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Explota la ''Cubomanía''

Una semana después del Clásico, el Guadalajara gana y se reencuentra con su afición

ZAPOPAN, JALISCO (20/MAR/2011).- Su edad se asemeja a un adolescente, su nombre retumba desde que sacudió las redes ante San Luis. El “Cubo” Torres olvidó su novatez para guiar a Chivas a la tercera victoria de la presenta temporada y, de paso, situarse como una de las promesas que laten con más fuerza en el panorama futbolístico de su equipo.

Los más de 22 mil espectadores que acudieron al Estadio Omnilife tenían en claro que tras un empate heroico ante Atlas, la cereza más digna del pastel no podría ser otra que la victoria que mete a las Chivas de lleno en la lucha por la clasificación. Por ello, el cántico “Chivas”, “Chivas”, tan característico del Estadio Jalisco, se entonó repetidamente.

La fórmula de goleadora del “Rebaño” parece dominada; Arellano centra y el “Cubo” remata; desde el Clásico tapatío, la forma de batir las redes se perpetúa en el cuadro del “Güero” Real.

El Clásico tapatío de la semana pasada, seguía siendo la conversación más socorrida de los aficionados rojiblancos. Que si Camargo (el juez de línea de aquel partido) odiaba a Chivas o que si el árbitro era americanista y quiso perjudicar al Guadalajara; lo cierto es que las heridas del sábado pasado no han sanado todavía.

Sin embargo, el ambiente del Omnilife es otro. Los vientos gélidos y los pálidos apoyos se transformaron en aplausos suspirantes, gritos que aturden y una afición que se reencontró con un equipo práctico y dinámico que conoce sus fortalezas y las explota en la vibrante aceleración de Omar Arellano, la contundencia de Érick el “Cubo” Torres, la solvencia de Antonio Gallardo y la implacable marca de la saga defensiva.

Elemento festivo no faltó, hasta el sonido local calentó el partido con alusiones constantes al marcador, y enalteciendo la derrota del América ante los regiomontanos. La reprobable conducta de la barra queretana, tirando objetos a diestra y siniestra, no oscureció una tarde de fiesta para las Chivas.

Al final, entre pasiones desbordadas por conatos de bronca en la cancha, un estadio que presentó una entrada aceptable, una afición que se entregó 90 minutos a su equipo y un Clásico nacional en puerta, las Chivas resucitan en el Clausura 2011.

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