Cultura

Peter Brook regresa a Londres con 'Una Flauta Mágica'

Podrá verse en el Barbican hasta el 27 de marzo

LONDRES, INGLATERRA (25/MAR/2011).- El veterano hombre de teatro Peter Brook ha vuelto a Londres, donde nació en 1925, con una muy aquilatada "Flauta Mágica", que ha reducido casi a su más pura esencia poética.

Significativamente, su producción de la famosa ópera de Mozart se titula "Una Flauta Mágica", que deja claro que se trata de una de las muchas posibles versiones.

Y la suya, que puede verse en el Barbican hasta el 27 de marzo, es una versión que prescinde totalmente de aparatosas tramoyas y se limita a un sutil juego de luces y un decorado de cañas verticales de bambú de distinto grosor que dos actores africanos, y en alguna ocasión también los cantantes, mueven de un lado para otro.

Se ha suprimido todo el pesado simbolismo masónico de la obra, que ha quedado convertida en una especie de fábula poética, y así han desaparecido los tres muchachos, las tres damas de la Reina de la Noche e incluso los tres actos ya que la representación, de hora y media, se interpreta de un tirón.

La orquesta se ha reducido a un piano, al que se sienta Franck Kraczyk, un intérprete y compositor que ha hecho el arreglo de la partitura para ese instrumento.

Las arias se cantan en alemán mientras que el diálogo es en francés, y quienes no conocen esos idiomas pueden seguirlo todo a través de los sobretítulos.

Se trata de la tercera adaptación operística de Brook para el parisino Théâtre des Bouffes du Nord tras las de "Carmen", de Bizet, que tituló "La Tragedia de Carmen", y "Pelléas et Mélisande", que llamó "Impresiones de Pelléas".

Brook es un veterano en el terreno de la ópera, género que abandonó, sin embargo, según confesó él mismo, tras varios años de experiencia en el Covent Garden londinense y en la Metropolitan Opera neoyorquina por aborrecer todo hacia lo que representaba como "institución" y "como sistema".

"Me dije a mí mismo que era un desperdicio de energía: en el teatro, fuera de la ópera, uno puede llegar mucho más lejos con el mismo gasto energético, así que ¿por qué desperdiciar tanto aliento en una forma que es tan difícil?", explicó en cierta ocasión Brook para justificar su abandono del género en los años cincuenta.

Pero Brook volvió a él muchos años después cuando el ex director de la Ópera de París Bernard Lefort le sugirió que hiciese en su Théâtre des Bouffes du Nord "Memoria de la Casa de los Muertos", de Janácek, y el director británico le contestó que le gustaría hacer en cambio una "Carmen" si se le dejase total libertad.

Con esa misma libertad, Brook haría luego otra de sus óperas favoritas, el "Don Giovanni", de Mozart, en la primera temporada de Stéphane Lissner como director del festival francés de Aix-en-Provence.

Sobre su experiencia con "Una Flauta Mágica", el mismo Brook ha comentado que se trata de un intento de "permitir a los jóvenes cantantes moverse de forma natural sin imponerles proyecciones, decorados, vídeos y plataformas giratorias", acercándose a Mozart "con un espíritu lúdico".

Brook reconoce que Emanuel Schikaneder, el famoso libretista de Mozart, francmasón como éste, quería "una obra divertida y popular con muchos efectos escénicos", pero al mismo tiempo la francmasonería representaba para el compositor una intuición de que "había algo más puro en la vida que lo material y lo cotidiano".

Y eso es lo que ha tratado de transmitir el director escénico británico con esta versión casi esquelética de la creación mozartiana, una más entre tantas posibles que puede convencer o no a los admiradores del genio de Salzburgo, pero que en ningún caso nos deja indiferentes.

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