, pues no, nada… es otra cosa.

Vínculo con la tierra
Don Esteban Utrera aprendió a tocar son jarocho por su padre. No sabe leer y escribir, pero toca como los dioses. “Es muy lírico”, explica Camerino Utrera, quien, al igual que su padre y su abuelo, es campesino: sigue viviendo del maíz que le da la tierra y su trabajo como laudero le permite complementar los gastos.

Y la vida campesina se nota en la música. Se nota en la vestimenta y  “se siente en el ritmo… porque los de la ciudad, los nuevos, copian mucho lo que hacen otros grupos famosos”, reflexiona el líder de Son del Hato.

En su grupo, en el que tocan sus hijos, su mujer, sus hermanos y su papá, utilizan normalmente dos jaranas, una guitarra y una leona. La guitarra, puntualiza Camerino, es la que dirige el son. La jarana tercera va llenando, la segunda es más aguda y la primera es todavía más aguda. Entonces se mezcla lo grave con lo agudo. Y la leona (característica del Sur de Veracruz)  es como el bajo, “llena el son”.

Este versador actualmente vende guitarras en todo el país y últimamente le piden de Estados Unidos y Argentina, donde ya hay agrupaciones de son jarocho. Después de años en que casi desaparece, como cuando sólo había tres músicos en El Hato, el fandango ha reflorecido, piensa Camerino.

Hay sones para todo. Con El buscapié, por ejemplo, dice la leyenda que al tocarlo aparece el diablo. A  Camerino le gustan todos, pero si tuviera que elegir, se quedaría con el Siquisirí, un son que se baila entre cuatro mujeres para abrir el fandango.

Como su padre, Camerino está lleno de energía para llevar el son al mundo entero, con su jarana y su torito de limón al lado.

Para saber
Talleres

Todavía hoy y mañana hay talleres de zapateado y requinto (de 18:00 a 19:30 horas) y de jarana y leona (de 19:30 a 21:00 horas) en el Foro de Arte y Cultura. Prolongación Alcalde 1451. La actividad la coordina el colectivo ometochtli. El precio por los dos talleres es de 900 pesos. Una sola clase cuesta 150 pesos. Mayores informes al 36 13 65 59 o al correo ometochtli.colectivo@gmail.com.

Perfil
El jaranero campesino

Camerino Utrera Luna nación en El Hato, Santiago Tuxtla, Veracruz. Aprendió laudería con Gilberto Gutiérrez. Es uno de los músicos de son jarocho más reconocidos. El punteador es uno de los instrumentos que construye. Ha tocado con Mono Blanco, los Utrera y ahora con el Son del Hato, integrado por músicos de su familia.

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