Deportes
Desde afuera también se disfruta intensamente el Clásico Tapatío
Algunos aficionados que no encontraron boletos siguen las acciones a través de televisores cercanos o por los sonidos del estadio
GUADALAJARA, JALISCO (23/MAR/2014).- Mientras el estadio ruge con los gritos que dividen a una ciudad, mientras 22 hombres se pelean el orgullo en el rectángulo verde del Jalisco, las calles a su alrededor aguardan la tempestad que se vendrá al finalizar una edición más del Clásico Tapatío, que rojinegros y rojiblancos se encargan de polarizar a toda la urbe.
Adentro se da el silbatazo inicial mientras afuera se quedan muchos que hasta el último instante guardaron una pequeña esperanza para obtener un preciado boleto para el futbol.
No han pasado ni 10 minutos de juego y se escucha el primer estruendo de gol del partido. Muchos aficionados rojiblancos que aguardan para entrar al estadio muestran alegría al decir “¡es de Chivas!, acá de este lado está toda la barra, el grito se escuchó fuerte de acá”, instantes después confirman sus sospechas y comienzan con sus cánticos “¡dale, dale, dale Rebaño!” gritan a todo pulmón algunos.
Pasa la euforia y en las calles aledañas los comerciantes acomodan su mercancía en sus puestos, a la espera de la segunda oleada de gente que se desatará al finalizar el encuentro. En los puestos de comida también se dan un respiro y algunos aprovechan para cenar los propios alimentos que preparan.
En los bares cercanos las emociones se viven igual que en la tribuna, pero hay quienes dicen que “no es lo mismo estar acá afuera que adentro”, como Alfredo y Esteban, dos jóvenes que llegaron desde Las Juntas al estadio, “nomás para ver el ambiente” dice Alfredo. “Nos vamos cuando se acabe el primer tiempo, luego hay golpes y no nos queremos quedar”, completa Esteban.
Aficionados pegados a las pantallas, a otros se les va la mirada al ver pasar a una muchacha “de buen ver”, son los que están apostados alrededor de los llamados “gallineros”.
Para el segundo tiempo, el Clásico desde afuera se vive intensamente: aficionados en los bares que se levantan de su asiento con cada jugada emocionante, algunos que se anticipan a decir lo que va a pasar, pues “la tele está atrasada”, grita uno cuando alcanza a escuchar los sonidos que vienen del estadio y que en la pantalla no los ve reflejados.
Llega la anotación del empate, los gritos de gol de los aficionados rojinegros inundan las calles, los cánticos también se hacen presentes y se van agotando.
El partido va expirando y los aficionados de los dos equipos guardan sus esperanzas de ver a su cuadro triunfar; al final, como los que sí llegaron a entrar al estadio, se quedaron con las ganas de ver a un triunfador.
Adentro se da el silbatazo inicial mientras afuera se quedan muchos que hasta el último instante guardaron una pequeña esperanza para obtener un preciado boleto para el futbol.
No han pasado ni 10 minutos de juego y se escucha el primer estruendo de gol del partido. Muchos aficionados rojiblancos que aguardan para entrar al estadio muestran alegría al decir “¡es de Chivas!, acá de este lado está toda la barra, el grito se escuchó fuerte de acá”, instantes después confirman sus sospechas y comienzan con sus cánticos “¡dale, dale, dale Rebaño!” gritan a todo pulmón algunos.
Pasa la euforia y en las calles aledañas los comerciantes acomodan su mercancía en sus puestos, a la espera de la segunda oleada de gente que se desatará al finalizar el encuentro. En los puestos de comida también se dan un respiro y algunos aprovechan para cenar los propios alimentos que preparan.
En los bares cercanos las emociones se viven igual que en la tribuna, pero hay quienes dicen que “no es lo mismo estar acá afuera que adentro”, como Alfredo y Esteban, dos jóvenes que llegaron desde Las Juntas al estadio, “nomás para ver el ambiente” dice Alfredo. “Nos vamos cuando se acabe el primer tiempo, luego hay golpes y no nos queremos quedar”, completa Esteban.
Aficionados pegados a las pantallas, a otros se les va la mirada al ver pasar a una muchacha “de buen ver”, son los que están apostados alrededor de los llamados “gallineros”.
Para el segundo tiempo, el Clásico desde afuera se vive intensamente: aficionados en los bares que se levantan de su asiento con cada jugada emocionante, algunos que se anticipan a decir lo que va a pasar, pues “la tele está atrasada”, grita uno cuando alcanza a escuchar los sonidos que vienen del estadio y que en la pantalla no los ve reflejados.
Llega la anotación del empate, los gritos de gol de los aficionados rojinegros inundan las calles, los cánticos también se hacen presentes y se van agotando.
El partido va expirando y los aficionados de los dos equipos guardan sus esperanzas de ver a su cuadro triunfar; al final, como los que sí llegaron a entrar al estadio, se quedaron con las ganas de ver a un triunfador.