Internacional
Cruzan ''fuego'' ideológico, pero le apuestan a la paz
Los negociadores hacen patente sus diferencias, no se saludan, y pactan el encuentro en La Habana para el 15 de noviembre
HURDAL, NORUEGA (19/OCT/2012).- Los delegados colombianos se presentaron ante la prensa en un salón del hotel Hurdalsjoen de la localidad de Hurdal, a 75 kilómetros al norte de la capital noruega de Oslo. Para sorpresa de los presentes, todos se sentaron en silencio en una mesa —del lado derecho los negociadores del Gobierno y del izquierdo los de la guerrilla—, mientras un delegado cubano leía un comunicado conjunto sobre el inicio del diálogo.
Las delegaciones de ambas partes comparecieron juntas para la lectura del comunicado, en una señal clara de compromiso de diálogo, aunque no se estrecharon la mano y luego dieron ruedas de prensa separadas.
Y a pesar de sus diferencias, ambos bandos dijeron estar dispuestos a encontrar caminos para acabar con un conflicto armado de cinco décadas.
El inicio del cuarto intento de paz desde la primera negociación en los años ochenta entre las FARC y el Gobierno —ha habido otros pactos con distintas guerrillas en los últimos 50 años—, deja patente que son polos opuestos, pero que también hay voluntad para alcanzar acuerdos.
Desde los discursos, el de los rebeldes de que son la respuesta a la violencia del Estado y el del Gobierno destacando que en América Latina la izquierda ha encontrado espacio vía electoral, hasta la forma de encarar a la prensa, ambos bandos mostraron la enorme brecha que los separa.
Tras casi tres horas, entre discursos y dos ruedas de prensa separadas de los negociadores del Gobierno primero y los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) después, los delegados dijeron que regresarán de inmediato a Cuba y Bogotá, donde el 15 de noviembre se volverán a reunir.
La agenda de La Habana comenzará por el tema del desarrollo agrario integral.
El jefe de los negociadores oficial, el ex vicepresidente Humberto de la Calle, dio un discurso seguido de uno de 35 minutos de Iván Márquez, jefe negociador de las FARC.
En sus alocuciones quedaron aún más patentes las diferencias: mientras De la Calle resaltó que “muchas fuerzas de izquierda quieren deshacerse de la violencia” y que las FARC deben reconocer a sus víctimas, Márquez habló de “la violencia del Estado”, criticó a la inversión extranjera en Colombia y calificó a la política agraria del Gobierno de “retardataria y engañosa”.
El gobierno fue determinante: la agenda negociada entre las partes de forma secreta durante más de seis meses en Cuba y que divulgó púbicamente el 4 de septiembre no se cambiará y si no notan avances se suspenderán los contactos. “El gobierno ha dicho que no es rehén de este proceso”, dijo enérgico De la Calle.
También destacó que “las FARC tienen que darle la cara a su víctimas”.
Por lo pronto “dar la cara” para las FARC no incluye la posibilidad de ir a prisión.
Como uno de los seis miembros del “secretariado” o máxima jefatura de las FARC, Márquez fue interrogado sobre si estaban dispuestos a ir a prisión —algunos parientes y activistas han dicho que en algún momento del proceso debe haber un castigo para los responsables de delitos como el secuestro, entre otros—, a lo que el comandante insurgente replicó: “Cómo van a pretender que vayamos a la cárcel por un derecho” que los rebeldes aseguran tener de levantarse en armas.
Con información de AFP/AP
FRASES
"Esto es lo que han hecho estos secuestradores (FARC) toda la vida: maltratar al pueblo colombiano, calumniar y hacer la apología del delito "
Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia.
"Haría un gran aporte EU a la reconciliación de la familia colombiana facilitando la participación de Simón (Trinidad) de cuerpo presente en esta mesa "
Iván Márquez, guerrillero de las FARC.
ANÁLISIS
Una paz para después de la paz
Miguel Ángel Bastenier
Comienzan oficialmente las conversaciones para la paz en Colombia entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Pero sólo oficialmente, porque entre el 23 de febrero y el 26 de agosto pasados ya se negoció a fondo en La Habana, donde cabe que se acordara algo más que una mera agenda de trabajo. Pero puede ser mucho más arduo resolver los problemas que seguirían a un cese de hostilidades que el propio fin militar del conflicto. La hoja de la ruta para esa paz después de la paz comprende, además de acabar los combates, cuatro puntos. 1). Desarrollo rural. 2). Participación política de los antiguos insurrectos. 3). Combate al narcotráfico. Y 4). Reparación a las víctimas. Menos lo referente al narco, cuya solución escapa a las mejores intenciones de los negociadores, los puntos 1, 2 y 4 exigen un arreglo satisfactorio para ambas partes, si se quiere que una paz auténtica se instale en el país.
Las hostilidades podrían llegar a su fin, al menos temporalmente e incluso sin llegar a una declaración formal. Ello se debería a las grandes dificultades logísticas y económicas en que se debate la guerrilla y al acoso del Ejército que la ha obligado a retirarse a 10 áreas-base de remota localización.
Tanto Santos como el líder guerrillero, Rodrigo Londoño, “Timochenko”, parecen muy seguros de lo que negocian, como si el adiós a las armas estuviera ya medio hablado. Y cuando menos la reelección del presidente en 2014 puede darse por adquirida, puesto que bastaría que se anunciara en tiempo debido un acuerdo básicamente aceptable para el país.
¿Qué posibilidades existen de progreso en los restantes puntos de negociación? Si avanza la devolución de predios a los desplazados por la violencia de la guerrilla, paras, Ejército y narcos, estaríamos no ya ante una reforma, sino una verdadera revolución agraria; la reparación a las víctimas estaría muy ligada a lo anterior y haría falta muchísima plata, que no parece que vaya a faltar, para restañar heridas; las garantías de participación política a los alzados tienen malos antecedentes con la masacre de ex guerrilleros que quisieron hacer política encuadrados en la Unión Patriótica, y siempre chocaría con la oposición de un poderoso sector de la sociedad: el hipotético espectáculo de “Timochenko” con un escaño en el Congreso sería insoportable para muchos. El arma jurídica que maneja en último término el presidente para zanjar el problema es el artefacto de las ‘penas alternativas’, que de tan alternativas puede que no lleguen ni a penas, por muy horribles que hayan sido los crímenes cometidos. Y todo ello encontrará la oposición cerrada de lo que hoy se llama uribismo. El combate contra el narco, finalmente, habrá de quedar para otro siglo.
Las delegaciones de ambas partes comparecieron juntas para la lectura del comunicado, en una señal clara de compromiso de diálogo, aunque no se estrecharon la mano y luego dieron ruedas de prensa separadas.
Y a pesar de sus diferencias, ambos bandos dijeron estar dispuestos a encontrar caminos para acabar con un conflicto armado de cinco décadas.
El inicio del cuarto intento de paz desde la primera negociación en los años ochenta entre las FARC y el Gobierno —ha habido otros pactos con distintas guerrillas en los últimos 50 años—, deja patente que son polos opuestos, pero que también hay voluntad para alcanzar acuerdos.
Desde los discursos, el de los rebeldes de que son la respuesta a la violencia del Estado y el del Gobierno destacando que en América Latina la izquierda ha encontrado espacio vía electoral, hasta la forma de encarar a la prensa, ambos bandos mostraron la enorme brecha que los separa.
Tras casi tres horas, entre discursos y dos ruedas de prensa separadas de los negociadores del Gobierno primero y los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) después, los delegados dijeron que regresarán de inmediato a Cuba y Bogotá, donde el 15 de noviembre se volverán a reunir.
La agenda de La Habana comenzará por el tema del desarrollo agrario integral.
El jefe de los negociadores oficial, el ex vicepresidente Humberto de la Calle, dio un discurso seguido de uno de 35 minutos de Iván Márquez, jefe negociador de las FARC.
En sus alocuciones quedaron aún más patentes las diferencias: mientras De la Calle resaltó que “muchas fuerzas de izquierda quieren deshacerse de la violencia” y que las FARC deben reconocer a sus víctimas, Márquez habló de “la violencia del Estado”, criticó a la inversión extranjera en Colombia y calificó a la política agraria del Gobierno de “retardataria y engañosa”.
El gobierno fue determinante: la agenda negociada entre las partes de forma secreta durante más de seis meses en Cuba y que divulgó púbicamente el 4 de septiembre no se cambiará y si no notan avances se suspenderán los contactos. “El gobierno ha dicho que no es rehén de este proceso”, dijo enérgico De la Calle.
También destacó que “las FARC tienen que darle la cara a su víctimas”.
Por lo pronto “dar la cara” para las FARC no incluye la posibilidad de ir a prisión.
Como uno de los seis miembros del “secretariado” o máxima jefatura de las FARC, Márquez fue interrogado sobre si estaban dispuestos a ir a prisión —algunos parientes y activistas han dicho que en algún momento del proceso debe haber un castigo para los responsables de delitos como el secuestro, entre otros—, a lo que el comandante insurgente replicó: “Cómo van a pretender que vayamos a la cárcel por un derecho” que los rebeldes aseguran tener de levantarse en armas.
Con información de AFP/AP
FRASES
"Esto es lo que han hecho estos secuestradores (FARC) toda la vida: maltratar al pueblo colombiano, calumniar y hacer la apología del delito "
Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia.
"Haría un gran aporte EU a la reconciliación de la familia colombiana facilitando la participación de Simón (Trinidad) de cuerpo presente en esta mesa "
Iván Márquez, guerrillero de las FARC.
ANÁLISIS
Una paz para después de la paz
Miguel Ángel Bastenier
Comienzan oficialmente las conversaciones para la paz en Colombia entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Pero sólo oficialmente, porque entre el 23 de febrero y el 26 de agosto pasados ya se negoció a fondo en La Habana, donde cabe que se acordara algo más que una mera agenda de trabajo. Pero puede ser mucho más arduo resolver los problemas que seguirían a un cese de hostilidades que el propio fin militar del conflicto. La hoja de la ruta para esa paz después de la paz comprende, además de acabar los combates, cuatro puntos. 1). Desarrollo rural. 2). Participación política de los antiguos insurrectos. 3). Combate al narcotráfico. Y 4). Reparación a las víctimas. Menos lo referente al narco, cuya solución escapa a las mejores intenciones de los negociadores, los puntos 1, 2 y 4 exigen un arreglo satisfactorio para ambas partes, si se quiere que una paz auténtica se instale en el país.
Las hostilidades podrían llegar a su fin, al menos temporalmente e incluso sin llegar a una declaración formal. Ello se debería a las grandes dificultades logísticas y económicas en que se debate la guerrilla y al acoso del Ejército que la ha obligado a retirarse a 10 áreas-base de remota localización.
Tanto Santos como el líder guerrillero, Rodrigo Londoño, “Timochenko”, parecen muy seguros de lo que negocian, como si el adiós a las armas estuviera ya medio hablado. Y cuando menos la reelección del presidente en 2014 puede darse por adquirida, puesto que bastaría que se anunciara en tiempo debido un acuerdo básicamente aceptable para el país.
¿Qué posibilidades existen de progreso en los restantes puntos de negociación? Si avanza la devolución de predios a los desplazados por la violencia de la guerrilla, paras, Ejército y narcos, estaríamos no ya ante una reforma, sino una verdadera revolución agraria; la reparación a las víctimas estaría muy ligada a lo anterior y haría falta muchísima plata, que no parece que vaya a faltar, para restañar heridas; las garantías de participación política a los alzados tienen malos antecedentes con la masacre de ex guerrilleros que quisieron hacer política encuadrados en la Unión Patriótica, y siempre chocaría con la oposición de un poderoso sector de la sociedad: el hipotético espectáculo de “Timochenko” con un escaño en el Congreso sería insoportable para muchos. El arma jurídica que maneja en último término el presidente para zanjar el problema es el artefacto de las ‘penas alternativas’, que de tan alternativas puede que no lleguen ni a penas, por muy horribles que hayan sido los crímenes cometidos. Y todo ello encontrará la oposición cerrada de lo que hoy se llama uribismo. El combate contra el narco, finalmente, habrá de quedar para otro siglo.