Internacional

El flujo de refugiados, un reto para Alemania

Las autoridades deben hacer frente a los movimientos de ultraderecha

BERLÍN, ALEMANIA (22/NOV/2014).- El incremento del flujo de refugiados llegados a Alemania representa un reto para las autoridades que, además, deben hacer frente a los movimientos de ultraderecha que intentan sacar provecho del problema.

Una manifestación tuvo lugar en Marzahn, al este de Berlín, con cerca de quinientas personas que protestaron contra la creación de un nuevo centro de acogida para refugiados. Esta situación ha sido aprovechada por los neonazis para realizar propaganda.

Esa manifestación no es la primera ni será la última ante una situación de difícil gestión, ante todo para las autoridades municipales.

Entre enero y septiembre, se registraron en Alemania 136 mil 036 peticiones de asilo y se espera que al final de año se alcancen las 230 mil, cifra que duplicaría con creces la de 2013, cuando llegaron 109 mil 600 personas que solicitaron asilo.

En términos absolutos, Alemania es el país europeo que más refugiados y peticionarios de asilo recibe, aunque en proporción con la población del país, lo superan Suecia, Malta, Holanda y Chipre.

El ministro de Interior, Thomas de Maiziere, ha advertido, en declaraciones que publica mañana el diario ''Der Tagesspiegel'', que no es de esperar que las cifras bajen pronto.

''Tenemos cerca de 50 millones de refugiados en todo el mundo, la cifra más alta desde la II Guerra Mundial. Las cifras en Alemania tampoco bajarán a corto plazo. Tenemos que prepararnos para cifras altas de refugiados y peticionarios de asilo durante años'', dijo el ministro.

La situación es tal que los hogares de acogida no tienen más cabida, lo que lleva en ocasiones al hacinamiento y a que las ciudades alemanas se vean obligadas a buscar nuevos alojamientos, lo que a veces despierta resistencia por parte de los vecinos.

Según dijo el encargado de Asuntos Sociales del distrito de Neuköln, Bernd Szczepanski, en Berlín hay centros de acogida con capacidad declarada para cinco mil refugiados que actualmente alojan a 11 mil personas.

La situación es similar en casi todos los lugares de Alemania. En Múnich, por ejemplo, el alcalde Dieter Reiter dio la alarma al advertir que no podía seguir recibiendo refugiados en determinados hogares, porque eso implicaba crear una situación indigna e irresponsable.

Ante ello, se buscan nuevas alternativas, desde la compra de hoteles por parte de municipios como en Colonia (oeste) o en Bautze (este) hasta la creación de barrios de contenedores o remolques, como se ha decidido en Berlín.

Las autoridades municipales, que son las que a la postre tienen que encargarse de los refugiados y de su integración, buscan, cuando se ha tomado la decisión de crear un nuevo hogar de acogida, dialogar con los vecinos tratando de mitigar sus temores.

La ultraderecha, por su parte, intenta movilizar esos temores y presentar la llegada de refugiados como una especie de invasión que amenaza la identidad alemana.

En algunos lugares, los nazis tienen dificultades para ganar el apoyo de la población.

''Aquí en Neuköln tenemos pocos problemas. Naturalmente cuando creamos el último hogar de refugiados también hubo protestas y los neonazis estuvieron muy activos. Pero también hay grupos que defienden a los refugiados'', dijo Szczepanski.

''Así, a una manifestación a la que asistieron 20 neonazis se respondió con una contramanifestación de 200 defensores del derecho al asilo'', explicó.

Sin embargo, el caso de Neuköln, un barrio con gran cantidad de inmigrantes y con gran experiencia en problemas de integración, no es del todo representativo de lo que ocurre en otros rincones de Berlín y de Alemania.

No en todas partes las cosas funcionan tan bien, dentro de las dificultades innegables, como asegura Szczepanski que ocurre en su distrito. Así, por ejemplo, Marzahn, en el este de Berlín, representa un fuerte contraste con Neuköln.

La protesta en Marzahn contra los planes de crear un centro de acogida con remolques tuvo una buena respuesta por parte de los vecinos. Sin embargo, el doble de personas participaron en una contramanifestación.

Muchos temen que el pensamiento de ultraderecha se esté empezando a arraigar en esa zona de Berlín, que tiene ya de por sí muchos problemas sociales.

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