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Clásico, lo que perdura, algo digno de imitación

Los clásicos en los últimos años se han abaratado

GUADALAJARA, JALISCO.- Los clásicos en los últimos años se han abaratado. Sobreviven los regionales con fuerza propia, como el Atlas-Chivas, Monterrey-Tigres o Cruz Azul-América. No han pasado la prueba los inventados Pumas-América o Necaxa-América, ni los que se quieren construir pero carecen de sustancia vital, como el Tecos-Atlas o el Atlante-América.

Pero el único clásico que conserva su estatura original, el que representa la auténtica contienda nacional, con valores tangibles e intangibles, es el que celebran Chivas y América.
Para empezar, es un partido cuya rivalidad se extiende a lo largo de varias décadas, que se alimenta por sí mismo y que también cuenta con el combustible que le proporcionan los medios de comunicación, que lo han convertido en moneda de cambio para alimentar la pasión.

"A mí me tocó participar en el prediseño", dijo hace años el fallecido Fernando Marcos. "Cuando Televisa compró al América, a principios de los sesenta, se consideró necesario darle un papel protagónico al equipo, un poco siguiendo el ejemplo de las telenovelas. Ya Chivas era el muchacho bueno de la película, el protagonista principal. Hacía falta el antagonista; ese fue el papel asignado al América. Uno era querido, el otro odiado. Así, uno y otro se necesitaban para formar una rivalidad duradera", agregó.

Fernando Marcos fue entrenador del América y luego comentarista de Televisa. Participó activamente en ambos campos para fomentar e incrementar la rivalidad de lo que hoy es considerado el "clásico de clásicos del futbol mexicano".
El América sería, en el inconsciente colectivo, una representación del Jorge Negrete de aquellos tiempos. Chivas ya había tomado desde antes el papel del Pedro Infante idolatrado por el pueblo.

En Chivas se retrataban las clases populares. América representaría a la clase pudiente. El resultado: la lucha de clases trasladada a la cancha.
Chivas era el equipo estandarte de la provincia mexicana. América representaría todas las fuerzas del poder concentrado en un solo sitio, el Distrito Federal, para producir otro choque: el del centralismo crónico de la vida política y económica del país. Chivas sería una especie de reivindicador de las luchas territoriales de una provincia que no termina de aceptar que todo el poder se concentre en un pequeño espacio de la nación.
Chivas jugaba exclusivamente con mexicanos, con virtudes y defectos, casi todos extraídos de la cantera, de poblaciones cercanas a Guadalajara. América representaría lo contrario: la fuerza del dinero para comprar a los mejores jugadores del país y del extranjero. La filosofía de uno era y es el nacionalismo (cero extranjeros en Chivas), mientras que el otro rechazaba cualquier posibilidad de jugar exclusivamente con futbolistas nacidos aquí, sino que al contrario reforzaría siempre a su plantel con foráneos de gran renombre.

Armadas tesis y contratesis, el diseño de clásico se alimentaría del fervor popular, que nace de las entrañas de la afición, pero también del combustible que agregaría la poderosa máquina mediática de la televisión.

La televisión había creado, desde el mundial de Suiza 1954, un maridaje perfecto con el futbol. Uno sería el producto y la otra transmisora del espectáculo que llenaría horas de ocio.
Televisa se encargó en buena medida de elevar al clásico hasta los niveles que hoy alcanza en México. Tanto se repitió que este era "el único, el verdadero, el auténtico clásico", que hoy nadie osa desafiar esa ley mediática de la poderosa televisión.
Para efectos prácticos, aunque esa sea la génesis del clásico, la realidad es que hoy se enfrentarán nuevamente los dos rivales por excelencia, los que construyeron una rivalidad que en ocasiones ciega de pasión a sus aficionados, y que otras veces pasa como un partido más, por la falta de intensidad de los jugadores en la cancha.

Hoy, con todo y crisis financiera mundial, el estadio Azteca presentará una gran entrada, con aficionados de ambos equipos que quieren vivir 90 fragorosos minutos de clásico.
Este juego, que siempre  vale más que tres puntos, hoy tendrá un elemento clave para el morbo: si gana Chivas, dejará fuera de la liguilla y del torneo al América.

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