Entretenimiento
Una noche de rock danés para Guadalajara
El grupo vuelve a la Perla Tapatía para ofrecer un sólido concierto lleno de adrenalina
GUADALAJARA, JALISCO (06/MAR/2011).- Luego de una primera visita en marzo de 2010, la banda oriunda de Dinamarca, Kashmir, regresó a la ciudad para regalarle a los tapatíos los temas más selectos de su carrera, misma que ya tiene recorridos 20 años sobre el escenario.
Su ingreso a la plataforma principal del Teatro Estudio Cavaret se dio en la mayor oscuridad, apenas interrumpida por luces de color naranja y un repentino alarido de júbilo. Y es que no era para menos, pues el regreso de Kashmir a la ciudad marcó la vuelta de uno de los grupos más laureados en el mundo del rock alternativo, además de ser los creadores de lo que ya es considerado como uno de los discos clásicos del género: Zitilites, lanzado en 2003 y multipremiado en el Viejo Continente.
Justo en este álbum, el mayor de su carrera, y Trespassers, el más reciente y del que surgió esta gira por Latinoamérica, se concentró la selección de 17 canciones que los tapatíos pudieron degustar la noche del viernes en el Cavaret, con una buena entrada que ovacionó la interpretación de Kasper Eistrup, líder de la banda y sus tres acompañantes.
El show se armó para no tener momentos “bajos”. Casi al inicio los integrantes de la banda interpretaron Melpomene, una de las melodías más esperadas, que se desprende de Zitilites.
En todo momento la atención se centró en Eistrup, el atormentado líder de la banda que hizo una conexión inmediata con el público reunido en el recinto de Periférico Norte y Parres Arias.
El poder de la nostalgia
Durante el desarrollo del concierto los integrantes de la banda saludaron en más de una ocasión al respetable; hablaron emocionados de lo cerca que están por cumplir 20 años juntos como banda (inicialmente se llamaron Nirvana), y hasta hubo una especie de disculpa por las fallas técnicas que se registraron durante su anterior visita en el año 2010, las mismas que alcanzaron a nublar (sólo un poco, dirán algunos) aquel primer encuentro con Guadalajara.
De sus más recientes composiciones fue Still boy una de las mejor recibidas; y hubo quien entre el público se arrodilló para tocar el suelo con la frente y extender los brazos hacia adelante en señal de reverencia, un detalle que muestra la devoción a veces curiosa que externan los fanáticos del grupo.
La noche terminó con un final bien merecido, The cynic, la que en estudio grabaron con David Bowie. Durante toda esta canción Eistrup hizo evidente en su rostro la satisfacción por el buen audio del que gozó en esta ocasión el concierto y la cálida recepción que obtuvieron los integrantes por parte del público tapatío.
Su ingreso a la plataforma principal del Teatro Estudio Cavaret se dio en la mayor oscuridad, apenas interrumpida por luces de color naranja y un repentino alarido de júbilo. Y es que no era para menos, pues el regreso de Kashmir a la ciudad marcó la vuelta de uno de los grupos más laureados en el mundo del rock alternativo, además de ser los creadores de lo que ya es considerado como uno de los discos clásicos del género: Zitilites, lanzado en 2003 y multipremiado en el Viejo Continente.
Justo en este álbum, el mayor de su carrera, y Trespassers, el más reciente y del que surgió esta gira por Latinoamérica, se concentró la selección de 17 canciones que los tapatíos pudieron degustar la noche del viernes en el Cavaret, con una buena entrada que ovacionó la interpretación de Kasper Eistrup, líder de la banda y sus tres acompañantes.
El show se armó para no tener momentos “bajos”. Casi al inicio los integrantes de la banda interpretaron Melpomene, una de las melodías más esperadas, que se desprende de Zitilites.
En todo momento la atención se centró en Eistrup, el atormentado líder de la banda que hizo una conexión inmediata con el público reunido en el recinto de Periférico Norte y Parres Arias.
El poder de la nostalgia
Durante el desarrollo del concierto los integrantes de la banda saludaron en más de una ocasión al respetable; hablaron emocionados de lo cerca que están por cumplir 20 años juntos como banda (inicialmente se llamaron Nirvana), y hasta hubo una especie de disculpa por las fallas técnicas que se registraron durante su anterior visita en el año 2010, las mismas que alcanzaron a nublar (sólo un poco, dirán algunos) aquel primer encuentro con Guadalajara.
De sus más recientes composiciones fue Still boy una de las mejor recibidas; y hubo quien entre el público se arrodilló para tocar el suelo con la frente y extender los brazos hacia adelante en señal de reverencia, un detalle que muestra la devoción a veces curiosa que externan los fanáticos del grupo.
La noche terminó con un final bien merecido, The cynic, la que en estudio grabaron con David Bowie. Durante toda esta canción Eistrup hizo evidente en su rostro la satisfacción por el buen audio del que gozó en esta ocasión el concierto y la cálida recepción que obtuvieron los integrantes por parte del público tapatío.