Cultura

Tafoya y su nave de los locos

El artista refleja en su exposición la violencia en México, aunque también plantea un respiro visual

GUADALAJARA, JALISCO (06/AGO/2013).- Jaime Tafoya (Guadalajara, 1952) suele llevar consigo una libreta. Así, si algo le llama la atención en el metro u otro espacio, apunta ideas y hace trazos. Tiempo después, cuando se enfrenta al lienzo en blanco, repasa las hojas de la libreta y halla elementos para componer el próximo cuadro.

Con residencia en  París desde 1989, el pintor tiene una visión de México que defiende y profundiza desde el exterior; no ha dejado de venir a su ciudad natal a convivir y mostrar su arte. Le falta. La extraña.

"De alguna manera los escritores y artistas tratamos de mejorar el mundo. Creemos que nosotros podemos decir algo para mejorar el mundo. Puede ser cierto o no, pero tú propones elementos visuales para plasmar un México ideal", reflexiona.

Esta vez, con la exposición La nave de los locos, a inaugurarse a las 19:00 horas del 8 de agosto, pretende reflejar la violencia en México mediante una veintena de piezas de acrílico sobre lino, aunque también plantea un respiro visual, pues "no quiero irritar tanto, creo en la tranquilidad y en la belleza".  

La mitad de la obra es ex profeso. En las paredes de la Galería de Juristas y Legisladores Jaliscienses del Congreso del Estado se puede encontrar, por ejemplo, su "famoso" autorretrato que, advierte, será la primera vez que sea mostrado al público, luego de circular en internet.  

Tafoya  pintó su propia versión de La nave de los locos de Hieronymous Bosch "El Bosco"; le hizo sentido titular así al cuadro y a la exposición.   

En la exhibición también podrá apreciarse un colorido Saturnino, con sombrero blanco, devorar a su hijo; muestra del concepto que sacó en París, denominado Mexican killers art concept; su cuadro Perspectivas, con Francisco Villa a caballo; y la pieza Powder to the people (Polvo para el pueblo), de la exposición que tuvo en la galería Ajolote Arte Contemporáneo en agosto de 2011 y que fue la última en la ciudad.   

Sobre ésta composición en la que se ve a un hombre inhalar un mapa de México rojo, explica: "El consumo hace al mercado. El mayor mercado en droga es Estados Unidos; eso produce oferta y demanda, que México paga las consecuencias, con tanto muerto y desestabilización social".  

Y de la de Francisco Villa apunta que "hay una apoteosis nostálgica". Enseguida hará referencia a su imaginaria Cotla: "una entidad, en una fisura del tiempo espacio, entre París y México. Ahí vierto todas mis idealismos sobre México y París".  

Para Tafoya, "la pintura es esencial". Trabaja en un cuarto de su casa, que a la vez es biblioteca y guarida. No tiene una rutina para hacerlo. Si a las 03:00 horas el cuadro le "chifla", se dedica a avanzarlo.

"Pintar no es fácil. Estás con muchas tentaciones. Hoy es un desafío", advierte. En promedio invierte un mes por cada pintura.   

Cerca de la Bastilla, el artista posee una "pequeña, pero muy bonita" galería en la que puede observarse su arte.

Un París fascinante, una Guadalajara querida

Desde que en 1989 comenzara su vida en París, Jaime Tafoya ha ido y venido de Guadalajara a la Ciudad de la Luz.

Hace dos años que no visitaba la Perla Tapatía, pero ahora acumula casi un mes en la urbe, "feliz".

"No puedo salirme tan fácil de París. Tengo trabajo, familia, pero mi sueño sería regresarme. Escaparme", revela.

Lo más que ha permanecido en su tierra natal son tres meses y el mayor lapso en el que no la ha pisado, tres años. En aquella ocasión, "fue horrible", cuenta, "me salían nopales por todos lados, ya no podía. Es una nostalgia horrible".  

La distancia con México, comenta, le ha permitido conocer al país de una manera más amplia y profunda, criticarse a sí mismo. Ha observado cómo al exterior "se le quiere, detesta o ignora, en el mundo, y por qué".  

Antes de viajar al extranjero, imaginó a un París "con los cafés. A André Bretón escribiendo poemas y a Picasso tomando vino rojo con su modelo favorita a un lado. No es eso", comparte, se decepcionó.

Pero, a la par del desengaño, vio a un París fascinante por lo estético y artístico, que pudo comprender mejor como profesor de lenguas. No quiso regresar a Guadalajara a los tres meses de permanencia, pues, revela, "me daba vergüenza regresar sin haber hecho nada".

Y es así como poco a poco fue ganando lugar en la urbe francesa, con exposiciones en cafés y galerías y regresando de vez en vez a la Perla.

Para saber

La nave de los locos, de Jaime Tafoya. Galería de Juristas y Legisladores Jaliscienses del Congreso del Estado, en Hidalgo 222, Colonia Centro de Guadalajara. Del 8 al 29 de agosto. Visitas: de lunes a viernes, de 10:00 a 18:00 horas. Entrada libre.

EL INFORMADOR / MIRIAM PADILLA

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