Entretenimiento
''La Jaula de Oro'', un épico viaje hacia el Norte
El primer filme de Diego Quemada-Diez cuenta la travesía de tres adolescentes que buscan cruzar a Estados Unidos
CANNES, FRANCIA (23/MAY/2013).- El filme mexicano ''La jaula de oro'' llevó al Festival de Cannes las vivencias de los migrantes centroamericanos que arriesgan sus vidas para llegar a Estados Unidos.
El largometraje de ficción de Diego Quemada-Diez —cuyo título se refiere al nombre que dan a Estados Unidos los “mojados” que lograron cruzar la frontera— narra la dramática travesía de tres jovencitos, uno de ellos un indígena, por Guatemala y México.
Los grandes planos de paisajes idílicos —ríos, montañas, desiertos contrastan con la crueldad de ese viaje, que emprenden cada año millares de hombres, mujeres y también niños, muchos de los cuales se quedan en el camino, víctimas de bandas de narcotraficantes, policías corruptos o las balas de estadounidenses vigilando su frontera.
“La película recoge sus testimonios, sus vivencias”, subrayó Quemada-Diez quien compite por la Cámara de Oro que recompensa la Mejor ópera prima. El realizador, que nació en España pero radica en México, comenzó a trabajar hace 10 años en esta película, uno de cuyos protagonistas es el tren conocido como “La Bestia”. “En 2003, viajé a Mazatlán, Sinaloa, para hacer un documental, y me hice amigo de un taxista que me invitó a vivir en su casa, que estaba al lado de las vías del tren. Todos los días veíamos a cientos de migrantes que se bajaban del tren y nos pedían agua, comida. Fue allí que empecé a recoger los testimonios a partir del cual construí el guión”.
Superhéroes
Lejos del concepto negativo que se le atribuye a los indocumentados, el cineasta vio en ellos hombres y mujeres que dejaban el alma por sus seres queridos. “Sentí que eran héroes, que sacrificaban su vida por sus familias, y me afectó profundamente su drama; la injusticia e impasibilidad global que los obligaba a dejar sus países, su familia. Me sentí con el deber de contar a otros esas historias”.
Estructurar la historia requirió de mucho trabajo, y muchos testimonios. Además, para que cada palabra tuviera un sentido natural trabajó con actores no profesionales. “Quería hacer algo cercano a la realidad pero darle estructura dramática de ficción. Batallé mucho tratando de conjugar la paradoja. Decidí concentrar los testimonios de los migrantes en unos niños”, señaló el cineasta, que buscó durante meses a sus actores en Guatemala y Chiapas, entrevistando a unos seis mil adolescentes. Lo más difícil fue hallar al chico que interpreta al indígena.
“Me sentía como un Quijote en las montañas de Chiapas. Porque casi todos tienen el pelo engominado y el celular pegado al oído”, dijo, señalando que Rodolfo, que intepreta a ''Chuak'', estaba descalzo, no hablaba español y conocía las danzas tzotziles.
Otra cara para los migrantes
Explicó que ha puesto en su filme lo que aprendió con Ken Loach, con quien trabajó como asistente de cámara en ''Tierra y libertad'', sobre la guerra civil en España, ''La canción de Carla'', situada en Nicaragua, y ''Pan y rosas'', sobre los migrantes latinos en California. “Es maestro, un mago. De él aprendí su método de hacer un trabajo comprometido con la realidad, aprendí que la cámara fuera como un testigo, un personaje más, aprendí a filmar en continuidad, a no usar grúas, a nunca poner la cámara donde no estaría un ser humano”.
“Aprendí a hacer un cine que tiene una función social, humana, espiritual, pero que no da doctrina. Esperamos estrenar en México, pero me parece que el gran desafío es Estados Unidos, para que el ciudadano promedio que vea la película jamás vuelva a ver de la misma manera a un migrante”.
El largometraje de ficción de Diego Quemada-Diez —cuyo título se refiere al nombre que dan a Estados Unidos los “mojados” que lograron cruzar la frontera— narra la dramática travesía de tres jovencitos, uno de ellos un indígena, por Guatemala y México.
Los grandes planos de paisajes idílicos —ríos, montañas, desiertos contrastan con la crueldad de ese viaje, que emprenden cada año millares de hombres, mujeres y también niños, muchos de los cuales se quedan en el camino, víctimas de bandas de narcotraficantes, policías corruptos o las balas de estadounidenses vigilando su frontera.
“La película recoge sus testimonios, sus vivencias”, subrayó Quemada-Diez quien compite por la Cámara de Oro que recompensa la Mejor ópera prima. El realizador, que nació en España pero radica en México, comenzó a trabajar hace 10 años en esta película, uno de cuyos protagonistas es el tren conocido como “La Bestia”. “En 2003, viajé a Mazatlán, Sinaloa, para hacer un documental, y me hice amigo de un taxista que me invitó a vivir en su casa, que estaba al lado de las vías del tren. Todos los días veíamos a cientos de migrantes que se bajaban del tren y nos pedían agua, comida. Fue allí que empecé a recoger los testimonios a partir del cual construí el guión”.
Superhéroes
Lejos del concepto negativo que se le atribuye a los indocumentados, el cineasta vio en ellos hombres y mujeres que dejaban el alma por sus seres queridos. “Sentí que eran héroes, que sacrificaban su vida por sus familias, y me afectó profundamente su drama; la injusticia e impasibilidad global que los obligaba a dejar sus países, su familia. Me sentí con el deber de contar a otros esas historias”.
Estructurar la historia requirió de mucho trabajo, y muchos testimonios. Además, para que cada palabra tuviera un sentido natural trabajó con actores no profesionales. “Quería hacer algo cercano a la realidad pero darle estructura dramática de ficción. Batallé mucho tratando de conjugar la paradoja. Decidí concentrar los testimonios de los migrantes en unos niños”, señaló el cineasta, que buscó durante meses a sus actores en Guatemala y Chiapas, entrevistando a unos seis mil adolescentes. Lo más difícil fue hallar al chico que interpreta al indígena.
“Me sentía como un Quijote en las montañas de Chiapas. Porque casi todos tienen el pelo engominado y el celular pegado al oído”, dijo, señalando que Rodolfo, que intepreta a ''Chuak'', estaba descalzo, no hablaba español y conocía las danzas tzotziles.
Otra cara para los migrantes
Explicó que ha puesto en su filme lo que aprendió con Ken Loach, con quien trabajó como asistente de cámara en ''Tierra y libertad'', sobre la guerra civil en España, ''La canción de Carla'', situada en Nicaragua, y ''Pan y rosas'', sobre los migrantes latinos en California. “Es maestro, un mago. De él aprendí su método de hacer un trabajo comprometido con la realidad, aprendí que la cámara fuera como un testigo, un personaje más, aprendí a filmar en continuidad, a no usar grúas, a nunca poner la cámara donde no estaría un ser humano”.
“Aprendí a hacer un cine que tiene una función social, humana, espiritual, pero que no da doctrina. Esperamos estrenar en México, pero me parece que el gran desafío es Estados Unidos, para que el ciudadano promedio que vea la película jamás vuelva a ver de la misma manera a un migrante”.